Raíces rosarinas y arquitectura con memoria
Carolina Estelles representa una generación de profesionales que articula la formación académica con la práctica independiente y la docencia. Graduada de la carrera de Arquitectura en la Sede Rosario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), Estelles no solo volvió al ámbito universitario como ayudante docente, sino que también consolidó un estudio propio, Monu Estudio, cuyo naming y branding remiten a su vínculo con la ciudad y su patrimonio urbano. Estas conexiones entre formación, territorio y práctica profesional marcan el hilo conductor de su obra y acción.
Su trabajo combina proyectos comerciales y diseño de mobiliario con una mirada proyectual que prioriza la coherencia y la memoria del objeto y el espacio. La mirada profesional se formó en torno a una idea simple y potente: el proyecto pide algo, y la tarea del diseñador es escuchar esa demanda más allá del gesto estético. Esa brújula conceptual (forjada en la experiencia académica y en la tutoría de docentes clave) se traduce hoy en proyectos de retail, gastronomía y mobiliario donde la conexión interna gobierna decisiones de escala, materialidad e iluminación. En el aula, Estelles traslada esa misma exigencia: mostrar a los estudiantes cómo el diseño responde a restricciones reales y a usuarios concretos.
En paralelo a su actividad profesional, Carolina amplió su formación con una maestría en IE University (España), a la que accedió mediante un proceso competitivo de becas que implicó portfolio, exámenes y entrevistas; esa experiencia internacional potenció su capacidad analítica y enfoque integral del diseño. La combinación de posgrado, práctica en Monu y la docencia le permite hoy articular proyectos que van desde la pieza de mobiliario, como su banquito Refinería (reimaginación del clásico banco argentino realizado en un proceso artesanal) concebido junto a Rosario Areal, hasta intervenciones espaciales que buscan elevar lo cotidiano sin perder su memoria.

La Arq. Estelles explora cómo esos aprendizajes se traducen en métodos de trabajo: escuchar al cliente, priorizar al usuario, trabajar en equipos complementarios y entender la sustentabilidad como aprovechamiento de recursos locales y oficios. A través de su relato no solo recorre la experiencia de una arquitecta rosarina, sino también una práctica profesional que apuesta por la coherencia proyectual, la colaboración y la honestidad conceptual como herramientas para diseñar espacios y objetos con sentido
- ¿Qué aprendizajes clave te dejó la carrera de Arquitectura en la UAI y cómo los aplicás hoy?
- Lo que más me quedó de la carrera fue entender los procesos proyectuales: cómo se construye la coherencia de un proyecto desde adentro. Aprendí que no se trata solo de que algo se vea bien, sino de que todo responda a una misma lógica, que haya un hilo que lo atraviese. Eso lo aplico todos los días, ya sea diseñando un espacio comercial o desarrollando una pieza de mobiliario. Es quizás la herramienta más silenciosa que me dio la carrera.
- ¿Qué docentes o cátedras te marcaron especialmente?
- Sin duda Juan Guardatti (director de la carrera de Arquitectura). Fue mi tutor de tesis y la relación continuó en el ámbito laboral, lo que ya dice bastante de lo que generó. Me marcó profundamente como arquitecta. De sus críticas me quedó una pregunta que sigo usando como brújula cada vez que diseño: “¿qué es lo que el proyecto pide?”. Suena simple, pero cambia todo. Te saca del ego y te pone al servicio del proyecto.
- ¿Qué tareas realizás en Monu Estudio y qué tipo de proyectos estás -abordando?
- En Monu nos enfocamos en proyectos comerciales (retail y gastronomía) y en mobiliario, que es el territorio donde más disfrute encuentro. Hay algo en la escala del objeto que me fascina: la precisión que exige, la relación directa con el material. Trabajo de manera independiente pero siempre en colaboración con colegas según cada proyecto. Me gusta armar equipos donde cada uno aporte lo que mejor sabe hacer, y delegar lo que no es mi fuerte para que el resultado sea mejor.
- ¿Qué proyecto te identifica más y por qué?
- El banquito Refinería, lo diseñamos con Rosario Areal, su diseño toma al banco mundano de la ciudad, que vemos en veredas, casas de abuelos, etc., y se transforma en una pieza artesanal. Me identifica porque tiene algo conceptualmente honesto: partir de lo más cotidiano y elevarlo sin perder su esencia ni su memoria. No es un objeto que intenta impresionar, sino que conecta. Lo comercializa Darkahus y cada vez que lo veo instalado me sigue gustando, que es la mejor señal.

- ¿Cómo trabajan el proceso con el cliente?
- Siempre arranca por escuchar. Entender qué quiere el cliente y, sobre todo, traducirlo, porque generalmente no saben decirlo en términos de diseño, y ahí está la parte interesante del trabajo. De esa conversación sale una paleta material o espacial que empieza a definir el rumbo. Después, me tomo uno o dos días de saturación visual, páginas de diseño, redes, algo de Pinterest, pero intento no apoyarme demasiado en eso. Prefiero que el diseño nazca de un lugar más libre, que tenga algo propio. La referencia está bien para calibrar, no para copiar.
- ¿Qué te motivó a seguir formándote a través de una maestría en IE University?
- Seguía este programa hace años, antes de que fuera una posibilidad real. Me fascinaba tanto su enfoque como su cuerpo docente, hay una seriedad académica combinada con una mirada muy contemporánea del diseño que no es fácil de encontrar. Cuando se abrió la posibilidad de postularse, me anime. Conseguir la beca fue un orgullo enorme y una validación que necesitaba. Hoy, estoy en el último trimestre y puedo decir que fue una de las mejores decisiones que tomé: nos cambió la forma de analizar y encarar un proyecto, nos hizo más rigurosos y al mismo tiempo más creativos.
- ¿Cómo fue el proceso para obtener la beca y qué implica?
- Fue largo e intenso, y creo que eso también fue parte del valor. Para postularse había que tener portfolio, CV y una carta argumentando por qué eras apta para la beca, ya eso te obliga a mirarte con honestidad. Después vinieron dos exámenes: uno de IQ y otro de inglés nivel CAE, que no es menor considerando que IE es una universidad internacional y todos los programas se cursan en inglés. Y a eso se sumaron varias entrevistas, tanto con el equipo de IE como con JLL. No es un proceso para tomarse a la ligera, pero cada etapa tenía sentido. Conseguirla al final de todo eso lo hizo aún más significativo.
- ¿Qué asignaturas o metodologías del posgrado te llamaron más la atención?
- Entré con muchas expectativas en las materias vinculadas al diseño, desde mobiliario hasta diseño gráfico, y no me defraudaron. Pero lo que más me sorprendió fue descubrir materias a las que no les tenía demasiada expectativa y terminaron siendo de las más motivadoras. El mejor ejemplo es Methodologies for Creativity: desarrollamos un proyecto gastronómico y la presentación final fue un display donde diseñamos desde la comida hasta la forma de exhibirla. Eso es exactamente el tipo de pensamiento integral que uno busca en un master, que te saque de la zona cómoda y te muestre que diseñar es mucho más amplio de lo que creías.

- ¿En qué asignatura actuaste como ayudante docente y qué buscaste transmitir en ese rol?
- Fui ayudante en Diseño de Espacios Gastronómicos junto a Martín Vorobioff, dos años que fueron un acierto enorme, trabajar con él fue muy inspirador, tanto académica como personalmente. Lo que siempre intentamos transmitir es justamente eso que a veces la universidad no muestra: cómo conectar el diseño con la realidad. Martín y yo traíamos nuestros proyectos reales al aula para que los estudiantes vieran cómo funciona el trabajo de verdad, con limitaciones presupuestarias, clientes exigentes, decisiones que no siempre son las ideales, pero son las posibles. Que entiendan que el diseño profesional no es el diseño del ejercicio académico, y que cuanto antes lo incorporen, mejor van a estar preparados.
- Al diseñar un interior, ¿por dónde empezás?
- Casi siempre por el usuario. Es quien va a habitar ese espacio, quien le va a dar uso, y si no lo tenés claro todo lo demás es decoración sin sentido. A partir de ahí viene el layout: la circulación, la distribución básica, empezar a trabajar con las medidas reales y verificar que todo funcione. Y recién después, cuando la estructura está clara, entrás a la parte más rigurosa: materialidades e iluminación. Es un orden que respeto, pero a veces hay proyectos que piden otra cosa.
- ¿Cómo incorporás sustentabilidad?
- La sustentabilidad hoy se redujo mucho a la imagen de los materiales reciclados, y creo que eso es una lectura bastante superficial. Para mí tiene más que ver con usar inteligentemente los recursos que ya tenemos: la mano de obra local, los materiales disponibles en la ciudad, los oficios del lugar. Eso para mi es sustenabilidad, económica, cultural y ambientalmente. No hace falta importar soluciones cuando muchas veces la respuesta está a simple vista.
- ¿Cómo gestionas el tiempo combinando trabajo, maestría y docencia?
- Como puedo, para ser honesta. Es un equilibrio que no siempre es equilibrio, hay semanas que son un caos y hay que aceptarlo. Pero nada que una larga noche de dibujo no pueda resolver. Aprendí que la perfección en la gestión del tiempo es una ilusión, y que lo importante es saber priorizar y bancar el ritmo cuando toca.

- ¿Cómo construiste tu marca personal?
- Me costó muchísimo, dos años pensando el nombre, lo que puede sonar excesivo, pero para mí el naming era fundamental. No quería algo genérico, quería que el nombre contara algo de quién soy. MONU viene de Monumento a la Bandera, un lugar profundamente rosarino, que es también mi barrio. Un espacio que habito hace años en todos sus registros: los paseos con mis perros, las celebraciones cuando Argentina salió campeona del mundo, los días ordinarios. Es un lugar que tiene capas, que les pertenece a todos. Eso es exactamente lo que quiero que sea el estudio: algo que tenga raíces, que conecte, que no sea genérico. Una vez que tuve ese nombre claro, para el branding me apoyé en un estudio increíble de Buenos Aires que se llama Garra Estudio. Entendieron perfectamente lo que buscaba y fueron las encargadas de hacerlo realidad.
- ¿Qué lugar ocupa la UAI hoy en tu red profesional y académica?
- La red que genera la UAI es mucho más amplia de lo que uno imagina cuando está adentro. La cercanía con los docentes te conecta de una manera distinta a la de otras instituciones, no es solo el aula, es una relación que continúa. Y mi grupo de amigos de la carrera es parte activa de mi vida profesional hasta hoy: seguimos colaborando en proyectos conjuntos.
- ¿Qué consejos le darías a estudiantes y jóvenes graduados?
- Difícil, porque también creo que equivocarse es parte fundamental del aprendizaje y no se lo sacaría a nadie. Pero si tuviese que elegir uno, sería este: apoyate en quien sabe más que vos. No pretendas que te la sabés todas. Podés armar un equipo extraordinario sin tener que hacerte cargo de todo, de hecho, ahí está la clave. Saber delegar, rodearte bien, es una habilidad tan importante como cualquier cosa que te enseñen en el aula.


