Bosnia dejó afuera a Italia
Por Mateo Bóveda Formaro
Otra vez el mismo guion, otra vez el mismo final. Italia volvió a fallar cuando más importaba y quedó eliminada del repechaje europeo, esta vez ante Bosnia en una definición por penales que profundiza una herida abierta desde hace más de una década. La Selección de Italia suma así su tercera frustración consecutiva en esta instancia y confirma un dato que ya pesa como una condena: doce años sin disputar una Copa del Mundo y, si no hay un giro radical, dieciséis para cuando llegue 2030.
El equipo italiano arrancó con una ilusión que duró poco. El gol tempranero de Moise Kean parecía marcar el camino, pero fue apenas un espejismo. Italia nunca logró controlar el partido ni imponer su jerarquía. Le faltó juego, pero sobre todo le faltó carácter, algo que históricamente definía su identidad.
La expulsión de Alessandro Bastoni, evitable y a destiempo, terminó de inclinar la balanza. A partir de ahí, el equipo se replegó sin convicción, como si defendiera más por inercia que por plan. Bosnia entendió el momento, creció en confianza y empezó a empujar con más empuje que ideas, pero con una certeza: el partido estaba vivo.
El empate de Haris Tabaković, a diez minutos del final, no sorprendió a nadie. Era la consecuencia lógica de un desarrollo en el que Italia había cedido todo: terreno, iniciativa y hasta personalidad. En los penales, la historia terminó de escribirse con la frialdad que le faltó durante los noventa minutos.
Desde Italia, la prensa ya habla de crisis estructural. No es solo una eliminación: es la confirmación de un ciclo que no logra reconstruirse, de una generación sin recambio claro y de una identidad que se diluye. La Azzurra, cuatro veces campeona del mundo, hoy es una sombra de lo que fue. Y lo más preocupante no es la caída, sino la sensación de que ya no sorprende.


