Repensar la adicción: el desafío de formar profesionales sensibles ante la realidad actual
El pasado 30 de mayo la Facultad de Psicología y Relaciones Públicas, realizó el Conversatorio para la prevención del consumo problemático de sustancias y la promoción de conductas saludables, en el estudio de Twitch dirigido para los alumnos y docentes de la Licenciatura en Psicología.
La actividad reunió a profesionales especializados como el Dr. Juan Alberto Yaría, presidente de la Fundación GRADIVA, dedicada a la rehabilitación y prevención de la salud mental, y director de la “CASA JOVEN”, Centro de Reinserción Social para el Drogadicto y su Familia; el Mgtr. Guillermo Tamborrel Suárez, consultor de adicciones y políticas públicas para grupos vulnerables; la Dra. Ana María Galán, psicóloga y coordinadora en el Instituto Municipal de Prevención de Adicciones de Avellaneda; y el Dr. Israel Figueroa, destacado psicólogo y especialista clínico reconocido por su experiencia en el tratamiento de adicciones y la neurobiología del comportamiento, para abordar la prevención del consumo de sustancias desde una perspectiva preventiva, promoviendo un espacio de intercambio y reflexión.
Quienes coordinaron y llevaron este conversatorio adelante fueron el Lic. Ernesto Federico País, director de la carrera de Licenciatura en Psicología; la Dra. Vanina Schmidt, investigadora del CONICET, profesora adjunta regular en Facultad de Psicología (UBA), directora de Proyectos de investigación y extensión sobre problemáticas de consumo en adolescencias y autora de numerosos artículos científicos y libros; y el Lic. Carlos Eduardo Lavorato, un destacado psicólogo y especialista argentino con una vasta trayectoria en el ámbito de la prevención, asistencia y docencia vinculada a las drogodependencias y el abordaje comunitario.
El conversatorio planteó cómo se deben formar futuros psicólogos que sean profesionales en la prevención de los consumos, destacando el preocupante descenso en la edad de inicio (niños de 8 años) y la complejidad de los nuevos consumos caracterizados como impredecibles y altamente dañinos.
Además, la sociedad se encuentra ante un escenario de “caída de la palabra”, una cultura que naturaliza el consumo a través del narcomarketing y una fragmentación del tejido social e institucional. Sobre ello, los expositores enfatizaron que los modelos tradicionales basados meramente en la información son insuficientes. En su lugar, abogaron por un cambio de paradigma hacia la construcción de una comunidad integrada y redes preventivas locales que promuevan factores protectores, habilidades socioemocionales y, fundamentalmente, la recuperación del sentido de vida como ancla terapéutica, entendiendo la recuperación no como una meta lineal, sino como un proceso colectivo de aprendizaje y reconstrucción de valores humanos frente a la inmediatez y el vacío existencial.
El vacío que ocupa la adicción
En una entrevista exclusiva con el Departamento de Prensa de la Universidad Abierta Interamericana, Eduardo Lavorato, amplió la información brindada en el conversatorio. Según él, que un niño de 8 años esté consumiendo habla de un fracaso múltiple y simultáneo del entorno donde vive: “en la experiencia que llevamos adelante en Rawson, San Juan, uno de los aprendizajes más contundentes fue que cuando las instituciones aparecen a tiempo — con presencia real, no con recursos escasos y voluntarismo — los indicadores cambian. Pero cuando el Estado llega tarde o no llega, el vacío lo ocupa el consumo. Ese niño de 8 años no es un caso clínico aislado, es el síntoma de decisiones erróneas o que directamente no se tomaron”.
Además, explicó que les enseña a los estudiantes de la UAI qué deben hacer ante un caso de consumo precoz ya que no corresponde quedarse en el diagnóstico individual, sino que “pregunten qué falló antes, qué institución no estuvo, qué adulto no apareció”. “Desde CIMACUP venimos insistiendo en que la edad de inicio del consumo es uno de los indicadores más sensibles del nivel de cohesión social de una comunidad. Cuando ese número baja, algo muy profundo se está quebrando”, añadió el psicólogo.
El Lic. Lavorato remarcó la importancia del proyecto de vida que no se construye con técnica, sino con un vínculo afectivo: “eso es lo primero que intento instalar en el consultorio, que el paciente sienta que hay alguien del otro lado que lo escucha sin juzgarlo y lo valida afectivamente. El pasaje de un círculo a otro no ocurre por voluntad abstracta sino por una transformación del contexto emocional, vincular y social en el que la persona está inmersa. Cuando los valores parecen sintéticos y todo es descartable, lo que más pesa es un encuentro auténtico”.
Agregó que el proyecto de vida no debe ser una meta lejana sino hay que trabajarlo desde lo cotidiano: “¿qué te importa hoy? ¿Qué no querés perder? Debemos lograr conectar al joven con algo que valga la pena cuidar — un deporte, un espacio, una persona — y el consumo pierde terreno. La palabra proyecto asusta, la pregunta ¿qué querés cuidar? moviliza”.
En cuanto a la explicación de la frase los libros se nos queman expuesta en el conversatorio, los marcos teóricos que se aprenden en la universidad, son válidos en sus bases, pero la complejidad y la velocidad de los consumos actuales exigen una permanente actualización. “Tenemos pacientes con patologías tribales, afectados en su estado físico, psiquiátrico y con policonsumos. El consumo es más precoz, más combinado, más normalizado. No diría que las teorías quedaron obsoletas, sino que se vuelven insuficientes si se aplican de forma rígida. El riesgo mayor es creer que ya sabemos todo y dejar de preguntarnos. La clínica hoy nos exige una humildad y revisión permanente”, indicó Lavorato.
El psicólogo también aclaró por qué propuso el cambio de la palabra recaída por aprendizaje: “cuando el paciente escucha recaíste, activa automáticamente el circuito de la vergüenza y el fracaso. Eso genera abandono del tratamiento. Cuando en cambio trabajamos desde la pregunta ¿qué nos enseñó este episodio?, el consumo se convierte en información clínica valiosa. Los pacientes que podían leer sus episodios como parte de un proceso mostraban mayor continuidad en el tratamiento”.
El espacio terapéutico es distinto cuando los terapeutas logran salir de la posición de expertos y se convierten en testigos de un paciente roto y desvinculado, según Lavorato, se necesita a alguien que reciba al paciente sin condenarlo por su historia: “en la docencia en la UAI siempre explico que la primera herramienta terapéutica no es ninguna técnica, es la presencia. Cuando eso ocurre, la palabra empieza a pesar de nuevo. No porque el terapeuta haga algo extraordinario, sino que el encuadre le devuelve al paciente la posibilidad de decir cosas que nunca dijo en voz alta sin que eso genere rechazo. La contención técnica sin valores éticos es un andamio vacío”.
Para el psicólogo, el adolescente que está inmerso en el consumo y viene de un entorno de abandono no es un problema, es quien está cargando el peso de un sistema que lo dejó solo: “la prevención en estos contextos es, fundamentalmente, la reconstrucción de un vínculo. Que el adolescente tenga un adulto de referencia que no lo abandone, que aparezca, aunque él no aparezca. Cuando la familia no puede cumplir esa función, la institución — el docente, el trabajador social, el psicólogo — tiene que poder hacerlo. Para eso hay que dotar esas instituciones de recursos reales y no de buenas intenciones”.
También, planteó cómo la sociedad está sumida en un algoritmo lleno de publicidades que promocionan apuestas y alcohol donde el mensaje que hace ruido y los testimonios reales son los únicos métodos que pueden ayudar a combatir la soledad y a tomar conciencia: “la prevención efectiva no es un spot, es un tejido social. El narcomarketing gana en el vacío. Donde hay comunidad, donde hay sentido de pertenencia, donde hay valores, y donde se hace juicio crítico con los consumos de las pantallas, la banalización del consumo de drogas y alcohol, pierden fuerza”.
“La barrera más profunda no es técnica ni cultural: es la falta de voluntad política real, sostenida en el tiempo y dispuesta a incomodar intereses. Los conocimientos, los profesionales y los modelos internacionales exitosos están documentados. En Argentina, la última campaña de prevención que alguien recuerda tiene décadas. No porque no haya profesionales capaces de diseñarla, sino porque cada vez que algo empieza, se cancela, se aborta o se diluye. Mientras la prevención no sea una política de Estado con presupuesto real, metas medibles y continuidad más allá de los ciclos electorales, vamos a seguir corriendo detrás”, manifestó el profesional.
Finalmente, el psicólogo señaló cómo los estudiantes de psicología deben estar capacitados para sostener la incertidumbre, no distanciarse de sus pacientes y tener la capacidad de generar confianza para preguntar sobre los consumos sin tener miedo: “los sistemas de salud están desbordados en parte porque los profesionales de atención primaria no saben qué hacer cuando el consumo aparece en la consulta”.


