Educación en movimiento: un Congreso para repensar los saberes, el trabajo y la inclusión
La Universidad Abierta Interamericana (UAI) realizó en Rosario la jornada inaugural del X Congreso Argentino de Educación y Psicopedagogía, para reflexionar y debatir sobre inteligencia artificial, competencias profesionales, diversidad, inclusión, empleabilidad y aprendizaje permanente.
La educación atraviesa un tiempo de preguntas. Qué conocimientos conservar, cuáles revisar, de qué manera incorporar las nuevas tecnologías y cómo formar profesionales para trabajos que todavía no existen fueron algunos de los interrogantes que recorrieron el X Congreso Argentino de Educación y Psicopedagogía, desarrollado en la Sede Única Regional Rosario.
Bajo el lema “Reconfigurar Saberes: Educación y Profesiones en Movimiento”, el encuentro fue organizado por la Facultad de Ciencias de la Educación y Psicopedagogía y convocó a estudiantes, docentes, investigadores y profesionales vinculados con la educación, el trabajo social, la psicopedagogía y la tecnología. También participaron instituciones educativas y organizaciones no gubernamentales de Argentina y el exterior.
El Congreso buscó interrogar el sentido mismo de educar en un escenario en el que las instituciones deben responder a trayectorias heterogéneas, nuevas modalidades de aprendizaje, transformaciones culturales y una aceleración tecnológica que modifica tanto las aulas como los puestos de trabajo.
A modo de apertura, la profesora Valeria Suarez, trazó el escenario sobre el cual se pensaron las exposiciones: “Las instituciones educativas atraviesan transformaciones sociales, culturales, tecnológicas y laborales que reconfiguran sus sentidos, prácticas y legitimidad pública. La expansión del acceso, la diversidad de trayectorias y las nuevas formas de producción y circulación del conocimiento desafían las funciones tradicionales de la escuela y la universidad”.
Suarez explicó que el Congreso fue pensado como un espacio interdisciplinario destinado a analizar los sentidos contemporáneos de educar y formar profesionales. Esa reflexión, señaló, debía sostenerse mediante el diálogo entre la educación, la psicopedagogía y los demás campos vinculados con la formación y la intervención social.
Entre los ejes del Congreso aparecieron los sentidos contemporáneos de educar; los sujetos, aprendizajes y trayectorias desde una perspectiva atenta a la diversidad; la relación entre conocimiento, tecnología y legitimidad del saber; las profesiones y las transformaciones del empleo; y la gestión educativa entendida como una instancia de construcción institucional.
Pero, más allá de la diversidad de temas y enfoques, una misma inquietud atravesó la jornada: las instituciones educativas ya no pueden formar únicamente para resolver las demandas del presente, también deben desarrollar capacidades que permitan actuar frente a escenarios todavía desconocidos.
Resignificar la educación secundaria
La primera mesa reunió a autoridades educativas, universitarias y profesionales. Allí, las exposiciones pusieron el foco en la responsabilidad del Estado, el lugar de la inclusión, la formación permanente y el desafío que representa la irrupción de la inteligencia artificial.
El licenciado Santiago Rozenvaing, director provincial de Prácticas Educativas del Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe, explicó que su función fue creada con el propósito de resignificar la escuela secundaria y volver a dotarla de sentido para que los jóvenes quieran transitarla y finalizarla. “El Estado tiene la responsabilidad de construir las herramientas necesarias para que cada joven pueda desarrollar su proyecto de vida”, afirmó.
Para Rozenvaing, terminar la escuela secundaria debe abrir diferentes posibilidades: vincularse con el mundo del trabajo, desarrollar un emprendimiento o acceder a la educación superior. Dentro de ese recorrido, las prácticas profesionalizantes de las escuelas técnicas y las prácticas educativas tienen un valor central, ya que permiten que los estudiantes establezcan vínculos con su entorno y participen de contextos reales de aprendizaje.

“Aprender fuera del aula es llevar todo lo que tenemos en la escuela a contextos reales de trabajo”, sostuvo. La práctica, desde esa perspectiva, no es una actividad secundaria ni una instancia separada del aprendizaje, sino una oportunidad para confrontar los conocimientos escolares con problemas concretos.
Rozenvaing advirtió que, históricamente, cada vez que el mundo del trabajo necesitó un nuevo aprendizaje, recurrió al sistema educativo para que formara a los jóvenes en función de esa demanda. Sin embargo, consideró que ese modo de vinculación debe transformarse: “Hay que cambiar el paradigma. El sistema educativo tiene que estar sentado a la mesa de la prospectiva del desarrollo productivo y pensar los próximos diez años para construir los aprendizajes necesarios”, sostuvo.
El funcionario remarcó que los estudiantes deben adquirir saberes amplios y flexibles que les permitan desenvolverse en un mundo cambiante, para luego encontrar las especificidades correspondientes en la educación superior. En ese punto, señaló la importancia de profundizar el vínculo entre la escuela secundaria, y las universidades e institutos.
Reconfigurar no significa descartar lo aprendido
La doctora Alicia Asef, presidenta del Colegio de Psicopedagogos de la Segunda Circunscripción, subrayó que el lema del encuentro remitía a una necesidad apremiante. “Nos convoca hoy una temática urgente: reconfigurar saberes y profesiones. Reconfigurar no es borrar ni descartar lo aprendido; es animarnos a cuestionar nuestras certezas y adaptarnos a los cambios”, sentenció.
Asef centró su intervención en la irrupción de la inteligencia artificial y en la manera en que esta tecnología desafía las metodologías educativas, las formas de aprender y el lugar que ocupan docentes y profesionales. La IA, explicó, no modifica solamente los instrumentos utilizados para enseñar o trabajar, también obliga a desarrollar nuevas preguntas acerca de la responsabilidad, los criterios de intervención y los dilemas éticos que aparecen cuando una parte de las tareas cognitivas puede delegarse en sistemas automatizados.
Según Asef, no resulta suficiente obtener un título y permanecer únicamente con los conocimientos adquiridos durante la carrera. “Ya no alcanza con graduarse y quedarse con lo aprendido. La práctica cotidiana nos exige flexibilidad, aprender y desaprender, y sostener una formación continua para dar respuesta a los nuevos dilemas éticos”, explicó

La presidenta del Colegio de Psicopedagogos destacó, además, el valor de los encuentros interdisciplinarios como el X Congreso Argentino de Educación y Psicopedagogía. Ninguna profesión puede abordar por sí sola la complejidad de los problemas educativos, laborales y sociales. Por esa razón, resulta indispensable generar espacios de escucha y cooperación entre disciplinas.
En medio de la aceleración tecnológica, Asef reivindicó aquello que continúa perteneciendo a la esfera profundamente humana de la educación y del ejercicio profesional. “Por más inteligencia artificial que haya dando vueltas, la empatía, la escucha, el abrazo con un colega y la pasión por aprender siguen siendo cien por ciento humanos”, reflexionó.
Por su parte, la magíster Mónica Alesso, delegada Superior Regional de la UAI, retomó en su exposición una de las palabras centrales del lema del Congreso: movimiento. Alesso contó que había pensado en ese concepto y en la forma en que atraviesa tanto la vida personal como la institucional. El movimiento, sostuvo, alcanza a todos y puede convertirse en una fuente de creatividad, pensamiento y construcción de vínculos.
La Delegada Superior Regional consideró que una de las principales expectativas del Congreso era que los participantes pudieran escucharse, no como una actitud pasiva, sino como una apertura hacia las experiencias y perspectivas de los demás.
“El Congreso tiene esta expectativa: escucharnos entre todos y desafiarnos, cada uno, a partir de mañana, a realizar algo distinto a partir de estas charlas”, mencionó.
De las situaciones de inclusión a una cultura inclusiva
La decana de la Facultad de Ciencias de la Educación y Psicopedagogía de la UAI, magister Gabriela Rudón, señaló que el Congreso constituía una oportunidad para pensar y reflexionar colectivamente sobre los escenarios educativos actuales. A partir del lema, identificó dos cuestiones fundamentales para la educación y la psicopedagogía: la inclusión y la inteligencia artificial.
En relación con la primera, explicó que la inclusión suele presentarse como una respuesta destinada a situaciones específicas. Sin embargo, advirtió que el desafío institucional consiste en construir una cultura capaz de recibir y alojar las diferencias de manera permanente. “Como institución educativa necesitamos trabajar para que la inclusión no quede reducida a situaciones específicas, sino para lograr una cultura de la inclusión, que tiene que ver con poder recibir y alojar la diferencia”, conceptualizó.
Rudón afirmó que la Universidad tiene un fuerte compromiso con la formación de futuros graduados capaces de contribuir a una verdadera inclusión social. Esa perspectiva supone formar profesionales que no solo conozcan herramientas y marcos conceptuales, sino que también estén preparados para intervenir en realidades diversas.

El segundo aspecto abordado por la decana fue el avance de la inteligencia artificial en los espacios educativos, laborales y sociales. Rudón reconoció su importancia como herramienta, aunque señaló que su utilización requiere una formación que permita interpretar las respuestas, identificar sus limitaciones y advertir los sesgos que puedan producirse.
La disponibilidad tecnológica, indicó, no reemplaza el pensamiento crítico. “La tecnología es muy importante, es una herramienta fundamental, pero para poder utilizarla debemos tener una formación que nos permita interpretarla y ser críticos para evitar los sesgos que puedan producirse”, advirtió.
Rudón también dijo que la inteligencia artificial ya comenzó a sustituir determinadas tareas y puestos laborales. Esa transformación interpela especialmente a las instituciones universitarias, que deben revisar cómo preparan a sus futuros graduados para insertarse en el mundo del trabajo.
Entre las competencias académicas y el mundo del trabajo
La segunda mesa del Congreso se denominó “Educación: entre competencias académicas y los desafíos del mundo del trabajo”. Allí se presentaron experiencias provenientes de la universidad, la escuela secundaria y la educación superior.
Las intervenciones pusieron de relieve la distancia que en ocasiones existe entre los conocimientos enseñados, las modalidades de aprendizaje de los estudiantes y las capacidades que demandan las organizaciones. También coincidieron en la necesidad de acompañar tanto a los alumnos como a los docentes durante los procesos de transformación.
La magíster Liliana Ferranti, coordinadora Pedagógica de la Facultad Regional Rosario de la Universidad Tecnológica Nacional, describió el trabajo universitario como un espacio “sumamente gratificante y estimulante”. No obstante, advirtió que las instituciones se desenvuelven actualmente dentro de un escenario marcado por el cambio y la incertidumbre.
El mundo laboral, señaló, se presenta como un gran interrogante, especialmente en las carreras de ingeniería, porque sus transformaciones comprometen directamente los procesos formativos. Ferranti explicó que la enseñanza ya no se organiza solamente en términos de conocimientos o saberes disciplinares, ya que cada vez adquiere mayor importancia el desarrollo de competencias que permitan utilizar esos conocimientos en situaciones concretas.
Uno de los desafíos consiste en acompañar a los adolescentes durante el tránsito hacia la vida profesional y contribuir a que se conviertan en personas éticas y competentes. “En muchos casos, las competencias con las que acceden a los estudios superiores no son óptimas”, manifestó refiriéndose tanto a habilidades genéricas, tales como leer, escribir, redactar y resolver problemas, así como a capacidades específicas relacionadas con los conocimientos básicos de matemática y lengua. Cuando esas herramientas se encuentran por debajo del nivel esperado, explicó, aparece una tarea adicional para los profesores que reciben a los alumnos.

Ferranti también describió las transformaciones en las modalidades cognitivas de las nuevas generaciones. Según señaló, muchos estudiantes presentan una manera distinta de procesar la información, focalizar la atención y relacionarse con los contenidos. Los jóvenes tienden a alternar permanentemente el foco atencional, prefieren procesar contenidos en simultáneo antes que de manera lineal y muestran una mayor inclinación por el sonido y la imagen que por el texto, “y esto impacta en las aulas”, remarcó.
La pandemia, además, profundizó ciertas dificultades en la construcción de vínculos. Ferranti contó que algunos alumnos prefieren la virtualidad a la presencialidad, el estudio individual al grupal y la consulta por medio de un video antes que el encuentro directo con un profesor. La situación plantea una contradicción, mientras muchos jóvenes evitan el trabajo conjunto durante su formación, la capacidad para desempeñarse en equipo es una de las competencias blandas más solicitadas por las organizaciones.
La coordinadora pedagógica mencionó también el miedo a las mesas de examen, el estrés y las dificultades para compartir experiencias con otros. Estas situaciones, cada vez más frecuentes, configuran un perfil estudiantil al que las instituciones necesitan comprender, acompañar y formar. Frente a este escenario, propuso “profundizar la articulación entre instituciones y fortalecer el vínculo con el nivel medio”. También consideró indispensable desarrollar sistemas de tutorías, un campo en el que la psicopedagogía tiene mucho para aportar.
El acompañamiento, aclaró, no debe limitarse a los estudiantes. Los docentes también necesitan estrategias y metodologías adecuadas a las nuevas modalidades cognitivas. Finalmente, Ferranti destacó la importancia de conservar el vínculo con los graduados para conocer cómo se desempeñan en el ámbito laboral y utilizar esa información para revisar las propias propuestas académicas.
Formar para empleos que todavía no existen
El magíster Sebastián Velázquez, director de la Licenciatura en Gestión de Tecnología Informática de la UAI, vinculó la discusión con el objetivo de desarrollo sostenible de la UNESCO referido a una educación de calidad, equitativa, inclusiva y extendida a lo largo de toda la vida. Esa perspectiva, explicó, continúa otorgando responsabilidades a las instituciones que tienen la función de formar, acompañar e integrar a los estudiantes.
Velázquez citó al Foro Económico Mundial para señalar que un porcentaje significativo de quienes comienzan una carrera universitaria podría desempeñarse en puestos que todavía no existen. Incluso podrían enfrentarse con problemas aún no identificados y trabajar con tecnologías que todavía no fueron desarrolladas. Ese horizonte plantea una pregunta decisiva: cómo diseñar una carrera universitaria cuando no es posible anticipar con exactitud qué herramientas utilizará una persona durante toda su vida laboral.

La respuesta, de acuerdo con su perspectiva, no consiste en abandonar los conocimientos específicos, sino en combinarlos con competencias transferibles. El estudiante debe aprender a analizar, adaptarse, resolver problemas, cooperar con otros y continuar formándose después de graduarse.
El director de carrera señaló que el Consejo Federal de Decanos de Ingeniería de la República Argentina (CONFEDI) impulsa la adopción del enfoque por competencias y destacó que, en la UAI, los planes de estudio se encuentran ajustados a ese modelo. También mencionó estimaciones del Polo Tecnológico de Rosario acerca de la existencia de un desajuste entre las habilidades que esperan las organizaciones y las que efectivamente encuentran en los aspirantes.
Para reducir esa brecha, explicó, la UAI cuenta con mecanismos mediante los cuales los docentes monitorean y acompañan el trabajo de sus colegas. La gestión académica se apoya en evidencias y se enmarca en un Sistema de Aseguramiento de la Calidad Interna (SIAC) que audita los procesos institucionales. “La reconfiguración de saberes exige herramientas tecnológicas de evaluación continua, articulación psicopedagógica y alianzas interinstitucionales”, aclaró
Del alumno que reproduce al alumno que produce
El licenciado Sebastián Feldman, director del Modelo Educativo ORT en Rosario, realizó una crítica al formato escolar tradicional, caracterizado por una pretensión de uniformidad y por la expectativa de que todos los estudiantes debían salir moldeados de una misma manera.
En ese esquema, aquellos que no conseguían adaptarse podían quedar rezagados o directamente excluidos. Frente a esta lógica, Feldman presentó otra propuesta pedagógica: “En ORT proponemos un alumno en el centro del aprendizaje, a diferencia del modelo tradicional, donde el centro del aula era el docente que impartía el conocimiento que al alumno le tocaba repetir”.
El cambio implica dejar de pensar al estudiante como un mero reproductor de contenidos.
En el modelo descripto por Feldman, el alumno debe producir conocimiento y desarrollar habilidades mediante experiencias concretas. A la hora de planificar, explicó, se les pregunta a los docentes qué habilidad y qué experiencia se encuentran asociadas a cada propuesta didáctica. Al finalizar una secuencia, el estudiante debe producir un contenido que permita poner en juego los aprendizajes construidos.
La producción favorece el desarrollo progresivo de habilidades como la comprensión lectora, la escritura, la oratoria, la creatividad y la autonomía. Pero este enfoque también requiere formar a los docentes y revisar su lugar dentro de la institución.

Feldman habló de una lógica de docente productor y docente curador. Los contenidos elaborados no quedan restringidos a quien los diseñó, sino que se comparten en un Campus Virtual. De esa manera, las familias pueden realizar un seguimiento y otros docentes tienen la posibilidad de tomar el material, revisarlo, enriquecerlo y trasladarlo a nuevos ámbitos.
La exposición también incluyó diferentes proyectos de vinculación con el entorno. Uno de ellos convierte a los estudiantes de primer año en facilitadores para que los adultos mayores puedan aprender a utilizar las tecnologías de la información y la comunicación.
En cuarto año, relató Feldman, los jóvenes trabajan sobre la identidad y la memoria. Entre las experiencias mencionadas estuvieron las actividades desarrolladas alrededor del 24 de marzo y una muestra sobre la Shoá realizada en el edificio de la Gobernación. Los estudiantes se forman durante todo el año para acompañar a otros jóvenes en el recorrido por la exposición. Según explicó, durante la última edición alrededor de 1.500 chicos pasaron por la muestra y escucharon las presentaciones realizadas por los propios alumnos de ORT.
En quinto año, por ejemplo, la propuesta incluye un programa de orientación vocacional articulado con distintas universidades y la elaboración de un proyecto final propio, que puede consistir en el desarrollo de una aplicación o un emprendimiento productivo.
Aprender, desaprender y transformar la práctica docente
El licenciado Andrés Croce, director del Colegio Secundario San José, sostuvo que una institución educativa no puede exigir aprendizaje únicamente a sus alumnos. “En la escuela no solo deben aprender los estudiantes, sino también los docentes y los equipos directivos”, sentenció
Croce presentó cuatro premisas vinculadas con la actualización docente. En primer lugar, los educadores deben preparar a los estudiantes con las competencias que consideran necesarias para desenvolverse en las empresas durante las prácticas profesionalizantes.
En segundo término, los docentes deben acompañar a los alumnos en esas experiencias y acercarse a las organizaciones para conocer qué problemas encuentran y si coinciden con aquellos que la escuela había previsto. A partir de esa observación, señaló, llega el momento de pensar y reflexionar sobre la experiencia. El paso siguiente consiste en revisar contenidos y actividades para que lo aprendido en el mundo del trabajo pueda regresar al aula.
De esta manera, la práctica profesionalizante cumple una doble función. Permite capacitar a los estudiantes en los conocimientos y procesos requeridos por la industria, pero también puede ofrecerles una oportunidad laboral. Croce destacó que los propios alumnos realizan una retroalimentación sobre lo vivido. En ese intercambio emergen las competencias que deben profundizarse y los aspectos del proceso educativo que necesitan ser revisados.
Según el director, existen dos grandes capacidades que resultan indispensables. La primera es aprender a aprender, promoviendo la autogestión del estudiante y redefiniendo a los docentes como colaboradores o tutores del proceso. La segunda es aprender a desaprender. “Lo que antes funcionaba para resolver un problema hoy puede ser obsoleto”, aseveró.

En el mismo panel, la profesora e ingeniera química María Laura Cantábile, directora del Instituto Superior Parque de España, señaló que el mercado y las necesidades profesionales se encuentran en transformación permanente. Su intervención giró alrededor de una pregunta: cómo enseñar a aprender, trabajar y desempeñarse en un mundo que cambia de manera constante.
Cantábile reconoció que los jóvenes poseen mayores habilidades digitales que generaciones anteriores. Sin embargo, advirtió que suelen surgir inconvenientes cuando esas capacidades deben trasladarse al ámbito laboral. La familiaridad con los dispositivos no garantiza, por sí sola, la capacidad de interpretar información, evaluar una fuente o utilizar la tecnología para resolver un problema profesional.
Por eso, sostuvo que las prácticas docentes no deben concentrarse solamente en verificar si un conocimiento fue adquirido y puede ser reproducido, también deben comprobar si el alumno desarrolló una actitud crítica frente a la información.
“No podemos tomar la respuesta de la inteligencia artificial como un conocimiento adquirido. El alumno debe tener una actitud crítica y la capacidad de detectar errores”, expresó.
Cantábile comparó la manera en que estudiaron generaciones pasadas basadas solamente en libros e instrumentos tradicionales, con el acceso inmediato al conocimiento que actualmente ofrecen internet y la inteligencia artificial. Esa disponibilidad modifica el papel del docente y de la institución, pero no elimina su importancia: “Cuanta más información circula, más necesario resulta contar con criterios para seleccionarla, contrastarla y contextualizarla”, sostuvo.
Empleabilidad, aprendizaje y responsabilidad compartida
El tercer panel se concentró en la empleabilidad y en los cambios que atraviesan las organizaciones. Las exposiciones coincidieron en que la formación para el trabajo no puede reducirse a la enseñanza de procedimientos técnicos.
La licenciada Fernanda Mutio, directora ejecutiva de la Unión Industrial Región Rosario, comenzó destacando la importancia de articular las acciones del Estado, las empresas y las universidades. Además de generar puestos laborales, sostuvo, resulta necesario preguntarse qué calidad tienen esos empleos y en qué condiciones se desarrollan.
Mutio describió un mercado caracterizado por el aumento del desempleo, la informalidad, el crecimiento del trabajo por cuenta propia, el pluriempleo y las desigualdades regionales.
Este escenario convive con transformaciones profundas en la organización productiva. El puesto estable para toda la vida deja de funcionar como modelo dominante, aunque buena parte de la educación continúa formando como si esa estabilidad todavía estuviera garantizada.
Mutio explicó que incluso las pequeñas y medianas empresas incorporan automatización e inteligencia artificial a sus líneas de producción. Como consecuencia, una persona que ingresó a una organización diez años atrás probablemente no realice hoy las mismas tareas. Del mismo modo, quien comienza a trabajar en la actualidad deberá modificar sus funciones en el futuro.
“Las empresas ya no se preguntan solamente qué sabe hacer una persona, sino cuánto puede aprender y qué capacidad tiene para aprender algo nuevo”, estableció. La directora ejecutiva de la Unión Industrial Región Rosario advirtió que muchas de las dificultades observadas no son de carácter estrictamente técnico. Entre los problemas mencionó la baja tolerancia a la frustración, las debilidades en la comunicación, la falta de autonomía y las dificultades para gestionar el error.

Desde esta perspectiva, la empleabilidad no es una responsabilidad exclusivamente individual, no depende únicamente de que una persona realice cursos o acumule certificaciones, sino que se trata de una construcción colectiva.
“La empleabilidad se construye entre la escuela que forma, la familia que acompaña, la universidad que brinda competencias, la empresa que produce, el Estado que cuida el empleo y genera leyes de proyección, y las organizaciones intermedias que sostienen y hacen de puente con los trabajadores”, desarrolló.
Mutio señaló que las personas necesitan aprender a aprender, reaprender y desaprender. También deben saber trabajar con otros, cooperar, negociar y manejar conflictos sin destruir los vínculos. Otra competencia destacada de forma transversal en las presentaciones fue el pensamiento crítico, entendido como la capacidad para formular las preguntas adecuadas frente a problemas reales, incompletos y urgentes. A esto se suma la alfabetización digital, que incluye comprender cuándo utilizar inteligencia artificial, cuándo evitarla y cómo realizar una curaduría de la información obtenida.
La especialista identificó diferentes distancias entre la formación y el empleo. Mientras una carrera educativa suele modificarse a lo largo de varios años, el mundo del trabajo puede hacerlo en cuestión de meses. Frente a esa diferencia temporal, las personas necesitan bases sólidas, pero también flexibles.
Existe, además, una distancia vinculada con la experiencia. Muchos jóvenes llegan a su primer empleo sin haber atravesado situaciones concretas de trabajo en equipo, cumplimiento de plazos, atención de clientes o resolución de errores con consecuencias reales. Por ese motivo, Mutio consideró imperioso fortalecer las prácticas educativas y profesionalizantes. No obstante, aclaró que estas instancias deben contar con acompañamiento para evitar que el estudiante quede solo frente a las dificultades del entorno laboral.
El adulto también necesita aprender cuando cambia el contexto
El licenciado Nicolás De Cerchio, consultor en recursos humanos, psicopedagogo y docente universitario, afirmó que la novedad no reside en que el mundo laboral cambie, sino en la velocidad con la que se producen las transformaciones. Lo que se modifica no son solamente las tareas, también cambian los procedimientos, las competencias y las habilidades necesarias para llevarlas adelante.
De Cerchio citó proyecciones del Foro Económico Mundial según las cuales una proporción considerable de las habilidades clave de los trabajadores se transformará hacia 2030. Entre las más necesarias, mencionó la flexibilidad, la resiliencia y la capacidad de aprendizaje.
Para explicar la centralidad de la adaptación, recuperó una frase de Jean Piaget: “La inteligencia es adaptación”. Sin embargo, aclaró que adaptarse no significa aceptar pasivamente cualquier cambio, supone interpretar una situación, desarrollar recursos y encontrar nuevas formas de intervención.
Desde la psicopedagogía, el aprendizaje no puede reducirse a un curso aislado, debe pensarse como una relación compleja entre el sujeto, el objeto de conocimiento y el contexto. El sujeto llega con una historia, un deseo y una modalidad particular de aprender. El objeto puede ser un saber, un procedimiento o una competencia, mientras que el contexto está formado por la organización, sus vínculos, sus condiciones y su cultura.

De Cerchio observó que la psicopedagogía suele asociarse con la infancia, pese a que el adulto también necesita aprender cuando cambia el entorno. Las neurociencias, agregó, permiten comprender que la plasticidad neuronal está presente durante toda la vida. “Nunca dejamos de aprender”, indicó.
El aporte psicopedagógico dentro de una organización, explicó, consiste en preguntar no solo qué debe saber un trabajador, sino cómo puede aprenderlo y qué necesita para conseguirlo. Las organizaciones, además, aprenden y enseñan, incluso cuando no cuentan con un plan sistemático de formación. “Toda organización aprende y también enseña, incluso si no tiene un plan”, enunció.
De Cerchio advirtió que, cuando no existen procedimientos claros, la organización enseña a improvisar. Cuando no ofrece devoluciones, obliga a los trabajadores a interpretar o imaginar qué se espera de ellos. Y cuando castiga el error, les enseña a ocultarlo.
El especialista identificó tres ámbitos concretos de intervención psicopedagógica en las organizaciones. El primero es la selección de personal, donde no solo importa conocer qué sabe hacer una persona, sino cómo aprende y cuánto puede crecer. El segundo es la capacitación. Allí, además de evaluar si un contenido fue comprendido, se debe realizar un seguimiento para establecer si produjo un cambio real en las conductas y prácticas laborales. Finalmente, está el ambiente de trabajo. Una organización que penaliza los errores, apuntó, genera condiciones para que las personas los oculten, en lugar de convertirlos en oportunidades de mejora.
Del conocimiento acumulado al criterio profesional
El magíster Guido Gerbaudo, profesor universitario y gerente de Administración y Finanzas de General Food Argentina, abordó el impacto de la inteligencia artificial dentro de las organizaciones. Gerbaudo sostuvo que, de manera paradójica, la expansión tecnológica incrementó la necesidad de mantener reuniones e interacciones cara a cara. La automatización de determinados procesos no eliminó la dimensión humana del trabajo, sino que volvió más importantes la comunicación, la coordinación y la toma de decisiones.
Según explicó, la tecnología permite estandarizar procesos, pero esos sistemas deben ser diseñados e incorporados por personas que comprendan tanto la educación como el funcionamiento de las organizaciones. Los trabajadores que se incorporan a un puesto no necesitan solamente conocimientos técnicos, también deben contar con pensamiento crítico para interpretar resultados y evaluar las respuestas proporcionadas por las herramientas.

Gerbaudo realizó un recorrido por las tecnologías que fueron modificando el estudio y el trabajo. En un pasado no tan lejano resultaban fundamentales la calculadora, el papel y la biblioteca, después llegaron los buscadores, las planillas de cálculo, los procesadores de texto y las presentaciones digitales. Finalmente, la inteligencia artificial comenzó a sacudir las bases de numerosos procesos y a modificarlos en plazos muy breves.
La velocidad del cambio llevó a las empresas a demandar activamente habilidades blandas. En ese contexto, el especialista cuestionó la tendencia a aceptar las respuestas generadas por la inteligencia artificial como si fueran verdades absolutas. “Necesitamos capacitar cada vez más auditores de información y de resultados. Es decir, debemos pensar cómo formamos criterio y no solamente conocimiento, porque hoy sobra conocimiento”, concluyó.
Gerbaudo explicó que el verdadero valor profesional se encuentra en la capacidad de utilizar el conocimiento frente a las demandas sociales y organizacionales. Comparó ese proceso con la mayéutica socrática: más que transmitir respuestas cerradas, el profesional ayuda a formular preguntas y descubrir aquello que todavía no resulta evidente.
“Una escuela para Muna”: inclusión, aprendizaje y desigualdad
El cierre del Congreso estuvo a cargo de Alicia Tomé, graduada de la Licenciatura en Psicopedagogía de la UAI, quien presentó su libro “Una escuela para Muna”. La autora contó que su trabajo analiza los problemas de aprendizaje y su relación con las políticas educativas actuales.
La investigación surgió a partir de un caso que abordó durante su actividad como psicopedagoga. Desde esa experiencia, Tomé estudió el bajo nivel de aprendizaje de niños y niñas que viven en zonas urbanas marginalizadas y analizó de qué manera la precariedad escolar puede profundizar la exclusión socioeconómica.

La exposición recuperó uno de los ejes centrales que estuvo presente en la mesa de autoridades: la diferencia entre atender casos particulares de inclusión y construir una cultura verdaderamente inclusiva. Tomé examinó cómo el propio sistema educativo puede producir efectos excluyentes en estudiantes cuyas trayectorias no responden al recorrido esperado. Entre ellos se encuentran alumnos con discapacidad, problemas graves de salud o contextos familiares adversos.
Su trabajo cuestiona los límites que la inclusión encuentra en la práctica cotidiana. Las políticas y declaraciones institucionales pueden reconocer formalmente el derecho a la educación, pero ese reconocimiento pierde fuerza cuando las escuelas no cuentan con condiciones, recursos y estrategias para alojar trayectorias diferentes.
La presentación del libro permitió que el encuentro volviera sobre los sujetos concretos de la educación. Después de debatir sobre inteligencia artificial, empleos futuros, automatización, competencias y transformaciones institucionales, el caso abordado por Tomé recordó que cada política educativa produce efectos directos sobre la vida de niños, jóvenes y familias.
Investigación y experiencias educativas
Una vez finalizadas las mesas centrales, los asistentes se distribuyeron en diferentes aulas de la Sede Rosario para participar de la presentación de trabajos libres, donde se compartieron investigaciones y experiencias educativas desarrolladas en el territorio. Ese tramo permitió que las discusiones generales encontraran correlato en prácticas concretas y que docentes, estudiantes y profesionales pudieran intercambiar aprendizajes construidos en sus propias instituciones.
La modalidad amplió el sentido participativo del Congreso. Las ideas no circularon solamente desde los paneles hacia el auditorio. También fueron construyéndose en las conversaciones entre colegas, en las preguntas formuladas por los asistentes y en la exposición de proyectos surgidos de escuelas, universidades y espacios comunitarios.

El Congreso permitió concluir que vincular educación y empleo no significa subordinar las instituciones a las necesidades inmediatas del mercado. La formación profesional debe atender las transformaciones productivas, pero sin abandonar el propósito más amplio de formar ciudadanos capaces de pensar, decidir, convivir y comprometerse con otros.
Desde la resignificación de la escuela secundaria hasta la presentación de “Una escuela para Muna”, el encuentro sostuvo que no puede haber desarrollo sin educación, pero tampoco una educación significativa sin inclusión, pensamiento crítico y capacidad de transformación.
En la Sede Única Regional Rosario de la UAI, el movimiento propuesto por el lema se volvió conversación, intercambio y pregunta. Reconfigurar saberes no apareció como una invitación a olvidar lo aprendido, sino como la posibilidad de revisarlo a la luz de nuevos contextos.


