Estudiantes de Tecnología Informática de la UAI desarrollaron una solución tecnológica para emergencias
Siete estudiantes de la Universidad Abierta Interamericana participaron de un rally de innovación en el que pusieron a prueba sus conocimientos y habilidades para desarrollar una solución tecnológica frente a una problemática de impacto social.
El equipo estuvo integrado por Berenice Lourdes Balich, Kevin Essayan, Romina Galizio, Valentina Lorelei Heinen, Mayra Alejandra Ojeda Paredes, María Fernanda Romero Querales y Axel Leonel Gasser. Durante la competencia, eligieron el desafío “Optimización y priorización de recursos y esfuerzos en la post-emergencia”, con el objetivo de pensar alternativas que contribuyeran a mejorar los procesos de búsqueda y rescate de personas.
Para Axel Leonel Gasser, uno de los integrantes, la motivación principal fue la posibilidad de enfrentar un problema concreto y aplicar los conocimientos adquiridos durante la carrera. “Sabía que sería un espacio para poder aplicar los conocimientos aprendidos durante la carrera e integrarlos mejor, adquiriendo también nuevas habilidades”, explicó.
El proceso de trabajo comenzó con el análisis de situaciones de emergencia, como terremotos e inundaciones. A partir de esa primera aproximación, el equipo investigó casos actuales, examinó las soluciones tecnológicas disponibles y buscó oportunidades para mejorar las herramientas existentes.
De ese recorrido surgió el primer concepto de NEXO, un proyecto basado en una aplicación para celulares que permitiría a las personas afectadas por una emergencia interactuar con los rescatistas mediante una red creada en el lugar del incidente.
La propuesta evolucionó a medida que avanzaba el desarrollo. Una vez definida la estructura general del sistema, los estudiantes incorporaron nuevas funcionalidades para contemplar distintas necesidades de los usuarios. Entre ellas, plantearon que el teléfono no se limitara a mostrar mensajes, sino que también pudiera vibrar y activar la luz del flash de la cámara para facilitar su localización e interacción por parte de personas con dificultades visuales o auditivas.
Para construir la propuesta, el grupo combinó la generación de ideas propias con la investigación de soluciones existentes y la consulta de fuentes científicas. También presentó sus planteos ante mentores y profesionales para recibir devoluciones y evaluar su viabilidad.
Uno de los principales desafíos fue desarrollar el proyecto dentro del tiempo disponible. Según relató Gasser, el equipo debió definir con precisión qué aspectos de la problemática podía abordar y cuáles quedaban fuera de su alcance.
La organización fue fundamental para avanzar. Primero eligieron un líder, realizaron una lluvia de ideas y establecieron una línea de trabajo compartida. Luego, distribuyeron las tareas en dos grupos que desarrollaron diferentes partes del proyecto, manteniendo una coordinación constante: “No funcionamos como dos grupos diferentes con el mismo proyecto, sino como dos flujos de trabajo diferentes que se complementaban”, destacó.
La planificación también permitió reducir el tiempo destinado a desarrollar ideas que finalmente podían descartarse. Antes de escribir código, los estudiantes analizaron el problema, diseñaron posibles soluciones y evaluaron distintas alternativas. De esa manera, pudieron concentrar sus esfuerzos en las funcionalidades que consideraban más relevantes.
La dificultad de cumplir con los plazos exigió, además, reconocer las capacidades del equipo y ajustar el alcance de la propuesta. Finalmente, lograron presentar el proyecto 17 minutos antes del cierre de la entrega.
La experiencia les permitió poner en práctica herramientas de gestión de proyectos, planificación y administración del tiempo, además de fortalecer habilidades vinculadas con la comunicación, la delegación de tareas y el trabajo colaborativo.
Para el equipo, uno de los aspectos más valiosos fue comprobar que los conocimientos adquiridos durante la formación universitaria pueden convertirse en propuestas orientadas a resolver necesidades concretas: “Lo que más disfrutamos fue el poder crear una solución que podría ayudar a las personas con los conocimientos que aprendimos mientras transcurrimos nuestras carreras universitarias”, expresó Gasser.
Los estudiantes también destacaron el valor de este tipo de competencias como preparación para el ámbito profesional. Trabajar con personas con las que no habían compartido proyectos anteriormente y responder a plazos exigentes les permitió ejercitar habilidades que consideran fundamentales para su futuro laboral.
En ese sentido, resaltaron la importancia de que la UAI participe de estas experiencias, que ofrecen oportunidades para crecer tanto en el plano profesional como en el personal.
A quienes tienen interés en participar de una competencia similar, pero todavía no se animan, Gasser les dejó una recomendación: “¿Qué es lo peor que podría pasar?”.


