• Publicado en: 2026

Conferencia inaugural del CIITI en Rosario: Humanware 5.0

En el Aula Magna de la Sede Única Regional Rosario, la Universidad Abierta Interamericana (UAI) celebró la conferencia inaugural del XXIV Congreso Internacional en Innovación Tecnológica Informática (CIITI), en el marco su Observatorio de Tendencias Tecnológicas e Informáticas, y cuyo eje temático es “Humanware 5.0, el factor humano de la inteligencia artificial”.

El magister Sebastián Velázquez, director de la Licenciatura en Gestión Informática de la UAI, señaló que el objetivo de la conferencia es presentar a la comunidad académica, empresarial y científica, reflexiones sobre líneas y proyectos de investigación y demostraciones tecnológicas que fundamentan y complementan las ponencias que se van a desarrollar en el XXIV CIITI 2026 a fin de profundizar sobre la importancia de las temáticas propuestas.

“Queremos destacar que la Facultad de Tecnología Informática desarrolla actividades de transferencia y extensión en el ámbito nacional e internacional y prioriza su proyecto de sociedad del conocimiento y tecnologías aplicadas a la educación, ingeniería de software, automatización y robótica. Desde hace más de 23 años, los miembros del grupo investigador han completado en forma ininterrumpida proyectos de investigación y desarrollo en colaboración con empresas, instituciones nacionales e internacionales”, reveló Velázquez.

Asimismo, destacó que la innovación es de los nodos fundamentales del Centro de Altos Estudios en Tecnología Informática (CAETI) de la UAI, donde participan investigadores, docentes, graduados y estudiantes de grado y posgrado en proyectos originados en los claustros de la Universidad, articulados con centros de investigación, facultades, empresas, e instituciones allegadas.

 

La gobernanza de la tecnología

La primera ponencia fue del doctor Marcelo De Vincenzi, vicerrector de Gestión y Evaluación, decano de la Facultad de Tecnología Informática y presidente del CIITI 2026, quien reveló que el eje temático a trabajar, Humanware 5.0, es “el tema de la inteligencia artificial, pero de una perspectiva bastante particular”.

“En cierta forma nosotros entendemos que las tecnologías deben generar satisfacción, mejorar nuestras posibilidades de avanzar más productivamente. Nos deberían dar confianza, pero a veces tecnologías emergentes y disruptivas como la inteligencia artificial tal como la estamos viviendo ahora, una inteligencia artificial descriptiva, una inteligencia artificial determinística, nos da un poco de miedo, nos saca de la zona de confort”, explicó De Vincenzi

Reveló que Humanware es una construcción teórica innovadora porque “estamos hablando del ser humano tecnológico, del ser humano en un contexto tecnológico”, mientras que el 5.0 es una referencia a esta evolución vertiginosa. “No es la primera vez que la humanidad se enfrenta a estas tecnologías, como sucedió en las revoluciones industriales. Pero nunca pasó algo parecido como lo que está sucediendo ahora, una tecnología que pone en jaque nuestra gobernanza, nuestra toma de decisiones”, advirtió.

El Dr. De Vincenzi resaltó la importancia de reflexionar acerca de cómo estas tecnologías emergentes condicionan, van a dar forma y sentido al trabajo del futuro. Asimismo, relativizó el temor a la pérdida de empleos, preguntándose retóricamente si se van a acabar los programadores: “Yo creo que no, todo lo contrario, lo que está haciendo la inteligencia artificial es subir un escalón el tipo de calidad de lo que sería el producto a realizar, porque esta inteligencia artificial acelera procesos y nos ahorra mucho tiempo”, aseveró

 

Arquitecturas adaptativas y transformación digital

El segundo expositor fue el doctor Alejandro Sartorio, director de CAETI en Rosario, quien contó al auditorio sobre las líneas de trabajo que están desarrollando en el Centro de Alto Estudio en Tecnología e Informática, especialmente la vinculada a la “Arquitectura de software para la transformación hacia sistemas adaptativos inteligentes”. “Todo nace con el tema de la arquitectura de software para hacer transformaciones, para que los sistemas que no tenían esas propiedades adaptativas, ahora sí las tengan”.

“La hipótesis es que nosotros contamos con infraestructuras, sistemas y framework que requieren cuestiones adaptativas, sobre todo con la emergencia tecnológica que está ocurriendo hoy en día, que tiene que ver con la inteligencia artificial, el concepto de agente, cuestiones de integraciones y toda la parte de gestión operativa que también se puede agilizar”, desarrolló.

El Dr. Sartorio contó, además, que en CAETI conviven líneas de investigación tales como, robótica e ingeniería de software, sociedad del conocimiento y tecnología aplicada a la educación. “Hay un proyecto de automatización y robótica que es de tecnología Arduino aplicada a requerimientos sociales. Tenemos otro proyecto denominado tecnología del blockchain con impulso para la transformación digital de las organizaciones. Luego contamos con un proyecto de ciberseguridad con muchos alumnos trabajando, siendo uno de los que más volumen de producción tiene sobre un tema muy sensible. Y hay un proyecto de hoja de ruta de aprendizaje que tiene que ver con la aplicación de la metodología ágil en el aprendizaje de cuestiones sobre el desarrollo de software. Finalmente, en la línea de sociedad de conocimiento hay un proyecto que llama Data Warehouse en inteligencia artificial para indicadores de soft skill”, repasó

“Como nosotros estamos pensando el mundo de la inteligencia artificial, su evolución, creemos que el consciente colectivo es que todo el mundo pueda interactuar con robots, humanos y trabajar. Creemos que la evolución próxima, que es en lo que estamos trabajando ahora, permita que un humano se conecte con su agente clon, y él es el que le gestione todas las iteraciones entre los humanos, los sistemas, los proyectos y todo lo que estuvimos viendo”, concluyó el investigador.

 

La IA como herramienta y la responsabilidad profesional

La licenciada Ariana Onega, graduada de la carrera de Ingeniería Comercial en la UAI, realizó un relato personal que enlazó su trayectoria emprendedora y su mirada sobre la inteligencia artificial aplicada a negocios y cumplimiento normativo. Recordó su proyecto de tesis que derivó en la creación de la plataforma de comercio electrónico Empretienda, su paso por el “unicornio” Ualá que adquirió aquella tienda virtual, y explicó cómo, tras un año sabático y trabajo en proyectos mineros, descubrió la brecha entre los estándares internacionales de seguridad y la práctica local, lo que la llevó a dedicarse a traducir requisitos técnicos a soluciones prácticas.

Onega advirtió que la IA acelera tareas, pero no sustituye el juicio profesional: señaló que “el trabajo se hace más rápido, pero las decisiones no”, y subrayó la necesidad de validar fuera de la computadora y de mantener la responsabilidad humana sobre los resultados. En este sentido confesó: “Yo no sé programar, yo no sé escribir una línea de código”, y añadió que “la IA puede escribir mucho código, pero alguien sigue siendo responsable de ese código”, para enfatizar que incluso los prototipos requieren controles de acceso, trazabilidad y revisión humana.

“Por más que podamos hacer todo, no tenemos por qué hacer todo. Revisar si está bien hecho, validar con el mercado, porque a lo mejor estoy haciendo algo que después no resuelve nada o que a nadie le interese. Asumir la responsabilidad de lo que estoy haciendo, por más que me lo hizo una IA, es mi responsabilidad y eso es compliance, eso es lo que yo hago en cumplimiento normativo”, sentenció

La ingeniera comercial aseguró: “No es que la IA va a reemplazar al profesional, sino que le quita el peso del trabajo que no requiere criterio profesional, como por ejemplo cargar una factura en un sistema. El profesional que está usando la inteligencia artificial de la manera más estratégica posible, es el que va a terminar reemplazando al que no la utiliza” y agregó: “Delegamos todo lo que sabemos que no necesita un criterio humano, usamos IA como copilotos con revisiones, todo lo que sí o sí nosotros tenemos que revisar, y por último la persona siempre va a terminar tomando la decisión”.

 

Potenciar la inteligencia humana sin dejar de ser humanos

El licenciado Guillermo Civetta, gerente general Polo Tecnológico Rosario (PTR), presentó su disertación: “Potenciar la inteligencia humana sin dejar de ser humanos”, lanzando una pregunta que marcó el eje de su exposición: “¿Qué significa el ser humano con las máquinas que empiezan para sustituir ciertas capacidades que nosotros pensábamos que era exclusivamente nuestras?”.

Civetta describió la llegada de la IA como una transformación de alcance civilizatorio. Explicó que la tecnología no es un fenómeno sectorial sino transversal: “La IA está atravesando a toda la sociedad, a todos los niveles, a nivel productivo, educativo, salud, sector público”. Reconoció las promesas que trae consigo (descubrimientos, nuevos materiales, medicamentos y soluciones a problemas vigentes) pero advirtió sobre riesgos concretos: pérdida de empleo, concentración extrema de poder en pocas empresas, delegación de capacidad cognitiva y nuevas formas de exclusión y desigualdad.

En su diagnóstico, la concentración de poder ya tiene efectos geopolíticos: señaló que hoy las grandes empresas de IA ocupan un lugar central incluso en foros internacionales, y que esa autoridad algorítmica plantea una disyuntiva clave. Civetta resumió el dilema en términos sencillos: “Si la IA va a ser un amplificador de nuestras capacidades, o es un sustituto cognitivo”.

Para entender la magnitud del cambio, el expositor recurrió a la historia. Comparó la actual revolución tecnológica con la revolución industrial y subrayó una diferencia de naturaleza: mientras aquella sustituyó fuerza física, la revolución de la IA amenaza con sustituir capacidad cognitiva. Recordó que la industrialización generó migraciones masivas, jornadas laborales extremas y problemas sanitarios y educativos que la sociedad resolvió de forma reactiva a lo largo de dos siglos. “Hoy yo creo que hay una diferencia de naturaleza entre las dos revoluciones”, afirmó, y advirtió que repetir la reacción tardía sería peligroso.

De ese contraste derivó su llamado a la gobernanza. El gerente del PTR sostuvo que la democracia y sus instituciones deben ser capaces de anticipar y orientar la transformación, no solo de reaccionar. Planteó la necesidad de políticas e instituciones que aseguren una gobernanza de la inteligencia artificial y evitar la delegación acrítica del juicio humano. En ese sentido, recordó casos concretos donde la delegación algorítmica falló: sistemas con sesgos que afectaron procesos de reclutamiento y que obligaron a empresas a abandonar soluciones automatizadas. También advirtió sobre el problema de la caja negra en muchos modelos de redes neuronales: “Hay modelos de IA que toman decisiones, pero no sabemos bien cómo las están tomando”, dijo, y subrayó la obligación de mantener siempre una supervisión humana sobre decisiones críticas.

La educación fue otro de los ejes centrales de su intervención. Civetta citó un estudio del MIT, “Your Brain on GPT”, para ilustrar cómo el uso de modelos de lenguaje puede modificar la actividad cerebral: según ese trabajo, las condiciones neuronales de quienes trabajan solo con su cerebro son “mucho más fuertes” que las de quienes usan exclusivamente ChatGPT. A partir de ese dato, planteó que la integración de la IA exige repensar la formación: no se trata solo de enseñar herramientas, sino de preservar y potenciar el pensamiento crítico.

El Lic. Civetta cerró su alocución con una pregunta abierta que resume la tensión del presente: “¿Seremos capaces de construir instituciones lo suficientemente adaptativas para orientar esta transformación sin delegar capacidad cognitiva, sin delegar capacidad de decisión, en fin, sin delegar capacidad de juicio?”.

 

Fidelidad imperfecta a lo humano

En una intervención que combinó advertencia y llamado a la responsabilidad, el doctor Sergio Bleynat, CEO y fundador de Microsyst (firma de transformación digital integral para empresas medianas), centró su mensaje en la necesidad de preservar lo humano frente al avance de la inteligencia artificial. “La inteligencia artificial no deja de ser una herramienta que probablemente nos supere porque cognitivamente sea mejor que nosotros, pero lo que nosotros tenemos que rescatar es lo humano”, afirmó, y subrayó: “Lo que somos y eso es lo único que importa”.

Bleynat pidió a la audiencia no perder la capacidad crítica frente a sistemas que moldean la percepción: “Piensen, no dejen de pensar”, instó, y explicó que detrás de cada modelo hay decisiones humanas: sesgos, intenciones y voluntades de quienes lo diseñaron. Según su diagnóstico, los algoritmos no son neutros. Muchas veces “el algoritmo hace que veamos lo que quiere que veamos”, y así contribuyen a construir realidades fragmentadas.

El expositor recordó el caso de Cambridge Analytica como ejemplo de cómo la tecnología puede segmentar y manipular audiencias: citó que aquella firma llegó a tener “175.000 versiones de avisos con 5.000 puntos de datos de cada votante de Estados Unidos”, y advirtió sobre la posibilidad de que la tecnología llegue a crear “una versión de realidad para cada individuo”. Bleynat dijo que ya en 2017 planteó la hipótesis de la alteridad opcional: el algoritmo decide “qué dimensiones de cada uno de sus contactos se hacen perceptibles”, y así las redes sociales priorizan lo que mantiene la atención del usuario.

Para Bleynat, la lógica de las plataformas explica gran parte del problema: su objetivo es retener la atención y, para lograrlo, “te muestra lo que quiere para contenerte adentro”. Esa dinámica, sostuvo, alimenta la polarización y transforma contactos en antagonistas cuando conviene al algoritmo. En su diagnóstico, las redes sociales “te dan el click, te dan la dopamina y te dan el like para que vos te quedes”.

Frente a ese panorama, el CEO de Microsyst planteó la necesidad de recuperar la soberanía cognitiva: la capacidad de formar juicios autónomos con instrumentos cuyos presupuestos sean conocidos y aceptados. Propuso construir una infraestructura cognitiva pública para la lengua hispánica y sectores clave como la educación, la salud y la justicia, y reclamó acceso, transparencia y pluralidad en los modelos que influyen sobre el pensamiento colectivo.

Bleynat cerró su participación con una defensa apasionada de la imperfección humana: “Lo que tenemos que preservar es la fidelidad imperfecta a lo humano”, dijo, y añadió que, a diferencia de las máquinas que buscan asemejarse a nosotros, el humano duda, mide y a veces decide en contra de sus propios intereses por empatía. Esa capacidad, concluyó, es la que debe ser defendida “a ultranza… primero estamos nosotros como seres humanos”.

 

La interfaz invisible: gobernar la agencialidad de la IA conversacional

La última presentación correspondió a la doctora Andrea Guisen, investigadora del CAETI, donde dirige un proyecto de taxonomía de prompting para optimizar la accesibilidad en los sistemas de inteligencia artificial conversacional. El título de su alocución fue “Gobernar la capacidad agéntica detrás de la interfaz invisible”, enfocado en el factor humano de la IA, combinando un diagnóstico técnico y advertencia ética sobre la relación entre usuarios y sistemas conversacionales.

Guisen planteó la tensión central: a medida que los sistemas ganan poder de acción, la interfaz se vuelve más simple y la capacidad del sistema más opaca. “Más capacidad detrás menos representación delante”, dijo y con esa frase resumió el riesgo de perder pistas sobre lo que el sistema hace y oculta.

La Dra. Guisen propuso una periodización para entender la evolución de la relación con los asistentes conversacionales. En un primer momento el usuario pregunta y el sistema responde. En un segundo, el usuario plantea un objetivo y el sistema comienza a considerar opciones, procesar resultados y afinarlos, es decir muestra una capacidad agéntica. En un tercer momento, esos procesos se alargan y encadenan en secuencias que el sistema ejecuta sin pedir permiso ni informar claramente al usuario. La consecuencia, advirtió, es que la intervención del sistema termina afectando el propio proceso de decisión del usuario.

Para dimensionar la complejidad, Guisen recordó la velocidad con la que evolucionan los modelos: en seis semanas, citó, Google Gemini lanzó varias generaciones sucesivas, lo que dificulta sistematizar técnicas y buenas prácticas. Esa inestabilidad obliga a preguntarse qué permanece cuando todo cambia. La investigadora subrayó que conocer un sistema no equivale a comprenderlo, controlarlo o gobernarlo, y que la interfaz conversacional ofrece pocas pistas sobre las capacidades reales que hay detrás.

Frente a esa opacidad, la investigadora defendió el lenguaje natural como vía de acceso y la práctica del prompting como proceso clave: el prompt es la unidad de interacción, mientras el prompting es un proceso iterativo, acumulativo, progresivo y colaborativo que permite al usuario motivar, interpelar y generar nuevas preguntas para construir su propio proceso cognitivo y, en el mejor de los casos, gobernar la IA. Desde su proyecto de taxonomía, la Dra. Guisen explicó que han identificado técnicas y las han agrupado en ocho macroestrategias orientadas a tareas concretas de investigación: desde identificar la vacancia científica hasta sistematizar datos, analizar resultados y comunicar hallazgos.

Un punto recurrente fue la responsabilidad epistemológica del investigador y del usuario: establecer acuerdos sobre el marco teórico y metodológico, revisar la coherencia y no delegar decisiones fundamentales a la “máquina”. Guisen insistió en que, aunque la IA pueda ayudar a sintetizar y proponer, no puede sustituir la responsabilidad de definir el propósito, las restricciones y lo que se delega conscientemente. La competencia que permanece frente al cambio tecnológico dijo, es la competencia meta‑interaccional: la capacidad de definir objetivos, evaluar resultados, abortar o reorientar la interacción y mantener la coherencia epistemológica.

La investigadora cerró su intervención planteando una pregunta social: si gobernar la interacción se vuelve central, ¿todas las personas tendrán las condiciones para desarrollar esa competencia? Para Guisen, la accesibilidad es sociotécnica: depende del “humanware”, quién puede decidir qué delegar y validar su propio proceso cognitivo, del diseño del sistema y del contexto institucional que prepara a las personas. Advirtió que el resultado podría no ser una brecha económica clásica, sino una fractura entre quienes desarrollan la competencia meta‑interaccional y quienes no.

La conferencia inaugural del CIITI dejó en claro que la discusión sobre inteligencia artificial ya no es solo técnica: es política, educativa y ética. Los panelistas coincidieron en que la tecnología puede amplificar capacidades humanas, pero también en que su gobernanza, la transparencia de sus modelos y la formación de ciudadanos capaces de ejercer soberanía cognitiva son condiciones indispensables para que la IA sirva al bien común. El desafío que quedó planteado en el Aula Magna es doble: diseñar instituciones y políticas que anticipen la transformación, y formar a las personas para que el acceso a herramientas avanzadas se convierta en capacidad efectiva de acción, no en dependencia.