Cuidados para adultos mayores frente a climas extremos

El diario Infobae publicó una entrevista con el doctor Jorge Kilstein, director de la carrera de Medicina de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), en la que el especialista advierte sobre la vulnerabilidad de las personas mayores frente a la deshidratación en climas extremos. En la nota, Kilstein afirma de manera contundente: “Las personas mayores son mucho más vulnerables a la deshidratación en climas extremos porque tienen menos capacidad de regular la temperatura”.

La aparición del director de la carrera de Medicina en un medio de alcance nacional no solo visibiliza una problemática sanitaria de alto impacto, sino que también posiciona a la Universidad como un actor activo en la divulgación de conocimientos médicos aplicados a la población adulta. La entrevista combina explicaciones fisiológicas, recomendaciones prácticas y un llamado a la prevención que resulta útil tanto para profesionales de la salud como para cuidadores y familiares.

Kilstein explica que, con el envejecimiento, disminuye la capacidad del organismo para regular la temperatura corporal y para percibir la sed con la misma intensidad que en etapas más jóvenes. Esa combinación, de menos eficiencia en la termorregulación y menor sensación de sed, incrementa el riesgo de deshidratación durante olas de calor o en ambientes fríos que exigen ajustes fisiológicos. Esta explicación conecta la biología del envejecimiento con riesgos concretos en salud pública.

El Dr. Kilstein identifica el papel de fármacos habituales en la población mayor, por ejemplo, diuréticos y algunos antihipertensivos, que pueden agravar la pérdida de líquidos o alterar la respuesta corporal ante cambios térmicos. Subraya que el consumo cotidiano de ciertos medicamentos exige un seguimiento especializado en épocas de temperaturas extremas, y sugiere que la revisión de tratamientos y la comunicación entre paciente y médico son medidas clave para reducir riesgos.

 

Señales de alarma y cuándo buscar atención

La nota detalla aquellos síntomas que deben alertar a cuidadores y profesionales: mareos, fatiga marcada, disminución de la diuresis, confusión o empeoramiento de enfermedades crónicas. Kilstein recomienda no subestimar cambios sutiles en el comportamiento o en el estado general de una persona mayor, ya que la deshidratación puede evolucionar con rapidez y complicar cuadros preexistentes.

El director de la carrera de Medicina señaló que la mencionada disminución de la sensación de sed y el uso de algunos fármacos aumentan la probabilidad de que un adulto mayor no reponga líquidos de forma adecuada, por lo que recomendó un control médico más estrecho.

En el artículo, Kilstein deja algunas recomendaciones para abordar este cuadro: Fomentar la ingesta de líquidos de forma regular, aun cuando la persona no sienta sed; evaluar con el equipo médico la necesidad de ajustar dosis o controles durante olas de calor o frío; monitorear signos vitales y función renal, prestando atención a la frecuencia urinaria, color de la orina y síntomas neurológicos leves que puedan indicar deshidratación; y la educación a cuidadores y familias, difundiendo  pautas claras sobre hidratación, ambiente (ventilación, sombra, abrigo según la estación) y cuándo derivar a atención médica.

“No hay una regla fija, pero más o menos es entre un litro y medio y dos litros de líquido por día. Hay que tratar que los cuidadores de las personas mayores les den alimentos líquidos como sopas o caldos, que además pueden aportarles sodio y electrolitos”, sentencia.

El Dr. Jorge Kilstein ofrece una lectura clara y fundamentada sobre por qué las personas mayores requieren atención especial frente a climas extremos. La combinación de explicaciones fisiológicas, advertencias sobre el efecto de medicamentos y recomendaciones prácticas conforma un mensaje útil para la sociedad: la prevención, el seguimiento médico y la educación son herramientas esenciales para reducir la incidencia de deshidratación y sus complicaciones en la población adulta.

La intervención del profesional en Infobae refuerza el rol de la UAI como espacio formador y generador de conocimiento aplicado. Al llevar al debate público una cuestión que combina medicina geriátrica, farmacología y salud pública, la universidad contribuye a cerrar la brecha entre la investigación académica y las prácticas cotidianas de cuidado.

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