Alimentación saludable ante la llegada del frío: Consejos de Daniela Pascualini en Infobae
En el marco de la sección “Generación Silver” que lleva adelante el diario Infobae, dedicada a visibilizar las experiencias, intereses y desafíos de adultos mayores activos, independientes, conectados digitalmente y con nuevos proyectos de vida, la especialista Daniela Pascualini, directora de la Licenciatura en Nutrición de la Sede Rosario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), compartió una serie de recomendaciones orientadas a sostener una alimentación equilibrada durante los meses fríos.
La nutricionista aportó una mirada profesional sobre los cambios que suelen producirse en otoño e invierno en relación con el apetito, la actividad física, la hidratación y la calidad nutricional de las comidas, especialmente en una etapa de la vida en la que el bienestar general requiere más atención a los hábitos cotidianos.
A lo largo de la entrevista, Pascualini explicó que con la llegada del frío el organismo activa mecanismos fisiológicos para conservar su temperatura corporal, lo que puede generar una percepción mayor de hambre o una inclinación hacia preparaciones más calóricas y reconfortantes. Sin embargo, aclaró que esta reacción del cuerpo no debe interpretarse como una autorización para comer en exceso ni como una justificación para descuidar la calidad de la dieta. “Con el frío, se produce un aumento del metabolismo para regular nuestra temperatura corporal. Tanto en invierno como cuando hace mucho calor, nuestro cuerpo necesita mantener una temperatura constante de 36 °C”, señaló. Pero inmediatamente marcó un límite claro a esa explicación biológica: “Tampoco es que el cuerpo gasta una locura de energía. No porque salgamos un día con una temperatura muy baja y el organismo trabaje para mantener la temperatura significa que podemos comer de manera indeterminada”.
En ese sentido, sostuvo que el principal desafío no pasa por prohibir determinados platos típicos de la temporada, sino por aprender a moderar las porciones, revisar los ingredientes y elegir mejores formas de cocción. Según explicó, durante los meses fríos suele producirse una combinación de factores que impactan directamente en la salud: disminuye la actividad física, se pasa más tiempo en ambientes cerrados, aumenta el sedentarismo y aparecen con más frecuencia alimentos ultraprocesados, ricos en grasas, azúcares y sodio.

Pascualini también llamó la atención sobre un aspecto que suele pasar inadvertido en otoño e invierno: la hidratación. Aunque en esta época del año la sensación de sed disminuye, la necesidad de agua del organismo sigue siendo la misma. Por eso, insistió en la importancia de sostener una buena ingesta de líquidos aun cuando no aparezca el deseo espontáneo de beber. En este sentido, recomendó apelar no solo al agua, sino también a infusiones con poca azúcar, caldos caseros y preparaciones con verduras que permitan aportar líquidos de manera saludable.
Otro de los puntos centrales de la entrevista estuvo vinculado con el sistema inmunológico y con la necesidad de reforzar el consumo de nutrientes protectores durante el invierno. Lejos de asociar la temporada únicamente con guisos, harinas o platos abundantes, Pascualini remarcó la importancia de mantener una presencia cotidiana de frutas y verduras en la alimentación. “Las frutas y las verduras siempre van a ayudar a que nuestro organismo tenga sobre todo vitamina C y zinc. Microelementos que hoy por hoy se saben que ayudan muchísimo al sistema inmune”, afirmó. A partir de esta idea, destacó que alimentos como los cítricos, el kiwi, la frutilla, el tomate, el brócoli y el morrón resultan especialmente valiosos por su aporte de vitamina C, mientras que las legumbres, los frutos secos, las carnes, los huevos y los lácteos contribuyen con proteínas, hierro y zinc, nutrientes fundamentales para el mantenimiento de las defensas y la vitalidad.
La directora de la carrera de Nutrición también se detuvo en una cuestión muchas veces subestimada: la manera en que se cocinan los alimentos. Según explicó, una cocción excesiva puede deteriorar de forma considerable vitaminas y micronutrientes, por lo que recomendó prestar atención al tiempo y al método utilizado, en particular con verduras de hoja y hortalizas que suelen formar parte de sopas, tartas o preparaciones calientes. De este modo, insistió en que la alimentación saludable en invierno no consiste solo en elegir qué se come, sino también en saber cómo se lo prepara para conservar la mayor calidad nutricional posible.
En relación con los platos más tradicionales de la temporada, Pascualini mencionó al guiso de lentejas como un plato fundamental para la alimentación invernal, no solo por su valor nutritivo sino también por su rendimiento y versatilidad. “El guiso de lentejas es un gran aliado; además de nutritivo, es muy rendidor”, expresó. No obstante, aclaró que sus beneficios dependen de cómo esté preparado. Para evitar un exceso de calorías y grasas, recomendó elaborarlo con carnes magras, retirando la grasa visible, e incorporar una buena cantidad de verduras como tomate fresco, calabaza, zanahoria, papa y arvejas, limitando al mínimo el uso de aceite.

La nutricionista remarcó, además, que uno de los grandes ejes para sostener una alimentación saludable en invierno es el control de las porciones. Frente a la tendencia habitual de servir platos más abundantes cuando bajan las temperaturas, propuso una referencia visual concreta y sencilla. “La medida justa es un plato playo al ras, tomando como referencia el fondo y no los bordes. Nada de montañas de comida”, indicó. Incluso, sugirió como recurso práctico acostumbrarse a utilizar platos más pequeños, como los de postre, para ordenar mejor la ingesta desde lo visual y evitar excesos sin necesidad de cálculos complejos.
Pascualini destacó el valor de las sopas caseras como estrategia para llegar con menos ansiedad al plato principal y favorecer una mayor sensación de saciedad. “Ayuda un montón, sobre todo si le agregamos una cucharadita de avena o algún cereal. Esto retrasa el vaciado gástrico y nos da más saciedad”, explicó. Aun así, hizo una advertencia importante respecto de las versiones industriales o comerciales, que suelen contener altos niveles de sodio y conservantes. Este punto resulta especialmente sensible en adultos que deben controlar su presión arterial o prevenir enfermedades cardiovasculares, por lo que su recomendación es clara: priorizar siempre las preparaciones caseras, con ingredientes frescos y condimentación moderada.
Más allá de los aspectos estrictamente alimentarios, la directora de la Licenciatura en Nutrición de la UAI remarcó que el bienestar durante el invierno se apoya en un conjunto de hábitos integrales. En ese sentido, señaló la importancia de mantener horarios regulares de comida, no abandonar la caminata diaria, buscar momentos de exposición a la luz solar, sostener un descanso reparador y elegir, en la medida de lo posible, alimentos frescos y preparados en el hogar. Desde su perspectiva, la salud de la “Generación Silver” no depende de una dieta restrictiva ni de medidas extremas, sino de pequeñas decisiones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, favorecen una mejor calidad de vida.
Leer nota completa cliqueando AQUÍ

