Just do it

Un ensayo que alienta a la reflexión en tiempos de consumismo desenfrenado. El Dr. Daniel Airasca, Director de la Lic. en Kinesiología y Fisiatría y la Lic. en Educación Física, analiza desde la publicidad la imbricación, no siempre auspiciosa, entre deporte y mercado.

Artículo publicado en el Diario La Capital. https://profesionales.lacapital.com.ar/educacion/None/just-do-it_754

 

Qué encierran los mensajes publicitarios que alientan el consumo y el capricho?

Si traducimos el just do it al castellano viene a significar algo parecido a "solo hazlo". Mensaje directo, sin rodeos... solo hazlo. Un fresco e ingenuo llamado a la autenticidad. Una invocación a disfrutar plenamente la vida. 

Sin embargo, la snob frase oculta un macabro y racionalmente planeado origen. Artífices del mercadeo (como arte y ciencia de hacernos comprar lo innecesario) de una marca deportiva no vacilaron en modificar las últimas palabras de un reo condenado a muerte. Y así las póstumas let’s do it (hagámoslo) dieron origen al just do it.

El muy motivador mensaje publicitario, desbordó al deporte y se adaptó a cualquier situación de la vida. No importa el momento, no importa la consecuencia, no importa nada. Solo las ganas… solo antojo. Hazle caso al corazón, solo hazlo. Hasta podríamos encontrar argumentos en Blas Pascal resistiendo a Renè Descartes cuando afirmaba que “El corazón tiene razones que la razón no entiende". Claro la polémica era otra y la televisión y el shopping no se había inventado. 

La frase anida en el romanticismo decimonónico y florece a la sombra del mito consumista del siglo XX. Ni escuchamos la denuncia de Nietzsche que nos alertaba de no fiarnos de nuestros sentimientos, que no solo no son originales, sino que están llenos de juicios y apreciaciones que nos son transmitidas en forma de sentimientos. Las ganas que emanan del corazón siempre están preñadas de juicios, no pocas veces falsos, y en cualquier caso de juicios que no son nuestros. O sea, cuando “solo” lo hacemos, lo hacemos igual que lo hacían nuestros abuelos o como machaca la televisión.

Hazle caso al impulso del corazón. No pienses solo actúa. No pienses solo consume. La explotación de mano de obra que encierra la mercancía no se ve, la desforestación está lejos y la isla de plástico del Pacifico es un invento de ambientalistas.

¡Solo hazlo! Ni se te ocurra pensar que es un acto imperfecto de la voluntad, ni mucho menos que es una conducta inmadura o caprichosa.

El consumismo se monta sobre el capricho (deseo impulsivo y vehemente de algo que se considera prescindible o arbitrario), lo eleva a categoría de valor que se expresa en hedonismo y narcisismo. De esta manera, si usas el calzado de la pipa serás autentico, si consumes la bebida cola sentirás la chispa de la vida y si el cuerpo se queja toma un ibu que el dolor para y vos no.

El único antídoto contra los impulsos del corazón es detenerse. En términos maradonianos parar la pelota y alzar la vista. Luego el ejercicio de la reflexión nos vacunará contra el caprichoso just do it.