Más allá del síntoma: una mirada sistémica al suicidio y la salud mental
Por Carlos Eduardo Lavorato. Especialista en Salud Mental y Adicciones.
(En la semana del Día Mundial para la Prevención del Suicidio / jueves 10 de septiembre.)
Hay algo que me llama la atención cada vez que sigo el debate público sobre salud mental adolescente: parece que solo hablamos del tema cuando la tragedia ya ocurrió y está en los titulares. El resto del tiempo, como si el sufrimiento de los jóvenes no existiera. Y la verdad es que para entender el suicidio y el malestar psíquico en esta etapa no alcanza con buscar culpables ni quedarnos con explicaciones de una sola causa.
Hace poco conversé sobre esto con la periodista Alicia Barrios en Radio Perfil. Ella me preguntó por qué un joven llega a tomar una decisión tan drástica, y me pareció importante dejar algo en claro desde el principio: no hay una única razón. Nunca la hay. Detrás hay una red de factores que se van tocando unos a otros, y reducirlo a "tenía problemas" o "estaba triste" no ayuda a nadie.
No es un hecho aislado
El suicidio no es un accidente ni un acto que surge de la nada. Es el punto donde varias vulnerabilidades, acumuladas durante mucho tiempo, terminan convergiendo. Desde los enfoques socioeconómicos de la salud se viene diciendo hace años que el malestar individual no es solo del individuo: tiene que ver con el contexto en el que vive. Cuando un país atraviesa crisis económicas, eso termina golpeando, tarde o temprano, a las familias. Bronfenbrenner (1979) lo explicó con su modelo ecológico: las crisis grandes, las macroestructurales, erosionan la capacidad de la familia —el microsistema— para sostener y contener a sus adolescentes. Y ese adolescente que no encuentra contención en casa, ¿dónde la busca?
Consumos, apuestas y cómo se juntan los riesgos
A las dificultades del entorno se le suman factores específicos que se van alimentando entre sí. Un chico con depresión o bipolaridad que además bebe o consume, tiene un cuadro mucho más complejo. En Argentina, lamentablemente, el alcohol encabeza las estadísticas de consumo en jóvenes, y empeora todo lo que ya estaba mal.
Y en los últimos años apareció un factor nuevo que preocupa mucho: las apuestas online y la ludopatía digital. Pensá que estamos hablando de cerebros que todavía se están desarrollando, frente a plataformas diseñadas para enganchar. El endeudamiento, la frustración, la sensación de estar atrapado sin salida... muchos adolescentes viven eso como algo que no tiene solución. La literatura científica es clara: cuando se combinan impulsividad, consumos y estados depresivos, el riesgo de conducta autolítica se dispara, sobre todo en etapas de transición como la adolescencia (Beck et al., 1996; OMS, 2014).
La familia también es parte del problema... y de la solución
En la consulta veo algo una y otra vez: el síntoma del joven casi nunca es solo del joven. Es la parte visible de algo que está pasando en el sistema completo —la familia, el entorno, el contexto—. Muchas veces encuentro hogares donde se confunde la autoridad con el autoritarismo, y los chicos crecen sin referentes ni límites claros. ¿Para qué necesita un límite? Para sentirse cuidado, no controlado.
Por eso los dispositivos terapéuticos y las comunidades de tratamiento suelen dar lo que el hogar no pudo dar: estructura, un encuadre firme, y sobre todo un lugar donde el dolor se escucha sin juicio. Pero que quede claro: sacar al chico del contexto no basta. Hay que trabajar con los padres, con la familia entera. La terapia familiar sistémica lo viene mostrando desde hace décadas (Minuchin, 1974; Haley, 1980): si no se transforma la red primaria de apoyo, la recuperación no se sostiene.
Hay que actuar antes, no después
Como sociedad tenemos que dejar de naturalizar las señales. Un chico que dice que no quiere seguir viviendo, que piensa que todos estarían mejor sin él, o que muestra conductas disruptivas que antes no tenía, no está "buscando atención": está pidiendo ayuda. Y cuando eso pasa, la respuesta no puede ser esperar. Hay que activar la asistencia profesional de inmediato.
La prevención del suicidio y el abordaje de las adicciones necesitan que todos hagamos nuestra parte: medios que informen con responsabilidad, escuelas que sepan detectar las señales, políticas públicas que pongan recursos reales sobre la mesa, y familias dispuestas a mirarse a sí mismas.
Cuando un joven pierde la esperanza, no hay discurso que lo convenza. Lo que funciona es la intervención temprana y una red de acompañamiento que le devuelva la posibilidad de imaginar un futuro.
Canales de Orientación y Asistencia Inmediata
Si estás atravesando un momento difícil o conocés a alguien que lo necesita, podés comunicarte con:
- Centro de Asistencia al Suicida (Argentina): 135 (línea gratuita desde CABA y GBA) / (011) 5275-1135
- Línea de Salud Mental Nacional: 0800-999-0091
- SEDRONAR (Orientación en Adicciones): Línea 141


