Forjando en el exterior un camino de regreso a la vocación

Cuando Sofía Lazzati Corizzo llegó a Italia, en septiembre de 2022, llevaba consigo mucho más que una valija. La acompañaban su título de Licenciada en Producción de Bioimágenes, obtenido en la Sede Rosario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), el deseo de comenzar una nueva etapa y la expectativa de poder desarrollar su profesión en Europa. Sin embargo, el camino que tenía por delante no sería inmediato ni sencillo.

Antes de volver a trabajar en un servicio de diagnóstico por imágenes, Sofía debió adaptarse a un nuevo país, aprender italiano, conocer una cultura laboral diferente y atravesar un proceso administrativo para que su formación fuera reconocida. Durante ese tiempo realizó distintos trabajos, algunos muy alejados de su especialidad, pero nunca perdió de vista el objetivo que la había impulsado a viajar.

Hoy reside en Torino, capital de la región de Piamonte, en el norte de Italia, y trabaja como Licenciada en Producción de Bioimágenes en un poliambulatorio privado ubicado en Nichelino, una localidad cercana a la ciudad. Allí se desempeña con equipos de Resonancia Magnética, Tomografía Computada, Radiología Convencional, Mamografía, Densitometría Ósea, Ortopantomografía y Cone Beam.

Su historia no es solamente la de una graduada que consiguió insertarse profesionalmente en el exterior. Es también un recorrido marcado por la perseverancia, la adaptación, el aprendizaje constante y la convicción de que cada experiencia, incluso aquella que parece alejarse del objetivo principal, puede transformarse en una parte fundamental del camino.

 

Los primeros pasos en la península itálica

Torino no fue su primer lugar de residencia en Italia, pero que terminó convirtiéndose en el lugar donde encontró estabilidad y pertenencia. Su elección no fue casual ni respondió únicamente a una oportunidad laboral. “Elegí este destino después de haber vivido en distintas ciudades y darme cuenta de que Torino era el lugar donde realmente me sentía cómoda”, explica.

La conquistó por su identidad urbana, su patrimonio histórico y su particular combinación entre cultura y naturaleza. “Me gusta mucho su estilo. Es una ciudad con una gran riqueza histórica, una arquitectura imponente y numerosos monumentos”, describe. También existe un aspecto menos visible que despertó su interés desde el comienzo. “Es conocida por su tradición esotérica y por la energía particular que muchas personas le atribuyen, algo que siempre despertó mi curiosidad”, completa.

A esa riqueza cultural se suma un entorno natural privilegiado. La ciudad se encuentra rodeada por los Alpes, una presencia que transforma el paisaje. “Desde mi casa puedo ver algunos picos nevados”, relata Sofía. Para ella, Torino representa “un equilibrio perfecto entre la vida en una gran ciudad y el contacto con la naturaleza”.

Sin embargo, llegar hasta allí implicó transitar por otros destinos. Su primera residencia fue Messina, en Sicilia, donde permaneció durante tres meses luego de arribar al país en septiembre de 2022. Más tarde conoció Torino, se mudó a Milano durante seis meses y posteriormente vivió en la Isla de Elba. Finalmente, en septiembre de 2023, decidió regresar a la capital piamontesa e instalarse allí de manera definitiva.

Ese recorrido le permitió conocer realidades muy diferentes dentro de Italia. Pasó por el sur del país, por una gran ciudad industrial y financiera como Milano, por un destino insular y turístico como Elba, y finalmente por una ciudad del norte con la que sintió una conexión especial. Cada mudanza fue también una instancia de aprendizaje. Cambiar de ciudad significó volver a adaptarse, construir nuevos vínculos y conocer otras dinámicas de trabajo. Con el tiempo, esa capacidad de comenzar nuevamente se convertiría en una de sus principales fortalezas.

El primer empleo de Sofía en Italia fue como “ragazza alla pari”, es decir, como au pair. La propuesta consistía en vivir con esa familia y colaborar en el cuidado de los niños a cambio de alojamiento y comida. Consiguió el puesto a través de la plataforma AuPairWorld, antes de poder acceder a trabajos vinculados con su especialidad. “Fue una experiencia muy enriquecedora porque me permitió integrarme rápidamente a la cultura italiana y aprender el idioma de una forma muy natural”, recuerda.

Vivir dentro de un hogar italiano significó una inmersión cotidiana en el idioma, las costumbres y las formas de relación propias del país. Más allá de las tareas de cuidado, esa primera experiencia funcionó como una puerta de entrada a una sociedad que todavía le resultaba desconocida. En una etapa en la que aún no hablaba italiano con fluidez y no podía ejercer su profesión, el trabajo como au pair le permitió resolver necesidades inmediatas, como la vivienda y la alimentación, al mismo tiempo que comenzaba a comprender la cultura local.

Sofía considera aquel período como parte de su formación personal y de su adaptación al país. Su primer trabajo formal fue en la Isla de Elba, donde se desempeñó como moza en un pequeño bar frente al mar. Después, ya en Torino, preparó desayunos en un hotel, trabajó en una empresa de calefacción y se incorporó a una agencia de empleo, donde realizaba entrevistas laborales. “Cada una de esas experiencias me permitió conocer mejor la cultura laboral italiana, mejorar el idioma y seguir construyendo mi camino profesional”, asegura.

Paradójicamente, mientras esperaba la posibilidad de ejercer su profesión, comenzó a conocer desde adentro los mecanismos con los que las organizaciones italianas seleccionaban personal. Esa experiencia sería valiosa cuando llegara el momento de presentarse a entrevistas para puestos relacionados con la radiología. Desde el primer mes en el país, Sofía había elaborado dos currículums, uno estaba orientado específicamente al sector de la radiología y el otro tenía un perfil más general, destinado a empleos que pudiera realizar mientras avanzaban los trámites profesionales.

 

Cuando la perseverancia abre camino

Aunque todavía no hablaba italiano y sabía que no podía incorporarse inmediatamente a un servicio de diagnóstico por imágenes, decidió presentarse a entrevistas de todo tipo. “Esa trayectoria fue fundamental porque me permitió conocer cómo eran las entrevistas en Italia, ganar confianza y desenvolverme con mayor seguridad”, afirma y agrega: “Cuando pude presentarme a puestos relacionados con la radiología, ya tenía mucha más experiencia en entrevistas laborales y eso hizo que afrontara ese momento con tranquilidad y confianza”, explica.

La principal barrera que encontró Sofía no estuvo relacionada con sus conocimientos técnicos ni con su formación académica. El desafío más complejo fue administrativo. Para ejercer una profesión sanitaria en otro país no alcanza con presentar un título universitario, es necesario acreditar la formación, traducir documentos, cumplir requisitos ministeriales y adaptarse a las normativas vigentes en cada territorio. “Fueron casi dos años de trámites, documentación y tiempos de espera”, resume.

Actualmente, Sofía se encuentra a la espera del reconocimiento definitivo de su título por parte del Ministerio de Salud de Italia, con sede en Roma. Mientras avanza ese procedimiento, puede ejercer gracias a una autorización temporal otorgada por la Región Piamonte a profesionales sanitarios extranjeros que poseen ciudadanía europea.

El contexto sanitario del país también tuvo un papel importante. Durante la pandemia, Italia atravesó una marcada escasez de profesionales de la salud. Ante esa situación, distintas regiones implementaron mecanismos excepcionales para permitir que profesionales extranjeros con ciudadanía europea pudieran ejercer temporalmente mientras tramitaban el reconocimiento de sus títulos.

Con el paso del tiempo, la mayoría de esas medidas dejaron de aplicarse, o modificaron sus condiciones. Sin embargo, dada su residencia en Torino explica: “Piamonte es una de las pocas regiones que continúa prorrogando esa autorización, y ese fue uno de los motivos por los que decidí desarrollar mi carrera y establecerme en esta región”, explica.

“Aunque los tiempos son largos, mi consejo es no rendirse”, sostiene. En su experiencia, tener un objetivo claro y estar dispuesta a atravesar un proceso extenso fue fundamental para no abandonar. Sofía comenzó a ejercer como Licenciada en Producción de Bioimágenes en mayo de 2025, casi tres años después de haber llegado a Italia. Su primera experiencia profesional en el país fue en un hospital público de la ciudad de Asti, situada aproximadamente a 50 kilómetros de Torino.

La vivencia en el efector le permitió conocer desde adentro la organización del sistema sanitario italiano, adaptarse a nuevos protocolos y poner en práctica sus conocimientos en un contexto diferente al argentino. En septiembre de 2025 apareció una nueva oportunidad: Sofía se incorporó a un poliambulatorio privado, donde continúa trabajando en la actualidad con un contrato por tiempo indeterminado.

Su lugar de trabajo está ubicado en Nichelino, muy cerca de Torino. Allí realiza estudios de Resonancia Magnética, Tomografía Computada, Radiología Convencional, Mamografía, Densitometría Ósea, Ortopantomografía, y Tomografía Computada de Haz Cónico. El contrato por tiempo indeterminado representó un avance importante en su estabilidad laboral y personal. También consolidó la decisión de establecerse en Piamonte mientras espera el reconocimiento definitivo de su título.

Sofía cuenta que su jornada laboral comienza generalmente a las 8:45. Antes de recibir a los primeros pacientes debe encender todos los equipos y realizar los correspondientes controles de calidad. “El primer paso es verificar que los equipos funcionen correctamente antes de comenzar la atención”, indica. Estos controles resultan indispensables en un servicio de diagnóstico por imágenes, ya que no se trata solo de obtener estudios técnicamente adecuados, sino también de garantizar la seguridad de los pacientes y de los profesionales.

Sofía trabaja junto a otra colega. Ambas organizan y dividen las tareas para poder desempeñarse en todas las áreas del servicio. La modalidad evita que una de ellas quede limitada a una única técnica y favorece un entrenamiento permanente. “Eso hace que el trabajo sea muy dinámico y me permite mantenerme entrenada en todas las técnicas”, destaca.

La rotación por las distintas áreas requiere versatilidad y capacidad para modificar rápidamente la forma de trabajo. Cada modalidad de diagnóstico posee protocolos propios, indicaciones específicas, parámetros técnicos diferentes y medidas particulares de seguridad. Sofía tiene la posibilidad de trabajar con prácticamente todas las modalidades de diagnóstico por imágenes disponibles en el centro. Utiliza un resonador Siemens Magnetom de 1,5 Tesla, un tomógrafo computado de la misma compañía y equipos destinados a Radiología Convencional, Mamografía, Densitometría Ósea, Ortopantomografía y Cone Beam.

Entre todas las tecnologías disponibles, hay una que ocupa un lugar especial en sus intereses profesionales. “Una de las cosas que más valoro de mi trabajo es haber podido formarme en Resonancia Magnética, ya que es una de las áreas que más me apasiona”, reconoce. Esta área de diagnóstico combina conocimientos de anatomía, física, tecnología y posicionamiento del paciente. También exige una aplicación rigurosa de los protocolos de seguridad y una actualización permanente debido a la evolución de los equipos y las secuencias de adquisición.

El interés de Sofía, sin embargo, no se limita a la realización de estudios. Dentro del poliambulatorio es la persona encargada de comunicarse con los ingenieros cuando se presenta un inconveniente técnico. Hace el seguimiento de las reparaciones y participa en la coordinación de nuevos protocolos. “Siempre aprovecho esas oportunidades para aprender de los especialistas”, señala y añade: “Me interesa entender cómo funcionan los equipos y cómo pueden optimizarse. Es una parte de la profesión que disfruto muchísimo”.

 

Una profesión que une tecnología y contacto humano

La vocación de Sofía por el área de la salud comenzó antes de ingresar a la UAI. Inicialmente se había inscripto en la carrera de Odontología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Sin embargo, después de cursar un año, comprendió que no era la profesión con la que realmente se identificaba.

Cuando conoció la propuesta académica de la UAI descubrió la Licenciatura en Producción de Bioimágenes y encontró una disciplina que reunía dos dimensiones que siempre le habían interesado: el uso de la tecnología y la posibilidad de acompañar a las personas. “Me fascinó la idea de formar parte del proceso de diagnóstico y colaborar con el equipo médico para obtener la información necesaria que permitiera llegar a un diagnóstico preciso”, recuerda.

“Elegí la UAI porque ofrecía una formación muy completa, con una sólida base práctica y excelentes docentes”, afirma. A la distancia y después de haberse insertado profesionalmente en otro país, mantiene una valoración positiva de aquella decisión: “Hoy puedo decir que fue una elección que volvería a tomar”.

Entre todos los espacios de formación de la carrera, Sofía destaca especialmente: “Sin dudas, las prácticas hospitalarias fueron la experiencia más importante de mi formación”, y complementa: “Fue allí donde aprendimos a trabajar con pacientes reales, a desenvolvernos dentro de un equipo de salud y a comprender la responsabilidad que implica nuestra profesión”.

En cuanto a los contenidos teóricos, menciona especialmente Anatomía, Técnicas Radiológicas, Protección Radiológica, Tomografía Computada y Resonancia Magnética. Los conocimientos adquiridos en esas asignaturas continúan presentes en su trabajo cotidiano. Aunque al llegar a Italia debió adaptarse a protocolos diferentes, aprender nuevas formas de organización y familiarizarse con otros equipos, sintió que contaba con los fundamentos necesarios para hacerlo.

“La formación que recibí en la UAI me dio una base muy sólida para desenvolverme profesionalmente”, destaca. Sofía considera que la universidad no solo le proporcionó herramientas técnicas. También le enseñó a razonar, buscar soluciones y mantener una actitud de aprendizaje permanente. “En una profesión donde la tecnología evoluciona todos los días, seguir aprendiendo es fundamental”, sostiene.

La Producción de Bioimágenes implica una interacción constante con profesionales de diferentes especialidades. Sofía trabaja diariamente con médicos radiólogos, neurólogos, traumatólogos, otros profesionales del diagnóstico por imágenes, personal administrativo e ingenieros especializados en equipamiento médico. “Es uno de los aspectos que más disfruto de mi profesión”, asegura al hablar del trabajo multidisciplinario, y agrega: “La comunicación entre todos los profesionales es fundamental para brindar una atención de calidad a los pacientes”.

Para Sofía, el ejercicio profesional exige un equilibrio entre las competencias técnicas y las habilidades interpersonales. Desde el punto de vista técnico, considera indispensable conocer los equipos, aplicar correctamente los protocolos y trabajar en todo momento con la seguridad del paciente como prioridad.

Entre las habilidades blandas más importantes, destaca la empatía, la comunicación, el trabajo en equipo, la responsabilidad y la capacidad de adaptación. “Muchas veces los pacientes llegan con miedo o ansiedad, y una buena atención puede marcar una gran diferencia en su experiencia”, subraya. Explicar qué va a suceder, responder preguntas y transmitir seguridad puede favorecer la colaboración del paciente y mejorar la calidad del estudio.

El desarrollo tecnológico obliga a quienes trabajan en diagnóstico por imágenes a capacitarse de manera continua. Los equipos se actualizan, aparecen nuevos protocolos y se incorporan herramientas que modifican la práctica cotidiana. Sofía participa de los cursos ofrecidos por su lugar de trabajo y por el Colegio Profesional de Técnicos en Radiología de Italia.  Además de las instancias formales, valora especialmente el aprendizaje que surge de la práctica cotidiana. “Intento aprender constantemente de las nuevas tecnologías y de los especialistas que trabajan con los equipos”, explica.

A pesar de las dificultades administrativas y del largo recorrido que atravesó para volver a ejercer, Sofía mantiene intacto el estímulo que la llevó a elegir la carrera. “Hoy me sigue motivando saber que cada estudio puede ser una pieza fundamental para llegar a un diagnóstico y contribuir a mejorar la calidad de vida de un paciente”, destaca.

A partir de su trayectoria, Sofía recomienda que quienes deseen trabajar en Italia se informen exhaustivamente antes de abandonar la Argentina. Uno de los aspectos que considera más importantes es reunir con anticipación todos los documentos posibles, ya que ciertos certificados y constancias solo pueden obtenerse en el país de origen. También señala que no existe un procedimiento único aplicable de la misma manera en todo el territorio italiano. Cada región puede tener normativas, requisitos y mecanismos administrativos diferentes, por lo que aconseja investigar específicamente las condiciones de la región en la que se pretende residir y consultar con personas que hayan atravesado recientemente el proceso.

Otro de sus consejos es no rechazar la posibilidad de comenzar con trabajos ajenos a la profesión. En su caso, esas experiencias le permitieron sostenerse económicamente, aprender italiano, adaptarse al país y prepararse para las entrevistas que más tarde definirían su futuro profesional. “Lo importante es no tener miedo de empezar por otros trabajos mientras se avanza con la documentación”, sentencia.

Cuando piensa en los estudiantes y graduados de la UAI que consideran la posibilidad de trabajar fuera del país, Sofía ofrece un mensaje directo: “Que se animen”. De esta manera resume una experiencia atravesada por momentos de incertidumbre. Cuando llegó a Italia, llegó a pensar que nunca volvería a ejercer su profesión. “Durante mucho tiempo escuché que homologar el título era imposible o demasiado costoso. Hoy puedo decir que no es así”, relata

Aunque ya consiguió incorporarse profesionalmente al sistema sanitario italiano y cuenta con un contrato por tiempo indeterminado, Sofía todavía tiene metas importantes por delante. La primera es obtener el reconocimiento definitivo de su título por parte del Ministerio de Salud de Italia, y su segundo gran objetivo es profundizar su formación en Resonancia Magnética. “Me interesa seguir aprendiendo, adquirir experiencia en distintos equipos y tecnologías, y continuar creciendo profesionalmente. Creo que nuestra profesión está en constante evolución y eso es justamente una de las cosas que más me motiva. Siempre hay algo nuevo por aprender y la posibilidad de seguir perfeccionándose”, concluye.

El camino trazado por Sofía Lazzati Corizzo muestra que la formación universitaria puede convertirse en una base capaz de atravesar fronteras, siempre que se combine con perseverancia, flexibilidad y voluntad de continuar aprendiendo. Su experiencia también ofrece una enseñanza para quienes sueñan con ejercer en el exterior: empezar desde otro lugar no significa abandonar la profesión. En ocasiones, significa construir las condiciones necesarias para reencontrarse con ella.