Del aula al congreso: escribir para aprender, escribir para dialogar con la IA
La experiencia que hoy presenta Iván Kitay en congresos académicos. Comenzó con una pregunta muy distinta a las que suelen asociarse con la inteligencia artificial. Como docente de Problemática del Mundo Actual en las carreras de la Facultad de Ciencias Económicas, su preocupación inicial estaba puesta en hacer más transparentes los criterios con los que se evaluaban las producciones estudiantiles.
"En 2024 el desafío era hacer explícitos los criterios de desempeño con los que se valoran los trabajos de los estudiantes, en línea con el modelo por competencias de la Universidad", explica Kitay. Con ese objetivo incorporó una rúbrica de cinco criterios, instancias de coevaluación de portafolios entre grupos y un ensayo individual de autoevaluación.
Aquella primera experiencia permitió fortalecer los procesos de evaluación, pero también dejó al descubierto un fenómeno emergente. "Los estudiantes utilizaban herramientas de inteligencia artificial con bastante naturalidad, pero no siempre sabían cómo pedirles algo de manera estratégica", señala. El problema no parecía estar tanto en el acceso a la tecnología como en la capacidad para orientarla de manera efectiva.

A partir de esa observación, la propuesta comenzó a evolucionar. Durante 2025 se incorporó una guía para la formulación de prompts y una actividad específica en la que los grupos debían solicitar a la IA que revisara sus trabajos sin reescribirlos. La intención era que la herramienta funcionara como un apoyo para la reflexión y la revisión, no como un reemplazo de la producción propia.
Sin abandonar esa línea de trabajo, en 2026 la experiencia volvió a ampliarse. Esta vez, el foco estuvo puesto en una dificultad frecuente en las producciones académicas: la capacidad de relacionar conceptos, autores y evidencias para construir argumentos sólidos. Para abordarla, Kitay diseñó una clase sobre géneros académicos con un taller de reescritura y desarrolló además un bot tutor, Redacta.UAI, construido a partir de los mismos criterios de escritura y evaluación trabajados en la materia.
Lo que distingue a este recorrido es que ninguna de las iniciativas sustituyó a las anteriores. Por el contrario, cada nueva incorporación se apoyó sobre los aprendizajes logrados en las etapas previas. "Cada paso se construyó sobre el anterior, sin reemplazarlo", resume el docente. Esa continuidad permitió que una práctica orientada inicialmente a la evaluación formativa se transformara progresivamente en una reflexión más amplia sobre la enseñanza de la escritura en tiempos de inteligencia artificial generativa.


Ese recorrido, reconocido previamente en el Concurso de Buenas Prácticas de la Universidad, encontró una nueva instancia de proyección académica en el 1er Congreso de la Facultad de Ciencias Económicas de la UAI, titulado "Hacia una Nueva Arquitectura Económica: Producción, Tecnología y Capital Humano". El encuentro, desarrollado en modalidad virtual el 7 de octubre de 2026, reunió a más de 300 asistentes simultáneos y constituyó un espacio de intercambio interdisciplinario sobre los desafíos que plantean las transformaciones tecnológicas para la educación y el mundo profesional.
La ponencia de Kitay formó parte del Eje 4: "El Capital Humano en la Era de la Flexibilidad", donde especialistas de distintas universidades debatieron cómo la inteligencia artificial y la automatización están redefiniendo el perfil profesional que demandan las organizaciones. En ese marco, se analizaron cuestiones vinculadas con el juicio crítico, la escritura, las competencias socioemocionales, las microcredenciales, la mentoría y la capacidad de transferir aprendizajes a nuevos contextos.
La reflexión presentada por el docente de la UAI dialoga directamente con esos interrogantes. De hecho, la hipótesis central de su trabajo es que los criterios que se enseñan para escribir y revisar textos académicos son, en buena medida, los mismos que se necesitan para trabajar de manera crítica y eficaz con sistemas de IA. "Cuando una persona aprende a escribir también aprende a definir qué busca, con qué criterios va a evaluar un resultado y cómo juzgar la calidad de una respuesta. Son capacidades que pueden trasladarse al trabajo con herramientas generativas", sostiene.
La experiencia busca además inscribirse en el marco institucional que impulsa la Universidad Abierta Interamericana, centrado en la construcción de aprendizajes transferibles, la definición previa y explícita de criterios de desempeño, la evaluación de procesos y no solamente de productos, y el desarrollo de competencias orientadas a la empleabilidad y al crecimiento profesional de los estudiantes.
Desde esta perspectiva, la expansión de la inteligencia artificial no reduce la importancia de la escritura académica. Más bien ocurre lo contrario. "La automatización no es un argumento para enseñar menos escritura", afirma Kitay. "Escribir sigue siendo una forma de pensar, y mucho de lo que se aprende en ese proceso puede aplicarse también al diálogo con sistemas generativos".
Sin embargo, el propio docente reconoce que la discusión permanece abierta. ¿Alcanza con enseñar a escribir para formar esas capacidades? Es una pregunta que atraviesa su trabajo y que pone en diálogo con investigaciones sobre alfabetización académica, evaluación formativa y transferencia de aprendizajes. Más que ofrecer una respuesta definitiva, la experiencia aporta un caso concreto para pensar cómo ciertas competencias desarrolladas en la escritura pueden proyectarse hacia nuevos escenarios de aprendizaje mediados por tecnologías de IA.

La participación en el Congreso constituye, precisamente, una oportunidad para ampliar esa conversación y compartir una práctica nacida en el aula que fue creciendo con cada nueva implementación. Además, siguiendo una tradición habitual de las actividades académicas de la Facultad, el evento fue transmitido en vivo a través de YouTube y quedó disponible para su consulta posterior bajo demanda, permitiendo que las ponencias y debates continúen generando intercambio más allá de la jornada del encuentro.
De este modo, una iniciativa surgida para fortalecer la evaluación y la escritura académica terminó convirtiéndose en una experiencia que invita a reflexionar sobre uno de los desafíos más relevantes de la educación superior contemporánea: cómo formar profesionales capaces no solo de utilizar nuevas tecnologías, sino también de pensar críticamente con ellas y sobre ellas.


