Primer Puesto UAI en Hackatón Universitario
Alumnas y una graduada de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) fueron reconocidas por una campaña innovadora destinada a prevenir riesgos en adolescentes. Su propuesta busca reemplazar las tradicionales charlas de concientización por una experiencia participativa, medible y adaptable a diferentes contextos.
Las estudiantes de la Licenciatura en Comercialización de la Sede Rosario, Martina Castellan y Paula Suksdorf Merke, junto con la graduada Lucía Paniagua, obtuvieron el primer lugar en el Hackatón Universitario en Responsabilidad Social Empresaria (RSE) organizado por MOVERSE, una asociación civil sin fines de lucro que funciona como una red de empresas y organizaciones comprometidas con la RSE y la sostenibilidad de triple impacto (económico, social y ambiental)
El evento convocó a estudiantes de diferentes universidades para desarrollar soluciones frente a problemáticas reales. Cada equipo debió seleccionar uno de los desafíos incluidos en un repositorio elaborado por la organización y convertirlo en una propuesta concreta, capaz de generar impacto en la comunidad.
El equipo de la UAI eligió trabajar sobre la prevención de riesgos cotidianos en niñas, niños y jóvenes. El desafío consistía en sensibilizar acerca de peligros viales, domésticos, digitales y financieros a un público que muchas veces no los percibe como propios y que suele rechazar cualquier formato asociado con una charla escolar tradicional.

Para las integrantes, participar significó la posibilidad de salir de su zona de confort y transformar los conocimientos adquiridos durante la carrera en una respuesta aplicable a la realidad. Paniagua explicó que las impulsó la oportunidad de enfrentarse a un problema concreto relacionado con la responsabilidad social empresaria, intercambiar ideas y construir una solución colectiva. “También nos motivaba la posibilidad de sacar la teoría del aula y llevarla a situaciones concretas, trabajando sobre una problemática real en la que pudiéramos generar un impacto”, señaló.
La elección del tema no fue casual. Las participantes reconocieron que los riesgos que atraviesan a adolescentes y jóvenes se encuentran presentes en las calles, las familias y los grupos cercanos. Esa proximidad les permitió vincular el desafío con contenidos propios de la Comercialización, como la segmentación de públicos, el branding, la planificación estratégica y la comunicación dirigida.
Cuatro etapas para transformar la prevención
La propuesta ganadora se estructuró a partir del modelo “CPPS”, una campaña integral diseñada por el equipo para abordar la problemática desde sus causas. Las siglas representan cuatro etapas: Captar, Participar, Profundizar y Sostener.
La primera instancia busca atraer la atención de los adolescentes mediante un lenguaje y recursos cercanos a su realidad. La segunda procura que se involucren activamente, mientras que la tercera apunta a profundizar el conocimiento sobre los riesgos y brindar herramientas para comprenderlos. Finalmente, la etapa de sostenimiento intenta evitar que la iniciativa quede reducida a una intervención aislada. “Este modelo no busca ser una charla de concientización más. Buscamos conectar con esos adolescentes utilizando su propio lenguaje”, afirmó Paniagua.
La campaña fue presentada bajo el concepto “Ay…, pero si todos lo hacen”, una frase que sintetiza uno de los principales factores identificados por el equipo: la presión del grupo de pares y la necesidad de pertenecer. Durante el proceso de investigación surgió una pregunta que orientó todo el proyecto: “¿Qué pasa cuando los jóvenes saben que existe un riesgo y, aun así, lo hacen?”. A partir de ese interrogante, llegaron a la conclusión de que conocer un peligro no siempre alcanza para modificar una conducta.

En muchas situaciones aparece una justificación repetida: “Lo hago porque todos lo hacen”. Por ese motivo, la propuesta no se limita a explicar qué está bien o qué está mal, sino que propone fortalecer el criterio propio y la capacidad de sostener decisiones seguras aun cuando el entorno ejerza presión en otra dirección.
La denominación de la campaña también permite representar diferentes estructuras familiares y figuras de referencia. El concepto puede adoptar expresiones como “Ay, ma”, “Ay, pa”, “Ay, abuela” o “Ay, tío”, de acuerdo con la realidad de cada adolescente. Así, la propuesta cambia la perspectiva tradicional de la prevención. En lugar de concentrarse únicamente en la transmisión de información, trabaja sobre los factores sociales que condicionan la toma de decisiones.
Formación y trabajo colaborativo
El hackatón se desarrolló a lo largo de cuatro encuentros. Los primeros tres se realizaron de forma virtual e incluyeron capacitaciones sobre management empresarial, finanzas, inteligencia artificial, métricas y oratoria, entre otras temáticas necesarias para el diseño de los proyectos. El último tuvo lugar de manera presencial en la Universidad Católica Argentina (UCA). Allí, los equipos participaron del Demo Day y dispusieron de hasta cuatro minutos para defender sus propuestas mediante un elevator pitch.
La dinámica de trabajo, confiesan Lucía, Martina y Paula, fue fundamentalmente colaborativa. En lugar de establecer funciones rígidas, las tres integrantes distribuyeron las tareas según las necesidades de cada etapa. Mientras una trabajaba sobre el pitch, otra avanzaba con la página web o el diseño, y luego todo volvía a ponerse en común para su revisión. “Investigamos, intercambiamos ideas, las cuestionamos y las ajustamos juntas hasta llegar a una propuesta que nos representara a las tres”, resumió Paniagua.
Las jóvenes, explican, aplicaron competencias desarrolladas a lo largo de su formación en la Licenciatura en Comercialización: identificación y segmentación del público objetivo, investigación, construcción de marca, diseño de campañas, planificación, comunicación y presentación de proyectos. Según Paniagua, el abordaje de problemáticas sociales y ambientales estuvo presente en distintas materias de la carrera. Asimismo, la experiencia adquirida mediante trabajos grupales y casos de empresas reales las ayudó a desenvolverse con mayor eficacia durante la competencia.
La presentación del proyecto ante el jurado fue uno de los momentos más desafiantes de la experiencia. Tras varias semanas de trabajo, el equipo debió condensar el diagnóstico, la estrategia y el impacto esperado en una exposición de apenas cuatro minutos. Paniagua recordó que presentar la iniciativa fue “un honor” y aseguró que se sintió cómoda y segura al momento de compartirla. El premio significó para ella una enorme satisfacción y la confirmación de que la propuesta había logrado transmitir con claridad todo el trabajo realizado.

Para Castellan, en cambio, el pitch representó un desafío personal adicional. Inicialmente había decidido no participar de la exposición debido a “los nervios”, pero finalmente optó por hacerlo para superar sus propios límites. “Me demostré a mí misma que soy capaz de hacer más cosas de las que creo”, expresó. La felicitación del jurado por la presentación reforzó ese aprendizaje y le permitió comprobar que podía desenvolverse en una situación que, pocos días antes, le generaba incertidumbre.
Suksdorf Merke acompañó el pitch desde un rol de soporte general y destacó el orgullo que sintió al ver a sus compañeras presentar el proyecto. “Verlas lucirse en cuerpo y voz durante el pitch me llenó de orgullo y me hizo volver a agradecer el haber formado equipo con ellas”, reveló.
El momento del anuncio quedó grabado en las tres integrantes. Antes de conocer el resultado se sentían satisfechas con la presentación, aunque no daban por segura la victoria. “Al escuchar nuestros nombres saltamos de nuestros asientos de la emoción y empezamos a caminar hacia el escenario, riéndonos, aún sin creerlo”, recordó Paula.
Durante la premiación se informó que los proyectos habían sido evaluados por la claridad del mensaje, la capacidad de síntesis, la solidez de la propuesta y la creatividad de la presentación. El jurado también felicitó especialmente al equipo por el pitch realizado.
Una campaña con potencial de crecimiento
El modelo CPPS fue pensado como una estructura adaptable y reutilizable. Aunque nació para trabajar sobre la prevención de riesgos en adolescentes de entre 12 y 18 años, sus creadoras consideran que puede implementarse en otras ciudades, contextos y problemáticas.
La lógica consiste en identificar las causas profundas de una situación y adaptar las etapas de Captar, Participar, Profundizar y Sostener al riesgo que se desee abordar. De esta forma, podrían modificarse los mensajes, las herramientas y las actividades sin perder la estructura general de la campaña.
La propuesta también contempla indicadores para medir su impacto. En el aspecto social, se prevé evaluar la capacidad de los adolescentes para reconocer riesgos, sostener decisiones seguras y responder frente a situaciones de presión grupal. En el plano económico, busca contribuir a la prevención de problemas como las apuestas en línea y el sobreendeudamiento juvenil. En cuanto al eje ambiental, prioriza el uso de códigos QR, plataformas digitales, transmisiones y redes sociales para reducir el consumo de materiales impresos.

Las integrantes esperan que el proyecto pueda concretarse y generar un impacto positivo. Por el momento, están abiertas a recibir propuestas y conversar con instituciones, empresas y especialistas que puedan contribuir a su implementación. Para llevarlo a la práctica sería necesario conformar un equipo interdisciplinario integrado por profesionales de la comercialización, la psicología o la psicopedagogía, el diseño gráfico, la comunicación digital y el desarrollo web. También se requerirían recursos básicos para la producción audiovisual y cartelería ubicada en puntos estratégicos.
El objetivo final trasciende la concientización publicitaria. La campaña pretende que los adolescentes reconozcan las presiones de su entorno, comprendan los riesgos reales y desarrollen autonomía para decidir sin depender de la validación del grupo. El primer puesto obtenido por el equipo de la UAI reconoce una propuesta creativa, pero también una manera diferente de entender la prevención. Como sintetizó Paniagua: “Prevenir no es solo informar: es ayudar a que un adolescente pueda sostener una decisión propia cuando todos a su alrededor lo empujan en otra dirección”.
Aprendizajes para el futuro profesional
Al evaluar su formación, las integrantes señalaron que las problemáticas y soluciones vinculadas con la responsabilidad social empresaria estuvieron presentes a lo largo de su formación universitaria. Según explicó Paniagua, la intención de acercar y debatir temas con perspectiva de RSE apareció, al menos, en una materia durante cada año de cursado.
En el caso de las tres integrantes, existía una marcada preocupación por las perspectivas sociales y ambientales. Esa sensibilidad resultó de gran ayuda durante la selección del desafío y el desarrollo de la solución. La licenciada Florencia Michaut, directora de la carrera de Comercialización, fue quien acercó al grupo la posibilidad de participar del hackatón donde, si bien se desarrolló como una experiencia independiente, la preparación recibida desde los primeros años facilitó su desempeño.
El trabajo con casos empresariales reales y la práctica constante de actividades grupales les brindaron recursos para investigar, debatir, distribuir tareas y construir una respuesta conjunta. La participación y el posterior primer puesto demostraron la posibilidad de trasladar los contenidos académicos a escenarios concretos, atravesados por restricciones de tiempo, criterios de evaluación y necesidades sociales reales.

La experiencia en el Hackatón dejó aprendizajes diferentes en cada una de las integrantes. Para Paniagua, uno de los principales resultados fue la posibilidad de desafiarse en un contexto distinto del habitual. Si bien ya es licenciada en Comercialización y se encuentra trabajando, abordar una problemática nueva le permitió enfrentarse a otras exigencias y conocerse dentro de ese rol. También aprendió a trabajar a contrarreloj, tomar decisiones, resolver problemas y adaptar una idea de manera constante.
Uno de los desafíos más importantes fue sintetizar en pocos minutos todo el trabajo realizado durante dos semanas y encontrar una forma clara, concreta y atractiva de comunicarlo. “Fue una oportunidad para poner en práctica conocimientos que ya tenía, pero desde otra perspectiva, aplicándolos a un desafío completamente nuevo y aprendiendo en el proceso”, afirmó.
Para Castellan, este tipo de experiencias siempre representa una oportunidad para incorporar nuevos aprendizajes. En el plano personal, el hackatón le permitió comprobar que podía hacer más cosas de las que imaginaba. La decisión de participar del pitch fue el ejemplo más claro. Aunque al comienzo quería evitar la exposición, finalmente eligió asumir el desafío. En el plano profesional, la experiencia reafirmó su convicción sobre la importancia del trabajo grupal, ya que consideró que el proyecto no habría alcanzado el mismo resultado si hubiese sido desarrollado de manera individual.

Suksdorf Merke también señaló que la experiencia reafirmó, tanto en lo personal como en lo profesional, el valor del trabajo en equipo. Destacó la importancia de mantener una comunicación constante y de combinar instancias de trabajo sincrónico y asincrónico. Para ella, plasmar en un proyecto real los contenidos estudiados durante tantos años generó una satisfacción especial. Además, observar a sus compañeras y a los demás participantes presentar proyectos orientados al bien común se convirtió en una verdadera fuente de inspiración.
Prevenir no es solo informar
En el eje social del CPPS, el objetivo principal es transformar una norma cultural que puede asociar la aceptación social con la adopción de riesgos. El equipo identificó la idea de que “ser inconsciente es cool” como uno de los factores que pueden influir en las conductas juveniles. Frente a esa percepción, la campaña busca lograr que los adolescentes desarrollen criterio propio y puedan sostener decisiones seguras ante la presión de sus pares.
El propósito no sería solamente aumentar el nivel de conocimiento, sino generar cambios observables en la toma de decisiones. Para medir los resultados, se podrían desarrollar simulaciones de presión grupal antes y después de la intervención. Estas experiencias permitirían observar el porcentaje de cambio en tres variables: el reconocimiento del riesgo, la intención de conducta y la capacidad de sostener una decisión segura frente al grupo.
Además, la campaña incorporaría indicadores de desempeño vinculados con la participación. Entre ellos se encontrarían la tasa de escaneo de los códigos QR instalados en la vía pública, la cantidad de accesos a la plataforma, el nivel de interacción, la tasa de descarga de la aplicación y el porcentaje de usuarios que completan las experiencias propuestas.
Estos datos permitirían evaluar cada etapa del modelo CPPS. La respuesta ofrecería información sobre la capacidad de captar, mientras que la participación en actividades, el avance en los contenidos y la permanencia a lo largo del tiempo permitirían medir las etapas posteriores.

En el plano económico, la campaña busca prevenir riesgos financieros que pueden afectar a los jóvenes, como las apuestas en línea, la ludopatía y las primeras formas de sobreendeudamiento. De esta manera se promoverían decisiones financieras más saludables y brindar herramientas antes de que determinadas conductas se conviertan en problemas de mayor gravedad.
El modelo contempla aprovechar infraestructura y espacios públicos ya existentes, como escuelas, dependencias municipales o lugares comunitarios, para evitar la duplicación de costos y reducir la necesidad de contratar locaciones adicionales.
Aunque la conducta adolescente constituye el foco prioritario, la propuesta incorpora una perspectiva ambiental transversal. El equipo plantea reducir el consumo innecesario de papelería y evitar la distribución de carteles genéricos en grandes cantidades. En su lugar, propone seleccionar ubicaciones estratégicas y utilizar códigos QR para derivar la interacción hacia un ecosistema digital. La plataforma AURA, las transmisiones en línea y las redes sociales concentrarían buena parte de los contenidos y las experiencias.
Desarrollado a partir de la prevención en jóvenes y adolescentes, su lógica no está limitada a esa problemática. El punto de partida consiste en identificar las causas profundas de una situación y diseñar acciones específicas para cada una de las cuatro etapas. En una nueva implementación podrían modificarse el concepto creativo, las actividades participativas, los contenidos de profundización, los aliados estratégicos y los mecanismos de seguimiento.
La utilización de una estructura común facilitaría la adaptación sin necesidad de comenzar desde cero, favoreciendo la réplica en otras ciudades y la articulación con municipios, escuelas, organizaciones de la sociedad civil y empresas locales. “Consideramos que nuestro modelo CPPS es adaptable y reutilizable en diferentes ciudades, contextos y riesgos”, afirmó Paniagua.

Después de obtener el primer premio, las integrantes del equipo UAI manifestaron su interés en continuar desarrollando la iniciativa. Paniagua explicó que les encantaría que pudiera aplicarse porque consideran que cuenta con un alto potencial de impacto. Por el momento, se encuentran abiertas a recibir propuestas y conversar con personas e instituciones que tengan experiencia en la temática.
El primer puesto conseguido por el equipo de la Universidad Abierta Interamericana reconoce mucho más que una campaña creativa. El proyecto reúne investigación, planificación, comunicación, trabajo interdisciplinario, medición de impacto y compromiso social. También cuestiona una de las limitaciones más frecuentes de la prevención: la idea de que informar alcanza para modificar una conducta.
La iniciativa de Castellan, Suksdorf Merke y Paniagua parte de una comprensión diferente. Los adolescentes pueden conocer los riesgos, pero aun así adoptar determinadas conductas por la presión del grupo, el deseo de encajar o la necesidad de validación. Frente a esa realidad, “Ay…, pero si todos lo hacen” propone intervenir sobre las razones que están detrás de la decisión. En lugar de construir una comunicación vertical, busca hablar el lenguaje de los jóvenes, invitarlos a participar y ofrecerles herramientas que puedan utilizar en situaciones concretas.
El resultado obtenido en el Hackatón Universitario de MOVERSE refleja la capacidad de las estudiantes y graduadas de la UAI para integrar formación académica, creatividad y compromiso con la comunidad. El desafío hacia adelante será transformar el proyecto premiado en una experiencia concreta, probar sus herramientas y evaluar su impacto tanto sobre las percepciones como sobre las decisiones de los adolescentes.
Las integrantes ya dieron el primer paso: identificaron una problemática, formularon una pregunta relevante, construyeron un modelo y demostraron que podían comunicarlo con claridad. La frase elegida por Paniagua para sintetizar por qué el proyecto merece atención pública expresa el sentido de todo el trabajo: “Porque prevenir no es sólo informar: es ayudar a que un adolescente pueda sostener una decisión propia cuando todos a su alrededor lo empujan en otra dirección”.


