De la vocación a la profesión: una transformación en la manera de enseñar
Por Luis Cinara*
Durante muchos años me definí como un docente con vocación. Enseñaba porque me gustaba, porque disfrutaba explicar, acompañar a los estudiantes y verlos progresar. Como muchos docentes universitarios, había realizado algunos cursos de formación pedagógica, pero mi identidad profesional estaba construida, sobre todo, desde mi disciplina de origen. La docencia era algo que se hacía con compromiso y buena voluntad, más que con un marco teórico y metodológico explícito.
La Especialización en Docencia Universitaria de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) significó un punto de inflexión en esa forma de entender la enseñanza. A lo largo del cursado, fui descubriendo que enseñar en la universidad no es solo transmitir conocimientos, sino diseñar experiencias de aprendizaje, construir sentidos compartidos y asumir la evaluación como una herramienta pedagógica, y no solo como un mecanismo de acreditación.
Uno de los cambios más profundos fue empezar a mirar mis propias prácticas con otros ojos. Lo que antes parecía “natural” —la clase expositiva, la idea del estudiante ideal— comenzó a ser interrogado a la luz de conceptos como la heterogeneidad de estudiantes y docentes, el aprendizaje situado, la evaluación formativa y la reflexión sobre la práctica. Comprendí que detrás de cada dificultad de los estudiantes hay trayectorias, contextos y modos de aprender que la enseñanza universitaria debe saber leer y acompañar.
El trabajo final de la especialización, centrado en la enseñanza de la Física Biológica en una facultad de Medicina, me permitió integrar esa reflexión teórica con la realidad concreta del aula. No solo me ayudó a analizar lo que sucede cuando se enseña una disciplina, sino que también aprendí a pensar cómo podría enseñarse mejor. Diseñar una propuesta de intervención fue, en ese sentido, una forma de pasar del diagnóstico a la responsabilidad pedagógica.
Hoy no dejo de sentir que la docencia es una vocación, pero ya no la concibo solamente como algo espontáneo o intuitivo. Es una profesión que se aprende, se revisa y se mejora. La formación recibida en la UAI me permitió transformar el modo en que pienso mi rol como docente universitario: ya no solo como alguien que “sabe mucho” de una disciplina, sino como alguien que crea las condiciones para que otros puedan aprender.
*Especialista en Docencia Universitaria de la UAI - Sede Rosario. Médico Hematólogo. Docente de la Facultad de Medicina – UNR.


