Excelencia académica, vocación tecnológica y una mirada humana sobre el éxito
Cuando recibió la noticia de que había sido distinguida con el premio Cuadro de Honor que entrega la revista Punto Biz a los mejores promedios de graduados universitarios de la provincia de Santa Fe, Marcia Orozco sintió una mezcla de sorpresa, alegría y gratitud. Profesional formada en la carrera de Ingeniería en Sistemas Informáticos de la sede Rosario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), considera que el reconocimiento trasciende lo individual y refleja un recorrido compartido con quienes la acompañaron durante años.
“Recibir esta distinción fue una grata sorpresa y un reconocimiento al esfuerzo y la dedicación durante mis años de estudio. También fue una linda noticia para compartir con mi familia, que me acompañó a lo largo de toda la carrera”, afirma.
La historia de Orozco está ligada desde muy joven al mundo de la tecnología. Mucho antes de convertirse en ingeniera, ya pasaba horas frente a una computadora, explorando herramientas digitales, divirtiéndose con videojuegos y descubriendo las posibilidades creativas de Internet. Aquella curiosidad inicial terminó transformándose en una vocación.

“Desde muy chica me interesó el mundo de la informática. Pasaba mucho tiempo en la computadora, jugando videojuegos y, más adelante, empecé a experimentar con el diseño y la personalización de páginas web. Ese interés fue lo que me llevó a elegir Ingeniería en Sistemas Informáticos”, recuerda.
La elección de la UAI como entidad formadora respondió tanto a sus aspiraciones académicas como a la necesidad de encontrar una universidad que se amoldara a su realidad personal y profesional. “Buscaba una institución que me permitiera continuar mi formación académica y que se adaptara a mis posibilidades y necesidades en ese momento”, explica.
Formación y trabajo: un camino recorrido en simultáneo
La experiencia universitaria de Marcia estuvo marcada por un rasgo particular: realizó toda la carrera mientras desarrollaba su actividad profesional en la industria tecnológica. De hecho, su inserción laboral precedió a su ingreso a la universidad. “Antes de comenzar mis estudios universitarios ya trabajaba como desarrolladora frontend, por lo que tuve la oportunidad de complementar la formación académica con la experiencia laboral”, señala.
Durante esos años logró combinar estudios, trabajo y vida personal, una tarea que reconoce como compleja y que no depende únicamente de la voluntad individual. Desde su propia experiencia, prefiere poner en valor la influencia que tienen las condiciones sociales y económicas en las trayectorias educativas.

“Creo que es importante reconocer que no todos partimos de las mismas condiciones. Encontrar un equilibrio entre el trabajo, el estudio y la vida personal es mucho más difícil para quienes tienen jornadas laborales extensas o mayores responsabilidades económicas”, reflexiona. Y agrega: “Poder dedicarle tiempo a una carrera universitaria también depende de las oportunidades y el contexto de cada persona, y no solamente de la organización o el esfuerzo individual”.
Al momento de evaluar su paso por las aulas, destaca especialmente el acompañamiento docente y el vínculo cercano que pudo construir con profesores y compañeros: “Mi experiencia fue positiva en términos generales. Fue una etapa en la que pude avanzar con mi formación académica, incorporar conocimientos y a su vez combinar los estudios con otras responsabilidades. Una de las cosas que más valoro es el acompañamiento de los profesores y la posibilidad de tener un trato más cercano con ellos”.
El apasionante universo del desarrollo web
Dentro de las distintas áreas que atravesó durante la carrera, fueron las asignaturas vinculadas a programación las que dejaron una huella más profunda. Particularmente aquellas vinculadas con el desarrollo web, disciplina en la que hoy se desempeña profesionalmente.
“Las materias relacionadas con programación fueron las que más me interesaron, especialmente las de desarrollo web. En ellas trabajamos con tecnologías como HTML, JavaScript, React y Node.js, que tienen una aplicación directa en el ámbito laboral y están relacionadas con el área en la que me desempeño actualmente”, revela.
Actualmente trabaja como desarrolladora frontend en una empresa de software, participando en proyectos de aplicaciones web y móviles para una importante entidad bancaria de Latinoamérica. Su labor consiste en construir las interfaces con las que interactúan los usuarios, una especialidad que combina creatividad, lógica y conocimientos técnicos.

Sin embargo, considera que la dinámica de la industria tecnológica obliga a una formación permanente. En un sector donde las herramientas evolucionan constantemente, el aprendizaje autodidacta ocupa un lugar central, por eso cuenta: “Realicé algunos cursos complementarios en otras instituciones, aunque considero que gran parte de mi formación se dio de manera autodidacta. En el ámbito de la tecnología es fundamental mantenerse actualizado, y creo que la curiosidad, la constancia y la capacidad de aprender por cuenta propia son tan importantes como la formación académica”.
Esta visión también la lleva a plantear una reflexión sobre los desafíos que enfrentan las universidades en la formación de profesionales tecnológicos. “La universidad es muy importante porque brinda bases teóricas y conocimientos fundamentales, pero también creo que existe una distancia entre lo que se enseña en las aulas y las herramientas y tecnologías que se utilizan en el ámbito profesional”, sostiene. Por eso, considera indispensable complementar los estudios con una búsqueda permanente de nuevos conocimientos y competencias.
El valor de los vínculos
Si bien su trayectoria está profundamente ligada al mundo de la programación, cuando se le pregunta qué fue lo más valioso que le dejó la universidad, su respuesta se aleja de las cuestiones estrictamente técnicas. “Más allá de los conocimientos técnicos, creo que una de las cosas más valiosas que me dejó la carrera fueron los vínculos con otras personas”, asegura.

Para Marcia, la construcción de relaciones humanas es un aspecto fundamental del crecimiento profesional. Compañeros, colegas, amigos y contactos pueden convertirse con el tiempo en socios de proyectos, referentes o incluso puertas de entrada a nuevas oportunidades laborales.
“Conocer compañeros, compartir experiencias y construir buenas relaciones es algo que también tiene mucho valor en el ámbito profesional. Muchas veces esas personas pueden ayudarte, orientarte o acercarte oportunidades laborales en el futuro, y uno también puede hacer lo mismo por ellas”, considera.
Una mirada distinta sobre el éxito
A diferencia de lo que podría suponerse en alguien que acaba de ser reconocida por su excelencia académica, Marcia evita asociar el éxito únicamente a las calificaciones. Su mensaje hacia los estudiantes está atravesado por una fuerte invitación a respetar los propios tiempos y procesos.
“Me gustaría transmitirles que lo importante es enfocarse en el propio camino y no compararse con los demás. Cada persona tiene una realidad diferente, con sus propias oportunidades, dificultades y tiempos”, asevera. Para ella, las distinciones pueden ser valiosas y estimular la voluntad, pero no deben transformarse en una herramienta de comparación.
“Un reconocimiento académico puede ser motivo de orgullo, pero no debería convertirse en una medida del valor o del esfuerzo de otras personas”, sentencia. Y resume su filosofía con una frase que invita a la reflexión: “Creo que está bueno aspirar a dar lo mejor de uno mismo y saber que cada uno hace lo que puede con las herramientas y las circunstancias que tiene”.

Aunque la obtención de su título y la distinción de Punto Biz representan hitos significativos, Orozco entiende que el aprendizaje no se detiene. Sus próximos desafíos profesionales están vinculados a la innovación tecnológica y, especialmente, a la inteligencia artificial.
“A corto plazo, mi objetivo es seguir aprendiendo y creciendo profesionalmente, especialmente en áreas como la inteligencia artificial, que está transformando rápidamente la industria del software y nos exige mantenernos actualizados”, revela. A mediano plazo, proyecta ampliar horizontes y explorar nuevas oportunidades dentro de un sector caracterizado por el cambio constante: “Me interesa explorar nuevas áreas dentro de la tecnología, ampliar mis horizontes profesionales y mantenerme abierta a las oportunidades que puedan surgir en una industria que está en constante evolución”.
Pero su interés va más allá del desarrollo de software. Existe una causa que la moviliza especialmente: la necesidad de impulsar una mayor participación de las mujeres en el ámbito tecnológico. “Me gustaría poder acompañar y orientar a otras mujeres que estén comenzando sus estudios o dando sus primeros pasos en la industria, y contribuir a que cada vez más mujeres se animen a desarrollarse profesionalmente en este campo”, expresa.
Un mensaje para los que recién comienzan
Al momento de ofrecer un consejo a los futuros estudiantes de Ingeniería en Sistemas Informáticos, la flamante integrante del Cuadro de Honor combina realismo y optimismo. Recomienda aprovechar al máximo la formación universitaria, pero sin descuidar el aprendizaje independiente y la experiencia práctica.
“A medida que avancen en la carrera y vayan descubriendo qué área de la informática les interesa, investiguen qué tecnologías y conocimientos se buscan en el mercado laboral y, si tienen la posibilidad, comiencen a estudiarlos por su cuenta”, recomienda

También alienta a buscar experiencias profesionales incluso antes de graduarse:
“La universidad brinda una base importante, pero muchas de las herramientas que se utilizan en el trabajo diario requieren un aprendizaje complementario. Por eso, también recomendaría no esperar necesariamente a recibirse para buscar las primeras experiencias laborales”.
Su propia historia parece dar sustento a esa recomendación. Con una carrera construida simultáneamente entre el estudio y el trabajo, con excelencia académica y experiencia profesional, Marcia Orozco representa el perfil de una nueva generación de profesionales tecnológicos: personas que entienden la importancia del conocimiento, pero también el valor de la colaboración, el aprendizaje continuo y la empatía.
El premio Cuadro de Honor llega como reconocimiento a ese recorrido. Sin embargo, en sus propias palabras queda claro que lo considera menos una meta alcanzada que un nuevo punto de partida para seguir creciendo, aprendiendo y contribuyendo al desarrollo de una industria que, en constante ebullición, cambia día a día.



