“Una Canción para mi Tierra”: el documental de un docente de la UAI que convirtió una problemática ambiental en una historia de impacto global
Lo que comenzó como una investigación sobre el impacto de los agroquímicos en comunidades rurales terminó convirtiéndose en una de las producciones documentales más reconocidas del cine ambiental a nivel internacional. Una Canción para mi Tierra, dirigida por Mauricio Albornoz Iniesta —docente de la Universidad Abierta Interamericana—, expone una realidad tan urgente como invisibilizada, pero lo hace desde un lugar poco habitual: la mirada de los niños y el poder transformador del arte.
El origen del proyecto se remonta a 2013, cuando el equipo inició un trabajo de investigación sobre fumigaciones en zonas rurales. “Nos encontramos con una realidad muy dura: había muchos más casos de cáncer y problemas congénitos que en las ciudades, y los más afectados eran, tristemente, los niños”, recuerda el director. Sin embargo, el desafío no era solo mostrar el problema, sino encontrar la manera de contarlo.
“Durante varios años buscamos la forma de abordar esta problemática. No queríamos hacer una película de denuncia como las que estamos acostumbrados a ver —necesarias, sí—, pero muchas veces atravesadas por la angustia. Queríamos encontrar una historia que también ofreciera una luz, una posibilidad de transformación”, explica.
Ese punto de inflexión llegó en 2018, cuando conocieron a Ramiro Lezcano, un maestro rural de música que trabajaba con sus alumnos componiendo canciones sobre distintas problemáticas ambientales. “Fuimos a conocerlo y enseguida sentimos que ahí estaba la película. Había algo muy potente en ese cruce entre infancia, arte y una problemática tan compleja. Y que, además, nos llenaba de esperanza”.
Una historia real que interpela
El documental se sitúa en un pueblo rural argentino donde las fumigaciones con agroquímicos se realizan cerca de las escuelas, afectando directamente a niños y docentes. A partir de esa realidad, Ramiro impulsa junto a sus alumnos un proyecto artístico para visibilizar el problema. Lo que comienza como una iniciativa escolar crece hasta convertirse en un movimiento colectivo.
Para Albornoz Iniesta, el impacto personal fue inevitable: “Fue muy movilizante, sobre todo entendiendo que quienes más lo sufren son los niños, a quienes ni siquiera dejamos defenderse”. Y agrega: “Coincidió con un momento muy especial de mi vida, cuando estaba por ser padre, y eso lo volvió aún más intenso. Me llevó a preguntarme qué mundo estamos construyendo”.
Aunque reconoce que existen numerosos trabajos sobre la temática, el director considera que muchas veces no logran trascender ciertos espacios. “Sentíamos que hacía falta una historia que pudiera llegar a más gente, que conectara emocionalmente. Desde el inicio creímos que esta tenía algo distinto: proponía reflexión, resistencia y lucha, pero desde la mirada de los chicos. Y eso cambia todo”.
Música, infancia y transformación
Uno de los elementos centrales del film es la música, no como acompañamiento sino como motor narrativo. “La música es la forma que encuentran los chicos para expresar lo que les pasa y generar diálogo. Es una herramienta de resistencia, pero también de encuentro y transformación”, sostiene.
Ese proceso creativo se inscribe dentro del proyecto Canciones Urgentes para mi Tierra, que aborda diversas problemáticas ambientales a través del arte. Aunque el proyecto es amplio, la película decide enfocarse en los agroquímicos por ser “uno de los temas más sensibles y difíciles de debatir en esos territorios”.
El punto culminante de esta experiencia es la organización de un evento masivo, definido como un “Woodstock ambiental”. Para el director, ese momento sintetiza el espíritu del proyecto: “Simboliza la idea de que incluso los sueños más improbables pueden volverse realidad”. Y cita una frase de los propios chicos: “El mundo que soñamos es una utopía. Pero de sueños estamos hechos… y allá vamos”.

Un proceso largo, colectivo y desafiante
La construcción del documental implicó años de trabajo en territorio. Durante más de dos años, el equipo viajó regularmente a las escuelas rurales para acompañar el proceso. “Eso nos permitió vivir en primera persona el pasaje del sueño a la realidad, de la invisibilidad a una enorme visibilidad”, cuenta.
El crecimiento del proyecto fue exponencial: incluyó tres discos musicales, la participación de más de 500 artistas —entre ellos León Gieco, Lito Vitale, Gustavo “Chizzo” Nápoli, Mavi Díaz, Andrea Echeverri y Héctor Buitrago—, más de 300 alumnos, decenas de docentes y profesionales de distintas áreas.
El camino no estuvo exento de tensiones. “Hubo resistencias, advertencias e incluso intentos de frenar el proyecto. Es una problemática atravesada por muchos intereses, pero también por el temor a cuestionar prácticas naturalizadas”, señala. Aun así, destaca el acompañamiento de familias y miembros de la comunidad que decidieron involucrarse.
Un fenómeno internacional
El impacto de Una Canción para mi Tierra trascendió rápidamente las fronteras. En 2025, la película recorrió más de 30 países y obtuvo más de 20 premios internacionales, entre ellos el reconocimiento a Mejor Película Ambiental del Año otorgado por la Green Film Network.
También fue distinguida en festivales de Francia, Italia, España, Colombia, Canadá y Argentina, incluyendo el Festival de Biarritz, el Ecozine Film Festival y el Festival Internacional de Cine de la UBA, entre otros.
Las devoluciones del público fueron contundentes. “La gente sale de las funciones emocionada, muchas veces aplaudiendo de pie. Y lo más significativo es que nos dicen que la película les dan ganas de hacer algo para mejorar el mundo”, destaca.
Cine, docencia y compromiso
El vínculo con la educación atraviesa toda la obra. Como docente de la UAI, Albornoz Iniesta reconoce que su rol influye directamente en su mirada: “Estar en contacto con estudiantes te mantiene cerca de nuevas preguntas, de otras formas de ver el mundo. Eso atraviesa mi manera de contar historias”.
El proyecto también tiene una fuerte dimensión pedagógica. A través de talleres de cine en escuelas rurales y trabajos con estudiantes universitarios, se convierte en una herramienta para explorar lenguajes, investigar problemáticas y generar pensamiento crítico. “Cada canción abre la puerta a distintos lenguajes: música, ilustración, fotografía, audiovisual. Es un material muy rico para trabajar de forma interdisciplinaria”, explica.
Incluso, la película ha llegado a espacios académicos de relevancia internacional, como la Sorbonne Nouvelle en París, donde fue proyectada y debatida con estudiantes de posgrado.
Estreno en Argentina y lo que viene
Con el estreno en Argentina previsto para los próximos días, el equipo espera replicar el impacto logrado en el exterior. “Queremos que la gente se acerque al cine. Sabemos que no es fácil hoy, pero estamos convencidos de que quienes vayan se van a encontrar con una experiencia que los va a conmover y dejar pensando”.
Mientras tanto, el trabajo continúa. Actualmente, el director desarrolla una nueva película vinculada al proyecto, que se rodará en Colombia y abordará la problemática de la deforestación en el Amazonas.
En definitiva, Una Canción para mi Tierra es mucho más que un documental: es el reflejo de un proceso colectivo que combina arte, educación y compromiso social. Una historia que, desde una pequeña escuela rural, logró interpelar al mundo y demostrar que, cuando hay convicción, incluso las voces más pequeñas pueden generar cambios profundos.
Reconocimiento internacional: una película que impacta en todo el mundo
El recorrido de Una Canción para mi Tierra en el circuito internacional confirma el alcance y la potencia de su mensaje. Durante 2025, la película fue exhibida en más de 30 países y obtuvo más de 20 premios, consolidándose como una de las producciones más destacadas del cine ambiental contemporáneo.
Entre los reconocimientos más importantes se encuentra el premio a Mejor Película Ambiental del Año, otorgado por la Green Film Network en Emiratos Árabes Unidos, una red que reúne a los principales festivales de cine ambiental del mundo.
Además, el documental fue premiado en festivales de gran prestigio internacional. En el Festival de Biarritz Cinéma et Cultures d'Amérique Latine (Francia) recibió el Premio del Público y una Mención Especial del Jurado. En el Festival del Cinema dei Diritti Umani di Napoli (Italia) obtuvo el Premio del Público, una Mención Especial de la Federación Italiana de Cine Clubs y un Premio Especial del Jurado.
También fue distinguido como Mejor Película en el Ecozine Film Festival (España), como Mejor Documental en el SiciliAmbiente Film Festival (Italia), donde además recibió el Premio Derechos Humanos otorgado por Amnistía Internacional Italia, y como Mejor Película Latinoamericana en el Festival Internacional de Cine Ambiental de Cali (Colombia).
El recorrido incluye premios en Francia, España, Italia, Canadá y Suiza, entre otros países, así como reconocimientos en Argentina, donde ganó como Mejor Película en la Competencia Graduados del Festival Internacional de Cine de la UBA.
Las valoraciones de jurados internacionales destacan no solo la relevancia del tema, sino también su abordaje narrativo. Desde el Festival de Nápoles señalaron que se trata de “un relato esperanzador y conmovedor (…) que combina tenacidad y poesía y llega directo al corazón del espectador”. En la misma línea, desde la Federación Italiana de Cine Clubs afirmaron que el documental es “una valiosa guía sobre el futuro del hombre”.
Estos reconocimientos no solo posicionan a la película en el mapa global, sino que refuerzan su capacidad de generar impacto, abrir debates y movilizar al público en torno a una problemática urgente.
FICHA TÉCNICA:
Director: Mauricio Albornoz Iniesta
Productor Ejecutivo: Sebastián Carreras
Jefe de Producción: Mathías Carnaghi
Director de Fotografía: Pablo Núñez Galardo
Sonido: Pedro Joaquín Gerbelli
Montaje: Sofía Merle
Música original: Ramiro Lezcano
Protagonistas: Ramiro Lezcano, Silvia Ghio, Niños, niñas y docentes de escuelas rurales argentinas. Con la participación especial de: León Gieco, Lito Vitale, Gustavo “Chizzo” Nápoli, Mavi Díaz, Andrea Echeverri, Héctor Buitrago.
Una producción de: Cactus Cine
Productoras asociadas: Punto 8 Audiovisual y Actrio Studio.


