“El caracol me identifica mucho porque lleva su casa a cuestas”
En un pequeño pueblo catalán, Flavia Brito Leiva, diseñadora gráfica graduada en la Sede Rosario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), ha construido una vida que combina raíces argentinas con proyectos culturales internacionales. “El caracol me identifica mucho porque lleva su casa a cuestas”, reflexiona con serenidad. Esa imagen, que la acompaña desde la infancia, se convirtió en el símbolo de su identidad y en el logo de todos sus emprendimientos.
Cursó sus estudios gracias a una beca de la Fundación La Capital, Flavia recuerda aquella época: “Fue fundamental. Más allá del apoyo económico, significó un voto de confianza muy importante en un momento clave”. Esa oportunidad le permitió recibirse y, poco después, cruzar el Atlántico para iniciar una nueva vida en España.

“De la UAI guardo recuerdos muy lindos, los profesores que tuve fueron excelentes y sobre todo de qué fue una etapa de descubrimiento personal y creativo. Fue un momento en el que empecé a entender que el diseño no era solo algo estético, sino una herramienta para comunicar, conectar y generar impacto. Aprendí a pensar ideas, a defenderlas y a trabajar con otros, algo que hoy es clave en todo lo que hago”, confiesa.
Un camino lejos de casa
Su llegada a Europa fue “una mezcla de amor y búsqueda de nuevas oportunidades”, señala. El periplo español también estuvo marcado por la ilusión y el desarraigo. “El proceso de adaptación tuvo sus desafíos, sobre todo los primeros años: empezar de cero, hacerse un lugar, entender otra cultura laboral”, cuenta.
Sin embargo, también lo vivió como una experiencia enriquecedora que le permitió crecer profesional y personalmente. Reus (municipio catalán) fue su primera parada, y allí comenzó a percibir las necesidades emocionales de quienes emigran. Poco después, se instaló en Móra d’Ebre, un pueblo de apenas cinco mil habitantes, donde encontró estabilidad junto a su pareja catalana y sus dos hijos.
Desde chica, Flavia dibujaba “el caracolito de la suerte” para firmar cartas y desear lo mejor a sus destinatarios. Con el tiempo, lo rediseñó y lo convirtió en el logo que representa todos sus proyectos. “Para mí el caracol significa que, más allá de dónde esté, mi identidad viaja conmigo. Mis costumbres, mi forma de ver el mundo, mis raíces… todo eso lo llevo siempre. Y en mi trabajo se refleja en esa necesidad de conectar con lo propio y compartirlo con otros, incluso estando lejos. También significa crecimiento paso a paso, paciencia, constancia y un hogar en movimiento. Porque los migrantes llevamos nuestras raíces allá donde vamos”, explica. Esa espiral creativa, dice, refleja la expansión de las ideas.

La llegada de Elián y Ariadna, sus hijos catalanes, fue un impulso para su producción editorial. Inspirada por ellos, editó libros como “Sant Jordi, rimas y doodle para pintar” y “Tío de Nada para pintar y colorear”. Pero el proyecto que más la conecta con sus raíces es “Costumbres argentinas” en tierras lejanas. “Este libro nació desde un lugar muy personal. Lo creé pensando en dejarle a mis hijos una parte de lo que soy”, confiesa. La obra combina humor, reflexiones y actividades para que cada lector pueda plasmar sus propias experiencias migratorias: “Me gusta pensar que el día de mañana ellos lo van a leer y van a poder conocer esa faceta argentina mía que quizás viviendo acá no se ve al 100%”.
El libro, además, se convirtió en un ámbito de encuentro para otros argentinos en el mundo. “Muchos lo viven como un espacio para soltarse, desahogarse, reencontrarse y hasta reírse”, relata. Incluso personas no argentinas lo compraron para regalárselo a amigos emigrados, lo que le resultó muy significativo.
Costumbres argentinas
De ese impulso nació también el “Mapa de costumbres argentinas en el mundo”, un directorio colaborativo que reúne bares, restaurantes, academias de tango, minimarkets latinos y parrillas argentinas en distintas ciudades. “Tiene todo lo relacionado con nuestras costumbres argentinas ya sea de emprendedores argentinos o no. Hay más de 700 ubicaciones y sigue creciendo día a día gracias al aporte de todos”, valora. La iniciativa busca conectar y visibilizar a quienes mantienen vivas las tradiciones lejos del país.
El proyecto, explica, surgió de una necesidad personal: “Cuando llegué a España lo necesité, y cuando me mudé a este pueblito lo volví a necesitar. Entonces empecé marcando lugares que yo conocía y compartiéndolos en redes y grupos de argentinos. La respuesta fue inmediata”.

Flavia reconoce que la creatividad es su herramienta para reinterpretar la identidad en contextos migrantes. “No se trata de replicar exactamente lo que éramos, sino de adaptarlo, mezclarlo y crear algo nuevo sin perder la esencia”, sostiene. Por eso, su trabajo no solo es gráfico: es también cultural y comunitario. “El objetivo principal es conectar, visibilizar y generar comunidad. El impacto lo veo en la participación, en los mensajes que recibo y en las conexiones reales que se generan gracias al mapa”, sentencia.
Las redes sociales (@flavia.bl.creativa), asegura, son fundamentales para mantener el vínculo con la ciudad de origen. “Permiten acortar distancias, mantener el contacto y también crear nuevas comunidades. Son una herramienta clave para sostener la identidad”, afirma.
Proyectos y sueños
Consciente de la responsabilidad que implica difundir la cultura argentina en el exterior, Flavia proyecta seguir ampliando la red. Sueña con consolidar el directorio a nivel global, un verdadero “Directorio Mundial Argentino”, monetizar el trabajo y viajar para documentar historias de argentinos en el mundo. “Me gustaría poder vivir de esta red que estoy construyendo. Quiero que sea una red viva, donde haya visibilidad, conexión y oportunidades reales de networking”, confiesa.

Representar y difundir la cultura argentina en el exterior es para Flavia, una forma de mantenerme conectada con sus raíces y, al mismo tiempo, compartirlas con el mundo. “Lo hago con mucho orgullo y también con mucha responsabilidad”, revela y recomienda: “Para quienes sueñan con emigrar o desarrollar proyectos culturales que se animen, pero con conciencia. Está bueno no esperar a que todo sea perfecto, pero también es importante informarse y prepararse. Y, sobre todo, que valoren lo propio, porque ahí hay mucho potencial”.


