Boca se quedó con el Superclásico

Por Mateo Bóveda Formaro

En un Superclásico jugado con tensión, pocas situaciones claras y mucha disputa en el mediocampo, Boca Juniors se impuso 1-0 ante River Plate en el Monumental gracias a un penal convertido por Leandro Paredes en el cierre del primer tiempo. La sanción llegó tras la intervención del VAR por una mano dentro del área, y el triunfo le permite a Boca estirar su buena racha en los clásicos mientras que River ve cortada su invicto de nueve partidos bajo la conducción de Eduardo Coudet.

El partido fue de trámite áspero y controlado en bloques: Boca mostró orden defensivo y buscó lastimar con transiciones rápidas, mientras que River intentó hacerse del balón pero careció de profundidad en los últimos metros. La acción que quebró la paridad se produjo en el tiempo adicionado de la primera mitad (45+5'): un remate dentro del área terminó impactando en el brazo de un defensor millonario, el árbitro Darío Herrera requirió la revisión del VAR, comprobó la mano y señalizó la pena máxima. Paredes asumió la ejecución, definió con tranquilidad y puso el 1-0 antes del descanso.

Con la ventaja, Boca se replegó ordenadamente, cuidó los espacios y apostó a salir de contra; River buscó variantes para generar peligro, intentó por las bandas y con tiros de media distancia, pero le faltó claridad y una referencia fija para vulnerar la defensa xeneize. El cierre estuvo marcado por la intensidad típica del clásico, pero sin situaciones netas para cambiar el marcador: Boca resistió y River terminó frustrado por la efectividad y la solidez defensiva rival.

Después del partido hubo reproches y análisis de técnicos y dirigentes sobre otras jugadas, pero la pena máxima resultó determinante.

Impacto deportivo y emocional El resultado tiene doble lectura: para Boca significa estirar una racha positiva en duelos decisivos y sumar tres puntos en condición de visitante en un duelo de alto peso simbólico; para River significa la caída del invicto de nueve partidos que acumulaba con Coudet y un llamado de atención para mejorar la eficacia ofensiva. En las tribunas, la intensidad habitual del Superclásico se vivió con euforia y tensión: festejos, silbidos y cánticos que acompañaron cada acción clave.

En la conferencia posterior al partido, en Boca predominó la satisfacción por un triunfo clave y por la gestión del resultado en un clásico. En River, Coudet y varios jugadores apuntaron a la autocrítica, destacando la necesidad de corregir cuestiones colectivas y ser más contundentes frente al arco rival. El Superclásico volvió a demostrar su idiosincrasia: polémica arbitral, intensidad, un gol que define una historia y la trascendencia de ganar en el estadio del rival.