Docente de la UAI fue entrevistado en el Canal de la Ciudad
++ Podes ver la entrevista completa acá https://www.youtube.com/watch?v=cGhLlyk69Bk ++
La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología asociada exclusivamente al ámbito informático y comenzó a atravesar prácticamente todas las áreas de la vida cotidiana. Educación, trabajo, entretenimiento, salud, deportes y comunicación son algunos de los campos en los que su presencia ya genera transformaciones y, al mismo tiempo, nuevas preguntas sobre el lugar que ocuparán las personas.
En este contexto, Juan Silva, docente de la Facultad de Tecnología Informática de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), propone mirar la inteligencia artificial como parte de un proceso tecnológico mucho más amplio y no como un fenómeno aislado.
“Me gustaría que pensemos en la IA como una innovación tecnológica más”, planteó durante una entrevista en Canal de la Ciudad en el programa La Pinta es lo de Menos, y propuso recuperar una mirada histórica sobre la relación entre las personas y las innovaciones.
Para explicar por qué la inteligencia artificial genera actualmente tantos interrogantes, Silva recurrió a distintos momentos de la historia. Recordó que incluso la aparición de la escritura generó debates sobre sus posibles efectos en las capacidades humanas: “Hace dos mil años Platón y Sócrates debatían acerca de si la escritura iba a embrutecer al ser humano porque iba a dejar de recordar cosas e iban a estar plasmadas en los libros”, señaló.
La misma lógica puede observarse, según explicó, en tecnologías como el fuego, la rueda, el martillo, la máquina a vapor, las computadoras, las calculadoras e Internet. La diferencia fundamental con la actualidad está relacionada con la velocidad con la que se producen los cambios: “Lo que sí pasa es la velocidad con la que esto avanza. Si nosotros vemos el tiempo que pasó entre las revoluciones industriales, pasaron décadas, siglos. Ahora pasan años, meses, semanas. Entonces claramente hay una aceleración de las innovaciones”, sostuvo.
Para Silva, esta aceleración obliga a pensar de qué manera las personas pueden adaptarse a las transformaciones que genera la tecnología. En lugar de imaginar únicamente escenarios de reemplazo laboral, propone poner el foco en los procesos de reconversión: “Creo que vamos a hablar más de reconversiones que en vez de desplazar al ser humano”, afirmó.
Como ejemplo, utilizó el impacto que tuvo Uber sobre el trabajo de los taxistas. Desde su perspectiva, la incorporación de una nueva tecnología puede modificar una actividad existente sin necesariamente hacer desaparecer a quienes la desarrollan: “Un taxista que sabe a quién va a levantar, de dónde hasta dónde, sabe a dónde va a ir, por dónde va a ir, datos, datos objetivos”, explicó, para luego trasladar esa misma lógica a otras áreas del conocimiento.
Otro de los temas abordados durante la entrevista fue uno de los grandes interrogantes asociados a la inteligencia artificial y las tecnologías digitales: qué información utilizan los sistemas y cómo pueden llegar a producir resultados que parecen anticiparse a nuestras acciones.
Ante el conocido ejemplo de personas que conversan sobre un producto y poco después reciben publicidad relacionada, Silva explicó que muchas veces aquello que se interpreta como una escucha directa puede tener detrás un análisis de múltiples fuentes de información.
“Seguramente para facilitar tu vida diaria a la empresa que sea de tu teléfono le brindás tu ubicación, información de tus búsquedas, de tus rutas, lo que hacés”, señaló. A partir de esos datos, explicó, pueden establecerse relaciones que no necesariamente son evidentes para la persona que recibe una determinada recomendación: “Ahí hay lo que se llama un análisis inteligente de datos, que es como ver lo que no salta a la vista”, sostuvo.
En este sentido, Silva explicó que una recomendación puede surgir de la combinación de diferentes variables: ubicación, recorridos, búsquedas previas, hábitos y otros datos disponibles. La sensación de que una plataforma “sabe” qué estamos pensando puede ser, entonces, el resultado de un procesamiento de grandes volúmenes de información.
La conversación también abordó otro de los cambios que genera la inteligencia artificial: el acceso inmediato a explicaciones, instrucciones y conocimientos que antes requerían recurrir a un docente, un especialista o una formación específica.
Silva explicó que una de las claves para comprender el funcionamiento de estos sistemas está en la enorme cantidad de información que pueden procesar y en los modelos matemáticos que permiten establecer probabilidades. Para explicarlo de manera sencilla, recurrió a una herramienta cotidiana: el texto predictivo de los teléfonos celulares. “En el predictivo del celular escribís hola y ya te sugiere cómo estás. Bueno, imaginate la inteligencia artificial como eso, con esteroides por 10 mil”, graficó. Detrás de esa capacidad existe un modelo matemático que analiza qué palabra o elemento podría aparecer a continuación a partir de la información disponible.
Con el uso continuado, además, los sistemas pueden adaptar sus respuestas a determinados patrones y formas de interacción del usuario: “Capaz al principio es como muy general, pero después empieza a adaptar tus modismos, tu manera de hablar”, señaló.
La discusión sobre inteligencia artificial, para Silva, no puede reducirse a una pregunta sobre si las máquinas reemplazarán o no a las personas. El desafío está también en comprender cómo las nuevas herramientas modificarán las tareas, los conocimientos y las profesiones.
La aceleración tecnológica obliga a pensar en procesos de adaptación permanentes y en nuevas formas de formación. En ese escenario, la IA aparece como una herramienta capaz de ampliar las posibilidades humanas, pero cuyo funcionamiento y resultados requieren comprensión y contexto: “No quiero decir, bueno, quedémonos tranquilos con la inteligencia artificial, no va a pasar nada, pero creo que vamos a hablar más de reconversiones”, sostuvo.
Desde esta perspectiva, el futuro del trabajo no se plantea únicamente en términos de reemplazo, sino también de transformación. La llegada de nuevas tecnologías puede modificar las formas en que las personas desarrollan sus actividades y exigir nuevas competencias para interactuar con sistemas capaces de procesar información a una escala cada vez mayor.


