Día del Arquitecto: Graduado UAI en el arte y la técnica de proyectar, diseñar y construir

Cada 1 de julio se celebra en Argentina el Día del Arquitecto, una jornada que no solo reconoce la labor de quienes diseñan y construyen los espacios que habitamos, sino que también invita a reflexionar sobre el rol social y cultural de la arquitectura en la vida cotidiana. La fecha se convierte en una oportunidad para resaltar la importancia de una disciplina que articula creatividad, técnica y compromiso con la comunidad, y que, en ciudades como Rosario, se expresa en una riqueza patrimonial que merece ser valorada.

En este contexto, la voz de Gabriel Borella, graduado de la carrera de Arquitectura en la Sede Rosario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), resulta especialmente significativa. Su recorrido académico y profesional refleja cómo la formación universitaria, el trabajo en estudios consolidados y la práctica autónoma se entrelazan para dar forma a una mirada integral de la arquitectura. Borella enfatiza la relevancia de la dinámica del taller, la actualización tecnológica constante y la experiencia en concursos como pilares de su desarrollo.

Además, su participación en iniciativas como Open House Rosario muestra un compromiso con la difusión de la arquitectura hacia la sociedad, acercando el patrimonio y los espacios cotidianos a la comunidad. Su testimonio sintetiza la esencia de la profesión: una práctica colectiva que combina identidad, funcionalidad y estrategia, y que, en palabras del propio Borella, se sostiene en la curiosidad permanente y en la capacidad de aprender de cada proyecto y de cada vínculo construido en el camino.

 

- ¿Qué te motivó a estudiar Arquitectura en la UAI?

- Desde un primer momento estuve muy convencido de la carrera por lo que implica la arquitectura en la creación de espacios. Pero puntualmente, la decisión de inclinarme por la UAI tuvo que ver con la escala de la Facultad, que posibilita una relación muy estrecha con los docentes y la oportunidad de generar vínculos valiosos a futuro.

 

- ¿Qué asignaturas o docentes marcaron tu formación?

- Una de las docentes que más marcó mi formación fue Verónica Peralta, quien me acompañó Proyecto III y, luego de unos cambios en el cuerpo docente también me acompañó en Proyecto IV el siguiente año. Esos dos años con ella cambiaron radicalmente mi manera de ver y pensar la arquitectura desde el proyecto; de hecho, por todo lo que implicó en mi formación, la elegí después como tutora de mi trabajo final. También fueron claves María Eva Contesti y Rodolfo Corrente en Proyecto V, aportando otra mirada fundamental en la etapa de cierre.

Más allá de los nombres, algo que me marcó mucho de esos años —y sé que hoy está todavía más pulido— fue la articulación entre todas las asignaturas proyectuales. Esa dinámica donde los alumnos de primer año ya participan, ven los trabajos y escuchan las devoluciones de los chicos de quinto, generando un intercambio y una cultura colectiva que considero de lo más rico de la experiencia en la universidad.

- ¿Qué hábitos o rutinas mantenés para seguir formándose?

- Entiendo la formación como un proceso continuo que va mucho más allá de los años como estudiante. Para mantener la mirada activa, me nutro de canales diversos: desde viajes, que son la forma más directa y vivencial de experimentar la espacialidad, hasta la asistencia a charlas, debates y presentaciones en el Colegio de Arquitectos. Además, considero indispensable la actualización técnica y tecnológica constante, explorando nuevas herramientas digitales aplicadas al proceso creativo para no perder vigencia en un contexto que cambia rápido. 

 

- ¿Qué elementos de tu formación considerás que fueron más importantes a la hora de desempeñarte laboralmente?

- El aporte más valioso fue la dinámica del taller, que funciona como un ensayo general de la vida profesional. De ahí me llevé dos herramientas clave: primero, la capacidad de trabajar de forma colaborativa y ejercitar una autocrítica rigurosa sobre el propio trabajo; y segundo, la gimnasia de las entregas y las críticas finales. Aprender a argumentar, conceptualizar y defender tus decisiones proyectuales ante un jurado invitado te da una soltura fundamental. Hoy, en el ejercicio diario, esa capacidad de comunicar con claridad el porqué de una obra es una herramienta súper potente a la hora de tratar con clientes.

 

- ¿Cuál fue tu recorrido laboral?, ¿dónde te desempeñaste?

- Mi recorrido profesional comenzó en paralelo a los últimos años de la carrera, cuando me sumé como colaborador invitado en el Estudio SPARQ, liderado por Verónica Peralta y Gustavo Sapiña. Allí participé, entre 2016 y 2019, en el desarrollo de concursos de ideas y anteproyectos. En 2018 me incorporé a EBRAS, espacio donde trabajé durante 7 años en una gran diversidad de escalas que me ayudaron muchísimo a calibrar la mirada en el detalle, desde proyectos de arquitectura corporativa a desarrollos de vivienda unifamiliar y colectiva. Finalmente, toda esa experiencia acumulada me dio la base para volcarme de lleno a mi camino autónomo. Desde este año, me mantengo activo gestionando mis propios encargos y desarrollando proyectos particulares en asociación con otros colegas tanto de Rosario como de Rafaela. 

 

- ¿Cómo llegaste a trabajar en EBRAS estudio?

- A EBRAS llegué en 2018, convocado por Daniel Brasesco, en un momento en que la oficina estaba en pleno proceso de formación. Haber ingresado en esa etapa me dio la oportunidad única de vivir desde adentro el crecimiento exponencial del estudio: vi de cerca su evolución en la escala humana con la incorporación de nuevos integrantes al equipo, el cambio físico con la mudanza de las oficinas, y el desarrollo de proyectos de envergadura con clientes cada vez más importantes.

El estudio se enfoca con mucha fuerza en la arquitectura corporativa, bajo la premisa de hacer de cada espacio una experiencia transformadora. La búsqueda de EBRAS no es simplemente diseñar oficinas, sino crear espacios habitables que inspiren, potenciando el bienestar de las personas que los ocupan.

- ¿En qué tipo de obras trabajás actualmente?

- Hoy en día, desde mi práctica independiente, me desempeño puntualmente en el desarrollo de viviendas unifamiliares, proyectos de interiorismo y reformas integrales de casas y departamentos

Como proyectista, mi responsabilidad principal consiste en tomar el encargo desde la primera convocatoria del cliente, realizando una interpretación profunda de sus necesidades para conjugarlas con las posibilidades espaciales. A partir de ahí, elaboro una propuesta proyectual que equilibre la mirada del comitente con lo que uno busca plasmar como profesional. Ese proceso implica el desarrollo completo de la documentación técnica, modelos tridimensionales que permiten validar la propuesta de manera tangible. 

 

- ¿Cómo se desarrolla el proceso desde el encargo hasta la obra terminada?

- Es un proceso que siempre intentamos transmitirles con mucha claridad al cliente desde el primer día, porque muchas veces desconocen y creemos que es la única manera de avanzar con orden, previsibilidad y sin sorpresas. La primera etapa es el Anteproyecto, donde definimos el diseño puntual del encargo y realizamos una primera evaluación técnica de viabilidad. Acá trabajamos en la documentación básica que permite interpretar la propuesta espacial.

La segunda es el Proyecto, una etapa clave en la que siempre insistimos que el cliente invierta, ya que es el proceso de maduración de la idea inicial. Aquí es donde desarrollamos todo el legajo técnico detallado e iniciamos el contacto con proveedores y asesores para presupuestar y ajustar la viabilidad constructiva.

Por último, una vez cerrado el proyecto, pasamos a la Dirección de Obra. Esta etapa consiste en el seguimiento riguroso en el territorio de cada uno de los rubros e instaladores intervinientes, garantizando que la materialización de la obra se desarrolle bajo los estándares de calidad y fidelidad que planificamos en el papel.

 

- ¿Qué papel tiene el contexto (histórico, social, climático) en tus proyectos?

- El contexto siempre es el punto de partida de un proyecto. Desde lo climático, considero que la orientación es una de las principales premisas de diseño a la hora de implantar un proyecto en el terreno. Pero el contexto también abarca la realidad socioeconómica del país y la situación particular de cada cliente, analizar este escenario nos obliga a ser creativos y estratégicos con los sistemas constructivos elegidos. Por ejemplo, evaluar tecnologías como el steel frame o la construcción en seco implica entender que, aunque a veces representen una inversión inicial distinta, la reducción drástica en los tiempos de ejecución termina optimizando el presupuesto global. En definitiva, se trata de entender el contexto de manera integral para ofrecer soluciones honestas, eficientes y viables.

 

- ¿Cómo equilibras estética, funcionalidad y presupuesto?

- Para mí la clave está en no verlos como aspectos separados que compiten entre sí, sino como variables que deben encontrar un equilibrio dentro de cada proyecto. De hecho, no me gusta hablar tanto de estética porque es algo muy subjetivo. Prefiero enfocarme en que los proyectos tengan una identidad propia que los haga reconocibles; después, a algunos les gustará más o menos el resultado visual, pero si el proyecto está bien resuelto funcional y técnicamente, ya existe una base sólida sobre la cual construir.

Respecto al presupuesto, lejos de verlo como una limitación, lo entiendo como una condición más del proyecto. Muchas veces es justamente esa restricción la que obliga a tomar decisiones más precisas y a concentrar los recursos donde realmente generan valor para el cliente. Se trata de ser estratégicos en las resoluciones para lograr el mejor resultado posible con los medios disponibles.

- ¿Qué proyectos desarrollaste en forma autónoma?

- A lo largo de estos años fui desarrollando diversos proyectos de manera independiente. En 2021 arranqué con el diseño de una vivienda unifamiliar en la ciudad de Rafaela y, en paralelo, trabajé en la dirección de una obra de reforma integral en esa misma ciudad para Fucksmann Rothmann. Ya en este 2026, abocado de lleno a mi práctica autónoma, estoy llevando adelante varios encargos. Por un lado, el proyecto de una vivienda nueva en Rafaela, Casa de los Padres en conjunto con el estudio Proyecto Litoral y, por otro lado, también estoy trabajando en conjunto con el estudio Atelier Planta Alta en proyectos de reforma e interiorismo en Rosario.

 

- ¿Qué diferencias encontrás entre trabajar en un estudio consolidado y desarrollar proyectos de forma autónoma?

- La principal diferencia tiene que ver con un cambio de pensamiento total. Yo venía de estar plenamente enfocado en un rol específico, que era más que nada la etapa inicial de anteproyecto, y ahora me introduje en cuestiones más amplias: desde esa primera reunión y el diseño —a lo que ya venía acostumbrado—, hasta el resto de las dimensiones que implica una obra, como los números, la gestión con proveedores y el seguimiento diario en el territorio. Es un cambio que considero súper positivo y que me obliga a pulir nuevas herramientas. A su vez, me interesa recalcar que para mí el camino autónomo no significa trabajar de forma aislada. Al contrario, mi lógica actual es ir asociándome con distintos profesionales y estudios según las necesidades de cada encargo.

 

- ¿Cuáles sentís que son los principales retos que enfrentas a la hora de proyectar una obra y cómo resolvés esas dificultades?

- Los principales retos tienen que ver con poner en la balanza una enorme cantidad de inputs al mismo tiempo: las normativas y reglamentos, los plazos de entrega, las expectativas reales del cliente y las condicionantes propias del sitio. Son muchas variables las que hacen que cada proyecto sea una pieza única y tan particular. La realidad es que ante las dificultades no hay un manual del cual aprender, más de una vez hay que ser flexibles para encontrar soluciones a medida que avanza el proceso.

 

- Participaste como invitado en concursos con el estudio SPARQ de Rosario, ¿cómo fue esa experiencia colaborativa y qué obtuviste como aprendizaje?

- Fue una experiencia sumamente enriquecedora que viví en los últimos años de la carrera, y es algo que le recomiendo atravesar a cualquier estudiante. Fue la primera vez que un estudio me abrió las puertas y me ayudó muchísimo a ver cómo es la realidad diaria de una oficina de arquitectura en la ciudad.

La dinámica del concurso estuvo buenísima porque logramos llegar a un resultado muy valorado, tanto por nosotros como por el jurado. Además, me dio la posibilidad de trabajar a la par con otros estudiantes de los que aprendí un montón en su momento.

- ¿Qué valor aporta participar en concursos a tu desarrollo profesional?

- Más allá de lo personal, creo que el valor fundamental de los concursos radica en la práctica arquitectónica colectiva: democratizan el acceso a la obra pública y ofrecen la posibilidad de trabajar en encargos de una escala y relevancia que normalmente no llegan al estudio en el día a día. Me parece clave destacar que necesitamos más concursos en la ciudad. Lamentablemente, en este último tiempo se les ha dado la espalda al Colegio de Arquitectos y es fundamental recuperar esta práctica transparente como la herramienta principal para proyectar y construir nuestra ciudad. 

 

- ¿Con qué herramientas trabajas habitualmente en tus proyectos?

- Durante mi paso por la carrera aprendí metodologías BIM, específicamente a través del uso de Archicad, lo cual valoro muchísimo; me parece un gran acierto que nos hayan inculcado estas herramientas desde los primeros años de la carrera. Hoy en día trato de volcar ese flujo de trabajo en mis proyectos, aunque también, según los requerimientos y la velocidad que exija cada encargo, recurro a otros softwares de modelado 3D y motores de renderizado.

A su vez, trato de mantenerme muy activo en la exploración de las nuevas herramientas de inteligencia artificial. Me interesa ver cómo evoluciona la tecnología e ir incorporándola de forma estratégica según las necesidades del proyecto en las distintas fases del proceso creativo.

 

- ¿En qué etapas del proyecto utiliza SketchUp y Enscape, y cómo combinan con Autocad, Lumion, Twinmotion, Photoshop e InDesign?

- Utilizo SketchUp y Enscape desde el día uno de cada proyecto. Es ahí donde intento plasmar todas las ideas iniciales que van surgiendo y, desde el modelo 3D, puedo ir validando las decisiones proyectuales y espaciales en tiempo real.

Después, la etapa de entrega la resuelvo con el paquete de Adobe: utilizo Photoshop e InDesign como herramientas clave para diagramar las láminas, las presentaciones formales y los informes finales que le entregamos al cliente. 

 

- ¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en la relación con clientes y constructores?

- Las nuevas tecnologías cambiaron profundamente la forma de comunicar arquitectura. Hoy podemos mostrar una propuesta de manera mucho más clara en muchísimo menos tiempo lo que permite que el cliente comprenda el proyecto antes de que exista físicamente. Con los constructores ocurre algo similar, la digitalización de la documentación y el acceso compartido a la información facilitan la coordinación entre los distintos actores.

- Sos parte del grupo organizador de Open House Rosario, ¿cómo surge la idea?, ¿qué te motivó a sumarte?

- Desde 2023 formo parte de OHACHE, la asociación civil que organiza el Festival Open House Rosario desde su primera edición en 2018. Mi vínculo con el festival comenzó mucho antes, primero como visitante y luego colaborando como coordinador de voluntarios en distintas ediciones.

La invitación para sumarme a la organización llegó de la mano de grandes amigos que forman parte del equipo, y para mí fue una oportunidad muy valiosa de involucrarme de manera más activa en una iniciativa que admiro. Me motiva especialmente la posibilidad de acercar la arquitectura a la comunidad y contribuir a que más personas descubran y valoren los espacios que forman parte de nuestra ciudad. Actualmente integro el equipo de Obras, donde nos encargamos de la curaduría de los edificios y proyectos que se incorporan cada año al festival, además de trabajar en la construcción y actualización del archivo de obras que Open House Rosario viene consolidando edición tras edición.

 

- ¿Qué particularidades tiene la arquitectura de Rosario que vale la pena que la persona de a pie conozca?

- Rosario tiene una riqueza arquitectónica enorme que muchas veces pasa desapercibida para quienes la recorren a diario. Es una ciudad que permite leer distintas etapas de su crecimiento a través de sus edificios. Además, tiene una escala muy interesante que la hace especialmente fácil de recorrer durante el fin de semana del festival. Esa condición permite descubrir no solo edificios puntuales, sino también distintas zonas de la ciudad.

Creo que lo más valioso es entender que la arquitectura no está únicamente en las obras emblemáticas, sino también en aquellos espacios cotidianos que forman parte de nuestra vida diaria y construyen la identidad de la ciudad. De hecho, muchas veces decimos que Open House no es solamente visitar edificios, sino también todo lo que sucede alrededor: la gente caminando por la ciudad, las conversaciones que se generan en las filas, los encuentros inesperados y la posibilidad de mirar con otros ojos lugares que quizás vemos todos los días.

Open House ayuda a mirar la ciudad con otros ojos. El festival despierta interés por la arquitectura en personas que quizás nunca habían pensado en ella, generando nuevos diálogos sobre el patrimonio, los espacios que habitamos y la calidad de nuestra vida urbana. En definitiva, acerca la arquitectura a la gente. 

 

- ¿Qué consejo darías a un estudiante de Arquitectura que está próximo a graduarse?

- Le diría que aproveche cada oportunidad para acercarse a la práctica profesional, ya sea participando en concursos, colaborando con estudios o visitando obras. La carrera brinda una base muy sólida, pero gran parte del aprendizaje ocurre cuando uno empieza a enfrentarse a situaciones reales y a trabajar junto a otros profesionales. También le recomendaría mantener siempre la curiosidad y las ganas de seguir aprendiendo. La arquitectura es una disciplina en constante transformación y hoy más que nunca aparecen nuevas tecnologías, herramientas y formas de trabajo que vale la pena explorar. Y, sobre todo, que entienda que esta es una profesión profundamente colectiva. Muchas de las oportunidades más importantes de mi recorrido surgieron gracias a los vínculos construidos durante la carrera y la práctica profesional.