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Estuvo un año de intercambio en Portugal: “Fue enriquecedor en muchos sentidos”

Además de recibirse en la UAI y en la Universidad portuguesa de Río Mayor, Nicolás Marino trabajó de instructor de tenis y hasta formó parte del equipo de handball que llegó a las finales nacionales.

Nicolás Marino es Licenciado en Educación Física y Deportes de la UAI donde se recibió a fines del año pasado. Gracias al convenio con universidades extranjeras, también egresó de la Escuela de Deportes de Río Mayor (Rio Maior), en Portugal, donde pasó 13 meses entre 2018 y 2019. Logró así obtener dos licenciaturas en cinco años, y  Europa su experiencia trascendió la vida académica.  Allí trabajó de instructor de tenis y ayudó al equipo de handball de la Universidad a llegar a las finales nacionales.

- ¿Cómo surgió el intercambio a Portugal?

- En septiembre de 2017 más o menos. Horacio Brozzi nos comentó que como en Portugal el plan es de tres años sin tesis, y nosotros tenemos el régimen de cuatro con tesis, se podía integrar ambos para tener una doble licenciatura con el intercambio. Fue una propuesta excelente. Fue muy enriquecedor en muchos sentidos, no sólo en el académico sino también a nivel cultural.

- ¿Qué cosas te llamaron la atención en la primera impresión?

- Hay marcados muchos rasgos de la cultura latina que se repiten allá y te hace estar a gusto. La gente es muy agradable, muy amable a la hora de ayudarte. La diferencia que hay entre la capital, Lisboa y el resto del país. La Universidad estaba en un pueblo que tiene entre 9500 y 10500 habitantes. Cuando está activa la facultad sube ese número, pero nadie vive ahí, la mayoría son estudiantes que están durante la semana y después vuelven a sus ciudades. Es muy marcada la diferencia.

- ¿Cuándo se concretó?

- En octubre de 2018. En mi caso tuve permisos para ir un poco más tarde porque había entrado a los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires, en la parte de resultados relacionados al tenis.

- ¿Cómo era la universidad en Portugal?

- Un edificio muy grande con las instalaciones muy cercanas (comedor, gimnasio, biblioteca), por lo que todo lo tenía al alcance de la mano. Al mismo tiempo, ofrece un servicio en el cual uno puede elegir cualquiera de los deportes y practicarlos de manera gratuita sólo por ser alumno. En la mayoría, cuando uno lo practica como federado, después la universidad cubre el tema de los costos y viajes. En mi caso tuve la suerte de estar en el equipo de handball, y en mayo de 2019 llegó a la instancia final con 19 universidades del país.

- ¿Cómo fue esa experiencia en el handball?

- La universidad nunca había llegado a clasificar entra las mejores del país y el equipo que formamos el año pasado lo logró. Fue muy meritorio. Eran dos entrenamientos por semana y la universidad cubría el costo de los viajes, que fueron tres. Yo no llegué a entregar la revisación médica en la primera concentración, como le llaman ellos a las giras, yo podía ir a los torneos como acompañante y no pude jugar. En la final, la facultad hizo un recorte de la cantidad de jugadores y el equipo me decía que yo era el amuleto de la suerte. Entrenaba siempre pero no podía competir, pero igual juntaron rifas para que pudiera ir a la gira final. Me llenó muchísimo.

- ¿Qué diferencias viste con la Argentina?

- Algo que noté es que la misma universidad te ofrece la posibilidad de elegir la diferente licenciatura a la que apuntás. Es decir que podés elegir la en actividades físicas y estilos saludables, que fue la que elegí, tenés la de entrenamiento deportivo, fitness, vida en la naturaleza y campamentismo. Entonces, cursás algunas materias comunes como biomecánica, anatomía, pero después tenés ciertos horarios y materias específicas de tu licenciatura.

- ¿Cómo te arreglaste con el idioma?

- Empecé cinco meses antes a estudiar portugués con una profesora de San Pablo. Cuando llegué allá mi sorpresa fue muy grande porque el acento es muy diferente. El brasileño es como más cantado, abren más la boca para hablar y, por decirlo de alguna manera, el sonido es más agradable. En Portugal es mucho más cerrado, más formal y se escucha todo el tiempo una "s" final arrastrada que al principio cuesta mucho entender.

- ¿En cuántos meses empezaste a entenderte del todo?

- Me sumó mucho cuando empecé a tener muchas horas de universidad. Al principio agarraba un 60% de todo. Creo que me llevó dos meses agarrar el 90% de las cosas. Eso fue entenderlo, pero en sí hablarlo mejor me tomó mucho tiempo. Para cambiar el acento fueron como siete meses y hablarlo un poco mejor unos tres.

- ¿Más allá del idioma, qué fue lo que más te costó asimilar?

- Algún sistema de evaluación fue bastante duro al principio. Los exámenes múltiple choice son difíciles en el idioma de uno... imaginate en idioma extranjero. Cada cuatro respuestas mal te descuentan una que tenés bien, y así se me empezó a complicar. Saliendo del tema universitario, en lo que es el saludo ellos no se dan un beso como nosotros y sí con las mujeres se saludan con dos. Fueron detalles que tuve que acostumbrarme. El tema de cuán grande es la diferencia de vivir en Lisboa y en un pueblo tan chico como Río Mayor, donde estaba la universidad. Tenés que bajar mucho los decibeles y yo estaba acostumbrado a cómo vivimos acá. Tuve que frenarme un montón.

- ¿La Universidad te abrió puertas laborales?

- Había un club de tenis muy cerca, a tres cuadras, y la universidad me dio la posibilidad, como sabían que trabajaba de eso, de hacer los "estágios" (prácticas) docentes en el club. En general, los alumnos son jóvenes entre 18 y 21 años que nunca trabajaron y entonces los estágios no son remunerados. En mi caso, como yo era más grande y había trabajado en academias de tenis, llegué al acuerdo que esas horas fueran remunedadas. Me pagaban los almuerzos y cenas en el centro de alto rendimiento de la ciudad, donde la comida era de una calidad muy alta, como si acá comieses. en el Cenard (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo).