El turismo se reacomodará frente a la pandemia y saldrá fortificado

Elisa Beltritti*

Algunas ideas se repiten en estos días de pandemia y nos llevan a reflexionar sobre incertidumbre, cambios, desafíos y escenarios variables. Y muchos de estos asuntos se refieren al Turismo como una actividad absolutamente intimada por esta situación extraordinaria. Los agoreros vaticinan mutaciones radicales en las formas que adoptarán las prácticas del turismo en los próximos tiempos como única posibilidad para su supervivencia.

La cuestión es la alta participación que la actividad turística tiene en la economía de los países, reflejando cifras de crecimiento global realmente impresionantes y, como ocurre con otras actividades económicas, parece haber desaparecido en la primera parte del año, y la posibilidad de recuperación a corto plazo se siente como una quimera cuando viajar es una de las cosas que, aunque temporalmente, hemos tenido que suspender. Y si algo extrañamos… ¡¡extrañamos viajar!!

El hemisferio norte, que fue el primero en lidiar con el COVID-19, se prepara para la temporada alta de verano, uno de los momentos del año de mayor movimiento de personas. Mientras que en el sur la experiencia sanitaria del norte parecería tener mejores resultados, y se espera que se refleje también en otras decisiones sobre las actividades económicas como el turismo.

Hasta ahora, uno de los aspectos que vienen  caracterizando  a la enfermedad se ve en sostener el aislamiento social como la mejor herramienta. Pensando exclusivamente en la práctica  del turismo que concentra personas en aviones, trenes, cruceros, terminales de transporte, hoteles, restaurantes, playas, museos, mercados, etc., este requisito parecería el tiro de gracia para eliminarlo del escenario.

Pero la misma característica que parece su desagracia es la razón de su supervivencia: las personas que viajan.

El Turismo se ha convertido en algo necesario para la sociedad contemporánea por muchas razones. Algunas vinculadas a la agobiante vida de las grandes ciudades, otras a la curiosidad natural del ser humano, otras se refieren a hedonismo o efecto demostración. En fin, más allá de los motivos que impulsan a las personas a viajar, lo cierto es que permanecerán vigentes porque son propias de la condición humana.

Ya se han elaborado bastantes hipótesis post pandemia sobre los nuevos hábitos de consumo, que nada será igual, que el miedo paraliza, y tantos otros argumentos en el mismo sentido.

La reflexión para encontrar las soluciones adecuadas implicará identificar las escalas de participación que las personas podrán ir teniendo, incorporándose paulatinamente a la práctica turística. Esa misma gradualidad es la que irá reactivando la actividad económica.

En Argentina, los actores centrales del sector turístico, tanto público como privado, han reaccionado rápidamente encarando una serie de acciones tendientes a generar soluciones corto, mediano y largo plazo, que puedan adaptarse a la propia evolución de la salida del confinamiento.

Algunas propuestas  mencionan ayudas económicas y fiscales para paliar los apurones del súbito parate inicial. También se habla de una primera etapa con sólo viajes domésticos, inicialmente de corta distancia, para ir ampliando su radio de manera paulatina.

Las asociaciones de hoteles, como la AHT, ya plantearon una serie de procedimientos, aplicables al personal y a los pasajeros, tendientes a garantizar mayor seguridad e higiene. Similares iniciativas están encarando las líneas aéreas pensando en que a la hora de recuperar los cielos deberán asegurar mayor distanciamiento entre sus pasajeros.

Esta mega transición se inserta en la otra ya iniciada, la del desarrollo del turismo sostenible con requerimientos de menor masificación, con experiencias más vinculadas al entorno natural y los pobladores locales, y buscando límites aceptables  a la frecuentación.

La Academia resulta en este momento el tercer actor central al momento de pensar soluciones, convocado por los otros dos actores, el sector público y el sector privado.

Sin ninguna duda, la situación extraordinaria generará decisiones extraordinarias. Será necesario tener paciencia y pensar con cuidado como se escalonarán las medidas y como se medirán los resultados y aunque parecería lo contrario, el Turismo saldrá fortificado modificando sus procedimientos y valorizando su propia esencia y capacidad de resurgimiento.

* Elisa Beltritti es Decana de la Facultad de Turismo y Hospitalidad de la Universidad Abierta Interamericana (UAI).