“Enseñar implica trabajar con personas, contextos y realidades distintas”
Iniciar el camino en la docencia supone mucho más que ingresar a un aula: implica aprender a leer contextos, construir vínculos, tomar decisiones pedagógicas y encontrar herramientas para transitar un sistema educativo complejo. Sobre esos primeros pasos, sus desafíos y aprendizajes, dialogó Gabriela Caliva durante el conversatorio “Tu kit de primeros pasos en la docencia”, organizado por el Profesorado Universitario para la Educación Secundaria y Superior de la Sede Rosario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI).
Graduada de las carreras de Ingeniería en Sistemas Informáticos y el profesorado de la UAI, magister en Enseñanza en Escenarios Digitales, Caliva se desempeña como docente de la Casa, profesora y directiva en una escuela secundaria técnica. Desde esa doble experiencia, compartió con estudiantes próximos a egresar una mirada integral sobre la profesión docente, atravesada por la formación continua, la innovación tecnológica, el trabajo institucional y la convicción de que enseñar también es acompañar trayectorias, sostener vocaciones y generar oportunidades.
- ¿Qué lugar ocupó la formación continua en tu construcción como docente?
- Tuvo un lugar central. Siempre sentí la necesidad de entender, profundizar y encontrar fundamentos para aquello que hacía en el aula. Después de transitar la Ingeniería en Sistemas y el profesorado, apareció una nueva necesidad: seguir formándome pedagógicamente.
Más allá de la intuición o de la buena intención, necesitaba herramientas teóricas que sostuvieran mis prácticas. Quería comprender mejor cómo aprenden las personas, cómo diseñar propuestas significativas y cómo construir experiencias que realmente llegaran a los estudiantes. Por eso decidí continuar estudiando en áreas vinculadas con la educación y las tecnologías. Esa formación no solo me permitió incorporar nuevas herramientas, sino también ponerle nombre y fundamento a muchas decisiones pedagógicas que ya venía tomando. Estudiar me ayudó a sentirme más segura, más preparada y abierta a transformar mi práctica docente.
- ¿De qué manera influyó la formación en la UAI en tu práctica profesional?
- Influyó profundamente. La Ingeniería en Sistemas Informáticos me dio una base técnica sólida y una forma de pensar los problemas desde una mirada analítica, estratégica y organizada. El profesorado, en cambio, fue una experiencia muy enriquecedora porque me permitió compartir espacios con personas de otras disciplinas y ampliar mi mirada sobre la educación.
Recuerdo especialmente mi grupo de trabajo, integrado por compañeras de áreas muy distintas. Esa diversidad hacía muy rico el intercambio, porque nos obligaba a escuchar otras formas de pensar, enseñar y mirar la realidad. Creo que allí empecé a comprender el valor del trabajo interdisciplinario. Todo ese recorrido me ayudó a construir una práctica docente más reflexiva, más humana y abierta al diálogo y a la innovación.

- ¿Qué competencias considerás imprescindibles para quienes comienzan a enseñar?
- Creo que hay dos cuestiones fundamentales: la vocación y el profesionalismo. La vocación permite encontrarle sentido a la tarea docente, construir vínculos significativos y comprender que uno puede trascender a través de sus estudiantes. Pero también es clave entender la docencia como una profesión que requiere formación permanente, actualización y compromiso personal.
Muchas veces se espera que las capacitaciones lleguen desde afuera, desde el Estado, la institución o los equipos directivos. Sin embargo, cada docente también debe asumir un rol activo en su propio recorrido profesional. Entre las competencias más importantes destacaría la comunicación efectiva, la empatía, la escucha y la capacidad de comprender al otro. Enseñar implica trabajar con personas, contextos y realidades distintas. Por eso, construir vínculos sanos y generar espacios de confianza resulta clave tanto en la escuela secundaria como en la educación superior.
- ¿Cómo se aborda la tensión entre la teoría pedagógica y las exigencias concretas del aula?
- Esa tensión se aborda leyendo el contexto. Actualmente soy regente en una escuela técnica pública, en el turno noche, y eso me enfrenta todos los días a realidades muy diferentes de las que se viven en la universidad. En ese contexto, muchas veces no alcanza solo con la teoría pedagógica: también hay que trabajar desde el acompañamiento, la escucha y la contención.
No es lo mismo dar clases en una universidad privada por la mañana que acompañar trayectorias educativas de jóvenes y adultos que llegan cansados de trabajar, con situaciones familiares complejas o con necesidades básicas no siempre resueltas. A veces, antes de enseñar contenidos, primero hay que preocuparse por que los estudiantes se sientan seguros, escuchados o contenidos.
En la universidad, los desafíos aparecen desde otro lugar. Se trata de estudiantes adultos que saben que la información está disponible en múltiples plataformas, por lo que el reto pasa por motivarlos, sostener la atención, generar participación y construir experiencias de aprendizaje significativas. Para mí, ahí aparece la verdadera práctica docente: en la capacidad de leer cada contexto, comprender las necesidades reales de los estudiantes y adaptar las herramientas pedagógicas a situaciones concretas.
- ¿Cómo llegaste a la docencia y cuáles fueron los principales desafíos de tus primeros años?
- Mi primer recorrido fue en Ingeniería en Sistemas. Nací en Salta y luego vine a Rosario para terminar la carrera. Durante los últimos años de cursado empecé a trabajar en una multinacional y, después del nacimiento de mi hijo, atravesé una crisis vocacional. Empecé a preguntarme qué era realmente lo que quería hacer.
En esa búsqueda hice una Diplomatura en Recursos Humanos y el último módulo estaba vinculado con la capacitación de adultos. Allí recordé cuánto me gustaba enseñar desde la secundaria, donde disfrutaba acompañar, explicar y observar clases. Entonces apareció el profesorado. Después de terminarlo y presentar la tesis, me inscribí en el escalafón y tomé mi primer reemplazo docente. Fue una experiencia hermosa, que me cambió la vida. Encontré en la docencia la posibilidad de ayudar a otros y de generar oportunidades reales a través del conocimiento.
Uno de los mayores desafíos de los primeros años fue el desconocimiento del sistema educativo. Muchas veces uno empieza a trabajar sin saber cómo manejar cuestiones administrativas, licencias, escalafones, inscripciones, normativa o circuitos institucionales. Esa fue una de las partes más difíciles del inicio.
- ¿Cómo estaría compuesto tu “kit de primeros pasos” para quienes comienzan en la docencia?
- Pensando en esas dificultades iniciales, armé para los estudiantes un Drive con materiales básicos y herramientas fundamentales para empezar a trabajar en educación. Allí incluí normativa, anexos curriculares, orientaciones para buscar contenidos mínimos de las materias, información sobre licencias, carga de antecedentes, competencias de títulos, escalafones y páginas oficiales para realizar trámites administrativos. Creo que el conocimiento brinda seguridad. Entender cómo funciona el sistema educativo, cuáles son nuestros derechos y obligaciones, y dónde buscar información permite trabajar con más tranquilidad y confianza.
Desde lo práctico, ese kit incluiría herramientas concretas para comprender el sistema y desenvolverse dentro de él. Pero desde lo humano y emocional, incluiría algo todavía más importante: la capacidad de seguir aprendiendo. Un docente necesita estar dispuesto a escuchar, observar, adaptarse y aprender constantemente, incluso de sus propios estudiantes.

- ¿Cómo estructurás la planificación inicial de una materia nueva?
- La planificación inicial de una materia nueva siempre es compleja, porque implica pensar no solo los contenidos, sino también el sentido que esos contenidos pueden tener para los estudiantes.
Generalmente parto del programa, del currículum, de las competencias y de los objetivos de la materia. Pero, además, como suelo trabajar con cursos superiores, me gusta pensar mi rol como un puente entre distintas etapas: entre la escuela secundaria y la universidad, o entre la formación académica y el mundo laboral.
Por eso intento diseñar actividades y trabajos que resulten útiles, cercanos y significativos. Me interesa que los estudiantes puedan conectar los contenidos con situaciones reales y con herramientas que efectivamente podrían utilizar más adelante. Planifico la teoría y la práctica, pero siempre con propuestas que generen interés, participación y desafío.
- ¿Qué herramientas digitales o recursos tecnológicos recomendás para planificar y acompañar el aprendizaje?
- Actualmente utilizo distintas herramientas de inteligencia artificial para organizar materiales, relacionar contenidos y planificar actividades. Por ejemplo, uso NotebookLM para separar información por materias y construir relaciones entre distintos temas y recursos.
Como la mayoría de las materias que dicto están vinculadas con informática y tecnología, trato de incorporar herramientas cercanas e interesantes para los estudiantes. Me interesa trabajar con propuestas que integren gamificación, inteligencia artificial, realidad aumentada, realidad virtual, producción de podcasts, edición de videos y generación de contenidos digitales.
De todos modos, más allá de la herramienta específica, lo importante es que la tecnología tenga sentido pedagógico. No se trata de usar recursos digitales por novedad, sino de construir experiencias más participativas, creativas y significativas.
- ¿Qué criterios tenés en cuenta al diseñar actividades evaluativas?
- En este momento estoy revisando mucho mis formas de evaluación debido al impacto de la inteligencia artificial generativa. Hoy necesito comprender si los estudiantes realmente entienden aquello que presentan, más allá del producto final. Por eso incorporo cada vez más instancias de defensa oral, explicación de procesos, justificación de decisiones y espacios donde puedan argumentar cómo construyeron sus trabajos.
En secundaria utilizo propuestas en las que deben explicar por qué eligieron determinadas ideas o resoluciones. En la universidad, sumo estrategias como revisión entre pares, rúbricas compartidas y actividades colaborativas. También me interesa trabajar con propuestas cercanas a contextos reales o simulaciones profesionales. Este año, por ejemplo, trabajé con un sexto año de secundaria integrado por 54 estudiantes y los dividí en “consultoras tecnológicas”. Cada grupo tuvo que definir un nombre, una identidad visual, roles y especializaciones. A partir de allí, los trabajos prácticos se desarrollaron como respuestas a distintos clientes y necesidades reales. Muchas veces, evaluar también implica pensar cómo lograr que todos participen, se involucren y encuentren sentido en las actividades.
- ¿Cómo se articulan tu rol directivo en la escuela secundaria y tu tarea como docente?
- Se retroalimentan completamente. Mi rol como regente en una escuela técnica pública me permite aplicar muchas herramientas vinculadas con la organización, la planificación y la gestión que adquirí durante mi formación en Ingeniería en Sistemas. Toda la dimensión estratégica y organizativa encuentra allí un espacio concreto de aplicación. Además, el turno noche me permitió construir un vínculo muy cercano con los estudiantes. Son grupos más pequeños y eso hace posible acompañarlos de otra manera, conocer sus trayectorias y generar espacios más humanos y cotidianos. Compartimos jornadas, actividades, meriendas, mate cocido y distintos momentos que fortalecen el sentido de pertenencia y el vínculo con la escuela.
En la universidad las dinámicas son diferentes, pero también aparecen espacios importantes de acompañamiento. Aunque el contexto cambie, sigo creyendo que, independientemente del nivel educativo o del rol institucional, trabajamos siempre con personas.

- ¿Qué desafíos institucionales observás hoy en la formación inicial docente?
- Uno de los principales desafíos es la soledad con la que muchas veces comienzan quienes ingresan al sistema educativo. Como regente, veo docentes que recién empiezan y atraviesan situaciones similares a las que me tocaron vivir a mí.
Vengo del mundo de la informática, un ámbito donde está muy naturalizado que nadie puede saberlo todo. En tecnología es habitual preguntar, buscar ayuda, consultar foros o aprender de otros colegas. En la docencia, en cambio, esa lógica colaborativa todavía necesita fortalecerse.
En nuestro turno noche armamos una carpeta de bienvenida para docentes nuevos. Allí incluimos información básica pero muy necesaria: nombres y contactos del equipo directivo, preceptores, funcionamiento institucional, cuestiones administrativas y recursos importantes para desenvolverse dentro de la escuela y del turno. Puede parecer algo simple, pero es una de las acciones más valoradas por quienes recién ingresan.
- ¿Cómo se puede fortalecer la gestión de equipos docentes dentro de la escuela?
- Creo que la gestión de equipos docentes se construye principalmente desde el vínculo y desde la posibilidad de generar espacios compartidos. El año pasado, por primera vez en el turno noche, logramos desarrollar un proyecto integrador institucional. Cada año trabajó sobre una producción distinta, con propuestas vinculadas a áreas técnicas, materiales reciclados, carpintería y otros espacios de la escuela.
Para llevar adelante esa propuesta organizamos plenarias docentes, y allí ocurrió algo muy interesante: más allá del proyecto pedagógico para los estudiantes, empezó a construirse un verdadero trabajo en equipo entre los profesores. Había docentes que llevaban años trabajando en la escuela y nunca habían conocido determinados espacios, como talleres o laboratorios. A través del proyecto empezaron a habitar la institución desde otro lugar y a comprender mejor el trabajo de sus colegas. Cada docente aportó desde su área, pero al mismo tiempo se generó un espacio de intercambio y conocimiento mutuo.
Para mí, una de las primeras necesidades de los equipos docentes es justamente esa: crear espacios donde las personas puedan conocerse, compartir y construir proyectos comunes. También es fundamental mejorar la comunicación institucional y fortalecer la circulación de información dentro de la escuela.
- ¿Qué consejos les darías a quienes aspiran a vivir su vocación como docentes?
- El principal consejo sería que cuiden su vocación. Muchas veces esperamos que las instituciones, los equipos directivos o el sistema educativo cuiden esa vocación por nosotros, pero con el tiempo entendí que también es un trabajo profundamente personal.
Aprendí a reconocer qué situaciones me desgastan, qué espacios me hacen mal o qué luchas consumen energía sin generar cambios reales. También entendí que no todas las instituciones tienen la misma cultura organizacional ni los mismos valores. A veces uno encuentra espacios donde puede desarrollarse, sentirse valorado y crecer; y otras veces no.
La docencia es una profesión muy expuesta. Es uno de los pocos trabajos sobre los que permanentemente se opina: cuánto deberíamos ganar, cómo deberíamos trabajar o qué tendríamos que hacer. Muchas veces también es una profesión solitaria. Por eso, cuando uno tiene clara su vocación y logra sostener ese sentido, puede atravesar mejor las dificultades cotidianas.

- ¿Cuáles creés que son las competencias diferenciales que necesita hoy un docente?
- Una de las competencias más importantes es no perder nunca las ganas de aprender. El día que un docente deja de sentirse estudiante, algo empieza a perderse. Volver a ocupar ese lugar permite recordar qué se siente aburrirse en una clase, disfrutar una propuesta interesante, no llegar a estudiar por falta de tiempo o valorar una estrategia pedagógica que realmente funciona.
A mí me pasa constantemente. Voy a clases, hago cursos, participo de formaciones y muchas veces me descubro pensando: “Esto me lo llevo para mis estudiantes” o “Esta dinámica podría volver a implementarla”. Esa actitud de aprendizaje permanente no solo enriquece las clases, sino que también jerarquiza y profesionaliza nuestro trabajo.
No estudio ni me capacito buscando reconocimiento externo. Lo hago porque disfruto aprender y porque me hace feliz sentir que puedo mejorar mis prácticas y llegar mejor a los estudiantes. Creo que esa es una de las mayores recompensas de la docencia: esos pequeños momentos en los que uno percibe que algo realmente quedó.



