Alex Zverev rompe la maldición
El alemán por fin besa la copa de los mosqueteros, tras tres finales perdidas, la cuarta fue la vencida.
Por Mateo Bóveda Formaro
Por años cargó con una etiqueta incómoda: la de ser uno de los mejores jugadores de su generación sin un título de Grand Slam. Sin embargo, en Roland Garros 2026, Alexander Zverev encontró finalmente la recompensa a una carrera marcada por el talento, la perseverancia y las frustraciones. El alemán completó una impecable campaña sobre la arcilla parisina y levantó por primera vez la Copa de los Mosqueteros tras superar al italiano Flavio Cobolli en una vibrante final por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5) y 6-1.
A lo largo de las dos semanas, Zverev fue sorteando cada obstáculo con la autoridad de quien entendía que la oportunidad no podía escaparse. El número dos del mundo avanzó ronda tras ronda hasta instalarse en las semifinales, donde derrotó al checo Jakub Menšík para asegurar su lugar en la definición. Del otro lado del cuadro emergió la gran sorpresa del torneo, Flavio Cobolli, que alcanzó su primera final de Grand Slam.
La final fue una batalla de más de cuatro horas. Zverev dominó el primer set con contundencia, pero Cobolli reaccionó para igualar el encuentro. El alemán recuperó la ventaja en el tercero, vio cómo el italiano forzaba un quinto parcial tras imponerse en el tie-break del cuarto y, cuando la tensión era máxima, desplegó su mejor tenis para cerrar el partido con un categórico 6-1 en la manga decisiva.
La victoria significó mucho más que un trofeo. Fue el final de una larga espera después de las finales perdidas en el US Open 2020, Roland Garros 2024 y el Abierto de Australia 2025. A los 29 años, Zverev dejó atrás los fantasmas y se convirtió en el primer alemán en conquistar un Grand Slam individual masculino desde Boris Becker.
Porque algunas victorias valen más que un título: son aquellas que llegan después de haber convivido demasiado tiempo con la derrota. Y en la tarde parisina en que levantó la copa, Zverev no solo ganó Roland Garros; también venció a todas las sombras que lo habían acompañado hasta allí.


