Aprender haciendo: el camino de una futura licenciada en Comercio Internacional
Desde una mirada externa al mundo del comercio internacional, este puede parecer una cadena de siglas, documentos y cronogramas milimétricos. Por dentro, es algo más humano: vínculos, decisiones bajo presión, conversaciones con clientes, y la necesidad de “leer” cada operación como si fuera única. La idea de que cada operación pide una respuesta a medida es justamente el concepto que la empresa Binder viene comunicando en sus redes sociales, al presentar una incorporación que refleja una apuesta estratégica.
“En Binder seguimos fortaleciendo nuestra política tailor made (hecho a medida); porque para nosotros, la logística de vanguardia también es atención personalizada”, publicó la empresa al anunciar la llegada de Morena Giménez, alumna de cuarto año de la Licenciatura en Comercio Internacional de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), Sede Regional Rosario, quien fue seleccionada como pasante para integrarse al Departamento Comercial.
Morena lee esa bienvenida como un doble desafío: por un lado, la oportunidad de aprender en un entorno real; por el otro, la responsabilidad de estar a la altura de una cultura organizacional que se define por la cercanía con el cliente. En su modo de contarlo, la pasantía no es un “trámite” académico: es una puerta de entrada, con exigencias concretas.
“Me caracterizo por ser responsable, proactiva y con gran capacidad de adaptación. Disfruto aprender, entender los procesos y aportar valor tanto en equipo como de forma individual”, dice, con una seguridad que no suena ensayada sino construida a fuerza de formación, práctica y búsqueda.
Una elección con brújula
Cuando recuerda los motivos que la llevaron a elegir la carrera, Morena no recurre a respuestas genéricas. Habla de curiosidad, sí, pero también de una intuición temprana: quería entender la lógica de los intercambios globales y el modo en que los mercados se conectan.
Eligió Comercio Internacional porque siempre le interesó entender “cómo funcionan los negocios a nivel global y cómo se conectan los distintos mercados”. Le atrae especialmente “analizar cómo interactúan los países entre sí, cómo influyen las decisiones económicas y cómo se desarrollan las operaciones comerciales en un entorno tan dinámico”.

En ese mapa personal, la carrera tiene un punto de gravitación claro, que Morena formula con precisión: “Particularmente, me llama mucho la atención la combinación entre logística, negociación y estrategia comercial. Implica no solo conocimientos técnicos, sino también una fuerte capacidad de análisis y adaptación”.
La elección de la universidad, cuenta, tuvo que ver con esa misma lógica de balance. La UAI le ofrecía una promesa concreta: una formación que no quedara encerrada en el aula. “La elegí porque considero que logra un muy buen equilibrio entre la formación teórica y el enfoque práctico”, sostiene. Y subraya un aspecto que, para quienes se preparan para intervenir en sectores cambiantes, suele ser decisivo: “Valoro mucho que gran parte de los profesores se encuentren trabajando en el sector, nos permite tener una mirada más realista y actualizada del mercado”.
La oportunidad: búsqueda activa y un puente institucional
Al ingresar a una pasantía, aparece una idea central: la preparación no se construye de golpe al final, sino desde el inicio, sumando capas de realidad a lo aprendido. La oportunidad en Binder no llega por casualidad. Morena la presenta como el resultado de una actitud deliberada: salir a buscar experiencias alineadas con la carrera para “entender mejor el funcionamiento real del comercio exterior”. Y aclara que, desde el inicio de sus estudios, tuvo claro que quería complementar la formación académica con práctica.
La práctica preprofesional adquiere una sinergia particular cuando hay estudiantes que quieren entrar al terreno y una institución que puede tender el puente correcto. En su caso, esa conexión se materializó a través del director de la carrera, el licenciado Paulo Lanza, quien acercó la posibilidad. Morena recuerda: “Desde el primer momento, me pareció una oportunidad muy valiosa, no solo por la empresa en sí, sino también por el aprendizaje que implica formar parte de un entorno profesional real, donde se manejan operaciones concretas y se trabaja directamente con clientes”.
Allí aparece Binder en escena, con una identidad propia: grupo de depósitos fiscales y nacionales, con más de 15 años de experiencia en el sector, enfocado en brindar soluciones logísticas a importadores y exportadores de diversos rubros. En ese universo, el Departamento Comercial es una puerta de entrada privilegiada para entender, en tiempo real, cómo se traduce una necesidad en una solución logística.
Morena atravesó un proceso de selección con etapas claras. Primero, una instancia con Recursos Humanos; luego, una entrevista con el Departamento Comercial. No lo narra como una formalidad, sino como una experiencia en sí misma: un recorrido que la ayudó a entender si ese lugar era el indicado. “Pasé por un proceso de selección que incluyó distintas instancias de entrevistas”, cuenta. En la primera etapa, explica, pudo presentar su perfil, intereses y motivación por insertarse en el sector. La segunda entrevista fue la que terminó de darle contexto: “Fue muy enriquecedor, me permitió tener un acercamiento más directo al área en la que iba a desempeñarme”.

El punto más saliente, menciona, es el valor de las entrevistas no solo para “ser elegida”, sino para elegir: “Pude conocer más sobre la dinámica de trabajo, las responsabilidades del rol y las expectativas del equipo. Entender mejor la cultura de la empresa y confirmar mi interés en formar parte del equipo”. La pasantía no improvisa. Define roles, evalúa perfiles, y construye un encuadre de expectativas mutuas.
En esta nueva experiencia, Morena combina ambición con método. No habla de “ver qué pasa”, sino de aprender con intención: observar, preguntar, involucrarse, entender. “Mis expectativas están enfocadas principalmente en poder aprender lo máximo posible, adquirir experiencia práctica y desarrollar habilidades que contribuyan a mi crecimiento profesional”, afirma. Y añade que está en una etapa donde “cada experiencia suma”, por lo que considera “fundamental poder observar, preguntar, involucrarme y entender cómo se desarrollan las distintas operativas”.
Su interés no es solo técnico. Hay una curiosidad específica por el área comercial: “Me interesa especialmente incorporar herramientas y criterios propios del área comercial, como la comunicación con clientes, la interpretación de necesidades y la forma en la que se construyen relaciones a largo plazo”. Dicho de otro modo, Morena no se imagina la logística como un circuito de depósitos y camiones: la ve como un servicio que se diseña con y para personas. Y esa perspectiva dialoga de forma directa con el mensaje institucional de Binder, cuando habla de tailor made y de “atención personalizada, cercana y eficiente”.
Una formación para la inserción en el mercado laboral
Cuando Morena identifica los aspectos más valiosos de su formación académica, nombra tres pilares técnicos: logística, comercio exterior y economía. “Me brindan una base sólida para comprender cómo se desarrollan las operaciones”, dice. Pero enseguida corre el foco hacia lo que, en la vida laboral, suele ser diferencial: las habilidades que no se aprenden memorizando, sino haciendo.
“Más allá de lo técnico, destaco especialmente el desarrollo de habilidades como el pensamiento analítico, la capacidad de adaptación y el trabajo en equipo”, señala. Y lo ancla en su presente: hoy integra un equipo comercial donde “el compañerismo, la responsabilidad y la comunicación son fundamentales”. En ese contexto, sostiene, haber trabajado esas competencias durante la carrera le permitió integrarse de manera más natural y “aportar valor desde el inicio”.
Consultada por las habilidades que le exigen en este nuevo rol, Morena enumera algunas de ellas, que parece ser el ABC del sector: organización, comunicación, aprendizaje rápido, adaptabilidad y enfoque comercial. Y agrega dos claves operativas: proactividad y atención al detalle, porque “muchas veces se trabaja con información sensible y tiempos ajustados”.
En su lectura, la UAI aportó tanto por contenidos como por metodología: “A través del trabajo en equipo y la resolución de casos prácticos me permitieron desarrollar criterio, tomar decisiones y aplicar distintas estrategias de negociación”. Este punto, para una pasantía, es central: no se trata solo de enviar estudiantes a empresas, sino de prepararlos para que lleguen con herramientas reales, lenguaje del sector y capacidad de aportar.
Morena describe su experiencia universitaria como “muy positiva” y remarca un aspecto que suele pasar desapercibido: el acompañamiento activo en el desarrollo profesional. “La UAI no solo brinda herramientas académicas sólidas, sino que también acompaña activamente el desarrollo profesional de los estudiantes”, dice. En ese punto menciona una experiencia puntual: su participación en el Santa Fe Business Forum. En su historia personal, ese evento funcionó como un laboratorio intensivo de habilidades: comunicación, organización, adaptación en un “entorno desafiante y dinámico”.

“Me permitió conocer una nueva faceta de mí misma”, cuenta, y detalla efectos concretos: “desenvolverme en distintas situaciones, fortalecer mis habilidades blandas y generar vínculos con profesionales”. Además, destaca un diferencial directamente conectado con su carrera: “Tuve la oportunidad de poner en práctica idiomas en un contexto real”. En la lógica del “caso testigo”, este tipo de experiencias complementarias suma un argumento fuerte: las pasantías no aparecen de la nada; se construyen sobre un recorrido previo donde el estudiante se expone, se entrena, se mide.
Aprendizajes concretos y una ventana al mundo del trabajo
En el Departamento Comercial de Binder, Morena se encuentra colaborando en tareas que la conectan con la operatoria real: contacto con clientes, seguimiento de operaciones, armado de cotizaciones y apoyo general en la gestión comercial. Lo describe con un detalle que permite visualizar el trabajo: “Participar activamente en el proceso comercial desde sus primeras etapas, entendiendo las necesidades de cada cliente y acompañando el desarrollo de cada operación”. Y anticipa un rol clave: “estar involucrada en el seguimiento continuo, para asegurar una buena comunicación y cumplimiento de los tiempos”.
El trabajo, en su lectura, tiene un aprendizaje de fondo: empezar a entender cómo se construyen relaciones comerciales a largo plazo, “uno de los pilares fundamentales dentro del comercio internacional”. Binder, por su parte, define su misión en términos de servicio: brindar soluciones logísticas integrales “adaptadas a las necesidades específicas de cada cliente”, acompañando cada operación “de manera personalizada y eficiente”. En ese marco, el Departamento Comercial funciona como el nexo entre los requerimientos del cliente y la respuesta de la empresa: generar oportunidades, sostener relaciones, armar cotizaciones, coordinar con otras áreas, y asegurar calidad de servicio.
Morena diferencia lo que “sabía” de lo que ahora “entiende” al vivirlo. En la práctica, dice, está adquiriendo una comprensión más profunda de la dinámica del sector. También habla de una visión integral: “Entendiendo cómo se articulan las distintas áreas dentro de una operación, ver más allá de lo teórico y comprender el impacto real que tiene cada decisión”.
En términos de habilidades, enumera aprendizajes que suelen ser invisibles, pero determinantes: comunicación profesional, organización de tareas, priorización. En un entorno dinámico, aprender a decidir qué va primero no es un detalle: es una competencia. En su día a día, aplica diferentes conocimientos básicos adquiridos a lo largo de la carrera: logística internacional (transporte, operatoria, planificación de envíos), conceptos de comercio exterior para interpretar operaciones en contexto, herramientas de negociación y análisis de costos para cotizaciones y evaluación de alternativas. “Esto me permite conectar constantemente la teoría con la práctica”, resume, entender no solo el “qué” de cada operación, sino también el “por qué”.

Morena no duda al hablar del valor formativo de las pasantías: “Son fundamentales. Permiten aplicar los conocimientos teóricos en un contexto real y comprender de manera más concreta cómo funciona el mercado”. En su mirada, aportan tres cosas: experiencia temprana (que construye seguridad), familiaridad con la dinámica laboral (tiempos, responsabilidades), y un aprendizaje progresivo que evita el salto brusco del aula al trabajo.
“Facilitan un proceso de aprendizaje progresivo, donde uno puede ir incorporándose gradualmente a las tareas, entendiendo en profundidad cada operación y desarrollando habilidades tanto técnicas como interpersonales”, dice. Este enfoque, justamente, es lo que convierte una pasantía en un dispositivo pedagógico: no se trata solo de cumplir determinadas tareas, sino de aprender a pensar como profesional, con acompañamiento y contexto.
La Universidad y la empresa, vistas desde adentro
Como alumna de la UAI, Morena define su experiencia como “muy positiva y enriquecedora”. Destaca la calidad del cuerpo docente, no solo por el contenido, sino por el valor agregado que aporta la experiencia profesional de los profesores, lo que vuelve más tangible el aprendizaje.
También menciona un componente formativo fundamental que, en comercio internacional, suele ser decisivo: el trabajo con casos, equipos y situaciones que exigen comunicación y resolución de problemas. “A través de casos prácticos, trabajos en equipo y distintas actividades, pude adquirir una base sólida y desarrollar habilidades personales como la comunicación, la organización y la resolución de problemas”, relata. Y añade algo que, en el fondo, explica por qué pudo adaptarse favorablemente a un entorno corporativo: “La Universidad me brindó espacios para desafiarme y salir de mi zona de confort”.

En el corto plazo, Morena quiere afirmarse en la empresa que la seleccionó: “Desarrollarme de manera sólida dentro de Binder, aprender sobre las distintas operativas y adquirir una comprensión integral del negocio”. Y menciona un objetivo que suele marcar la diferencia en la evolución profesional: nutrirse de la experiencia del equipo, sobre todo en negociación, toma de decisiones y gestión de clientes. A largo plazo, se proyecta en el sector con ambición realista: “Seguir desarrollándome en el área, asumiendo nuevos desafíos. Aspiro a ocupar roles con mayor responsabilidad, donde pueda aportar valor, tomar decisiones estratégicas y seguir perfeccionando mis habilidades”.
Morena Giménez es una estudiante inquieta, activa y con claridad de objetivos, que entiende la práctica como parte de la formación. En su recorrido académico se encontró con una universidad que la acompaña y conecta, ofreciendo puentes concretos hacia oportunidades reales. Todo esto complementado por una empresa con cultura organizacional definida y necesidades genuinas, que incorpora pasantes a áreas donde se aprende haciendo, y donde la lógica tailor made requiere sensibilidad, criterio y comunicación.
Binder lo sintetiza en su mensaje institucional: escuchar, entender y responder. Morena lo traduce en su propio lenguaje: aprender, involucrarse y aportar valor. Y en esa coincidencia, entre lo que la empresa dice que es, lo que la universidad impulsa, y lo que la estudiante quiere construir, aparece el núcleo de una buena pasantía: una experiencia donde el primer trabajo no es solo un comienzo, sino también una forma de confirmar vocación, afianzar herramientas y empezar a hablar, por fin, el idioma del sector desde adentro.
