Arquitectura para mirar lo invisible: un proyecto de la UAI explora los espacios de cuidado, infancia y aprendizaje
A través de un proyecto de extensión junto a Mita’i – Centro Integral de Desarrollo Infantil, estudiantes de Arquitectura, Psicología y Psicopedagogía investigan cómo los espacios intermedios de una institución de salud pueden generar experiencias de aprendizaje, juego, autonomía y encuentro. La propuesta parte de una idea: entender la arquitectura no solo como una intervención física, sino como un lenguaje capaz de mediar las relaciones entre las personas y el entorno.
¿Qué sucede en una sala de espera mientras una familia aguarda una consulta? ¿Qué aprende un niño mientras recorre un pasillo, observa un objeto, juega o decide dónde detenerse? ¿Qué relaciones aparecen entre quienes transitan cotidianamente una institución de salud? Estas preguntas forman parte de un proyecto de extensión de la Universidad Abierta Interamericana que propone ampliar la mirada sobre la arquitectura y detenerse en aquellas experiencias que muchas veces quedan fuera de los planos y de los usos previstos. La coordinación está a cargo del Arq. Lautaro Ballerini, quien viene desarrollando desde hace años una línea de trabajo que vincula arquitectura, educación, infancia y salud.
“La arquitectura puede ser mucho más que la producción o transformación física de una pieza terminada: puede constituirse como un lenguaje de expresión y un dispositivo de mediación”, explica Ballerini. Desde esa perspectiva, el proyecto no comienza preguntándose qué intervención arquitectónica realizar, sino qué es necesario aprender a observar.
El recorrido que dio origen a la propuesta comenzó varios años atrás. Durante su formación de grado, Ballerini tuvo experiencias vinculadas al ámbito de la salud y, a partir de 2018, profundizó su trabajo sobre arquitectura, educación e infancia mediante OBDULIO, un proyecto de talleres experimentales de arquitectura, juego y exploración espacial para las infancias.
Posteriormente, su formación docente en la UAI lo acercó a campos como la psicopedagogía y la psicología, particularmente a las teorías relacionadas con el aprendizaje, el juego y el desarrollo infantil. En 2023 inició la Especialización en Arquitectura Educativa de la FADU de la Universidad Nacional del Litoral, donde actualmente desarrolla su Trabajo Final Integrador, “Diseñar lo invisible”, centrado en los espacios intermedios de jardines de infantes que funcionan en antiguas viviendas y en las relaciones entre arquitectura, ergonomía, infancia y educación.
Ese recorrido confluyó en el proyecto de extensión de la UAI, que permite poner en diálogo distintas disciplinas y trasladar esas preguntas a un contexto concreto: “No comenzamos preguntándonos qué intervención arquitectónica queríamos realizar, sino qué necesitábamos aprender a mirar”, señala Ballerini.
La propuesta plantea entonces observar cómo las infancias habitan los espacios, qué relaciones construyen con los objetos y con el entorno y de qué manera la arquitectura puede contribuir a hacer visibles o activar experiencias de aprendizaje, juego, encuentro y cuidado.
La metodología contempla distintas etapas: descubrir una nueva mirada, observar y registrar, interpretar, imaginar, experimentar y finalmente compartir. A partir del trabajo de campo se construirán tres informes interdisciplinarios que servirán como punto de partida para imaginar y experimentar posibles intervenciones junto a Mita’i. El proceso culminará con una devolución a la institución, un ateneo y una publicación.
Trabajar junto a Mita’i permite trasladar estas preguntas a una institución dedicada al acompañamiento y cuidado de las infancias. En particular, la experiencia se desarrolla en una de sus sedes de Neurodesarrollo, orientada principalmente a niñas y niños dentro del espectro autista.
Para Ballerini, esta elección permite comprender que la experiencia del cuidado excede ampliamente el momento puntual de una consulta o terapia: “Los niños llegan acompañados por sus familias y alrededor de la consulta comienza a construirse una experiencia mucho más amplia. Está el llegar, atravesar un umbral, abrir una puerta, recorrer un pasillo, reconocer un lugar, encontrarse con otros, esperar, jugar y finalmente ingresar al consultorio. Todo aquello que sucede antes, durante y alrededor de la terapia o consulta también forma parte de la experiencia del cuidado”, explica.
De allí surge uno de los conceptos centrales del proyecto: el “consultorio expandido”. La idea no apunta a ampliar físicamente el consultorio, sino a extender la mirada sobre todo aquello que forma parte de la experiencia de quienes llegan a la institución. Una consulta no empieza necesariamente cuando se abre una puerta ni termina cuando se vuelve a atravesar el mismo umbral: “Cuando hablamos de ‘consultorio expandido’ no nos referimos a ampliar físicamente el consultorio, sino a expandir la manera en que comprendemos la experiencia del cuidado”, sostiene.
Llegar, entrar, recorrer, esperar, encontrarse, jugar, ingresar al consultorio y volver a salir forman parte de una misma secuencia en la que el cuerpo está permanentemente en relación con el espacio: “El consultorio expandido no es necesariamente un nuevo espacio que debamos construir. Es, ante todo, una nueva manera de mirar aquello que ya existe y preguntarnos qué posibilidades de cuidado, aprendizaje, encuentro y autonomía pueden aparecer más allá de los límites físicos del consultorio”, agrega.
El proyecto pone especial atención en lugares que muchas veces parecen secundarios desde una perspectiva funcional: salas de espera, pasillos, accesos y espacios de circulación. Pero precisamente allí pueden producirse situaciones que no estaban previstas en el programa arquitectónico. Una persona espera, otra observa; un niño juega; alguien decide acercarse o alejarse; una familia reconoce un recorrido; dos personas se encuentran: “Una sala de espera no es solamente un lugar donde esperar, así como un pasillo no es únicamente un espacio para circular”, plantea Ballerini.
Esos espacios permiten observar aquello que el coordinador define como “intersticios del habitar”: momentos y lugares en los que el uso previsto y la experiencia cotidiana se encuentran, se desbordan o se transforman: “Nos interesa especialmente ese entre: entre lo programado y lo imprevisto, entre el espacio pensado y el espacio vivido, entre una acción y otra. Es allí donde muchas veces aparecen experiencias de autonomía, encuentro, aprendizaje y cuidado que no habían sido necesariamente proyectadas”, explica.
La observación, entonces, deja de concentrarse únicamente en dónde están las personas para comenzar a preguntarse qué relaciones construyen mientras habitan un espacio.
Es precisamente en esos vínculos cotidianos donde aparece otro de los conceptos centrales del proyecto: los “aprendizajes invisibles”.
Se trata de aprendizajes que ocurren sin haber sido necesariamente planificados, reglados o reconocidos como tales. Un niño puede aprender mientras explora un lugar, reconoce un recorrido, decide acercarse o alejarse, espera, juega, observa a otros o descubre nuevas posibilidades en un espacio: “Lo invisible no significa que esté oculto; muchas veces está sucediendo frente a nosotros. Lo difícil es aprender a reconocerlo”, explica Ballerini.
Desde esta mirada, el espacio deja de ser entendido únicamente como el escenario donde ocurren determinadas acciones. También puede generar condiciones para explorar, elegir, encontrarse, moverse, detenerse, jugar o descubrir: “El espacio no es solamente el escenario donde las cosas suceden: puede ofrecer condiciones para explorar, elegir, encontrarse, moverse, detenerse, jugar o descubrir”, sostiene.
La investigación busca justamente comprender de qué manera la arquitectura participa de esos procesos y cómo pequeñas experiencias cotidianas pueden formar parte del aprendizaje, la autonomía y el cuidado.
Uno de los desplazamientos que propone el proyecto consiste en dejar de observar un espacio solamente a partir de su función prevista. Una sala puede haber sido diseñada para esperar y un pasillo para circular, pero la experiencia de quienes los habitan puede ser mucho más amplia: “La función nos habla de aquello que fue previsto: una sala para esperar, un pasillo para circular, un consultorio para desarrollar una terapia. La experiencia, en cambio, nos muestra cómo esos espacios son realmente habitados, apropiados e incluso transformados por quienes los recorren”, explica.
Esa mirada también lleva a observar las relaciones entre personas, objetos y espacios. Qué hace un niño con determinado objeto, cómo modifica su recorrido la presencia de otra persona, dónde decide detenerse o cómo las condiciones del entorno influyen en sus acciones son algunas de las preguntas que orientan el trabajo: “Más que pensar el espacio como algo estático y definido únicamente por su función, nos interesa entenderlo como un sistema de relaciones, acciones y experiencias que se transforma permanentemente en el tiempo”, afirma Ballerini.
El proyecto reúne a estudiantes de Arquitectura, Psicología y Psicopedagogía, acompañados por docentes de esas áreas. El objetivo no es solamente generar una experiencia de formación en territorio, sino también construir una metodología que pueda continuar desarrollándose.
La propuesta busca articular investigación, formación y vinculación con el medio, y generar un antecedente que eventualmente pueda transferirse a otras sedes de Mita’i y a otros espacios vinculados con el cuidado de las infancias, como escuelas, museos, ámbitos municipales o espacios públicos.
En ese sentido, la arquitectura aparece como punto de encuentro entre distintas disciplinas y como una herramienta para formular nuevas preguntas sobre los espacios que habitamos.
Y quizás allí esté la idea que mejor sintetiza el proyecto. Frente a espacios cotidianos que muchas veces parecen definidos de antemano, la propuesta invita a recuperar la capacidad de observar, imaginar y encontrar otras posibilidades: “Me gustaría que podamos conservar la capacidad de mirar lo cotidiano y descubrir que siempre puede ser de otra manera. Por eso lo resumiría con una frase que me acompaña desde hace tiempo: ‘No dejemos que la imaginación desaparezca’”, concluye Ballerini.
El equipo está compuesto por: Coordinación: Arq. Lautaro Ballerini Estudiantes de Arquitectura: Luisina Baranda, Stefania Boloneci, Camila Boler, Marianela Coroso, Agustina Pis Gagniere, Agustina Manfredi. Estudiantes de Psicopedagogía: Valentina Deppen, Valentina Lobo, Mariana Paladini, Sofía Funes, Julieta Currao. Estudiantes de Psicología: Valentina Campagno, Agustina Borghi, Albertina Gizzi. Acompañamiento docente: Lic. Nelly Haydee Junco. Psicología y Relaciones Humanas: Psp. Noelia Martines. Psicopedagogía Institución asociada: Mita’i – Centro Integral de Desarrollo Infantil


