• Publicado en: 2026

Un graduado de la UAI al frente de Arcos Dorados en el país

Con más de 30 años de trayectoria en Arcos Dorados, Diego Paniagua egresado de la Universidad Abierta Interamericana, construyó una carrera que refleja crecimiento sostenido, conocimiento profundo del negocio y una fuerte vocación por el liderazgo basado en las personas. Hoy, como Director General para Argentina, asume el desafío de conducir la operación local con una mirada estratégica, pero siempre conectada con la realidad diaria de los restaurantes.

Su historia profesional comenzó en 1993, cuando ingresó a la compañía en posiciones operativas. Desde entonces, fue atravesando distintas etapas y responsabilidades, tanto en el mercado local como en otros países de la región. “Mi trayectoria está muy ligada a Arcos Dorados: ingresé en 1993 y fui creciendo desde posiciones operativas hasta roles de liderazgo en el mercado local y regional”, recuerda. Ese recorrido le permitió conocer el negocio desde adentro, entender cómo funciona un restaurante en el día a día y desarrollar, con el tiempo, una visión integral de la organización.

Para él, haber pasado por distintos mercados fue determinante. No solo amplió su perspectiva, sino que fortaleció su capacidad de adaptación. “Liderar equipos en países con realidades culturales, económicas y operativas distintas te enseña a escuchar más, a adaptar estilos y a entender que no hay soluciones únicas”, explica. Esa flexibilidad —aprendida en contextos diversos— es hoy uno de los pilares de su gestión. Volver a la Argentina en este rol, asegura, representa “un orgullo enorme y también una gran responsabilidad”.

Su formación académica también ocupa un lugar central en su recorrido. Graduado como Licenciado en Ingeniería Comercial por la UAI, y con un diplomado y un MBA que completaron su preparación, destaca el impacto que la universidad tuvo en su desarrollo profesional. “La UAI fue una base muy importante para mi formación. Me dio herramientas analíticas, una mirada estructurada de los negocios y, sobre todo, la capacidad de pensar de forma integral”, sostiene. Esa base teórica, combinada con la experiencia práctica y el intercambio constante con colegas, fue clave para consolidar un liderazgo más consciente y orientado a la toma de decisiones estratégicas.

Desde su rol actual, pone el foco en fortalecer la cultura organizacional y la excelencia operativa. Considera que ambas dimensiones están profundamente conectadas y que no pueden sostenerse sin coherencia y cercanía. “La cultura se construye en el día a día, con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace”, afirma. Por eso, impulsa estándares claros, programas de capacitación continua y espacios de escucha activa, convencido de que la excelencia no es solo un objetivo de negocio, sino una disciplina sostenida por procesos, entrenamiento y compromiso.

En este sentido, subraya la importancia del desarrollo del talento interno, especialmente en una compañía que es el principal empleador joven del país. Más que buscar perfiles con extensos antecedentes, la organización apuesta por personas con actitud y ganas de crecer. Según explica, hoy se valoran especialmente la adaptabilidad, el trabajo en equipo y la actitud de aprendizaje constante. La cultura que promueve apunta a ofrecer oportunidades reales de formación, acompañamiento y superación, respetando los tiempos de cada colaborador.

El contexto argentino, dinámico y desafiante, exige una conducción atenta y ágil. Para Paniagua, el desafío principal es mantener la propuesta de valor sin perder eficiencia ni calidad. “Argentina es un mercado con cambios constantes en el contexto económico. El desafío es seguir siendo accesibles y relevantes para los clientes”, señala. En ese marco, destaca la importancia del control de costos, la innovación y una operación sólida que permita adaptarse rápidamente sin resignar la experiencia.

La experiencia del cliente ocupa un lugar central en su visión estratégica. Entiende que se construye desde múltiples dimensiones: la calidad del producto, la rapidez del servicio, la atención y también la tecnología. Las innovaciones digitales y los nuevos formatos de atención son herramientas fundamentales, aunque —como aclara— siempre deben estar al servicio de algo esencial: que el cliente se sienta bienvenido y vuelva a elegir la marca.

En términos de competitividad, insiste en la necesidad de foco y disciplina. La escucha activa del consumidor es, a su juicio, un elemento indispensable para definir prioridades e inversiones. Sin equipos preparados y comprometidos, advierte, ninguna estrategia es sostenible. Por eso, el desarrollo de líderes que comprendan el negocio en profundidad es parte central de su gestión. Cuando las personas están formadas y alineadas con los objetivos, la organización responde mejor a cualquier contexto.

Convencido del valor de la formación integral, el graduado de la UAI sostiene que la educación formal y la experiencia práctica deben complementarse. En sectores como el de servicios rápidos, la operación diaria funciona como una verdadera escuela: enseña disciplina, trabajo en equipo y liderazgo desde la acción. La combinación de ambos mundos —el académico y el profesional— es, para él, el camino hacia perfiles más completos.

A quienes están comenzando su carrera y aspiran a posiciones de liderazgo, les ofrece un consejo claro: “Tengan paciencia, curiosidad y humildad. Aprovechen cada experiencia y nunca pierdan de vista la importancia de las personas”. Porque, en definitiva, el liderazgo no se define por el cargo que se ocupa, sino por el impacto que se genera en los demás. “Liderar no es llegar a un puesto. Es construir confianza, trabajar con objetivos claros y mantenerse en aprendizaje constante”.