Robots humanoides: “Con respecto a las capacidades, seguramente estamos cerca”
Los robots humanoides dejaron de pertenecer exclusivamente al terreno de la ciencia ficción. En distintas partes del mundo, equipos de investigación y empresas tecnológicas trabajan en máquinas capaces de caminar, mantener el equilibrio, manipular objetos y desenvolverse en entornos diseñados para las personas.
Para Gonzalo Zabala, director del Laboratorio de Robótica Educativa e investigador del Centro de Altos Estudios en Tecnología Informática de la Universidad Abierta Interamericana, el desarrollo de estas tecnologías avanza a un ritmo que permite pensar en aplicaciones cada vez más cercanas. Su experiencia en competencias internacionales de robótica, entre ellas la RoboCup, le permitió observar de primera mano cómo evolucionan estas máquinas.
“Yo creo que poco, realmente poco. Y es sorprendente cómo cambia un año tras otro” expresó en la entrevista que le hicieron en TN, y agregó: “Tal vez en lo económico no sé si estamos tan cerca, pero con respecto a las capacidades sí”.
Uno de los cambios más significativos que Zabala observó entre las distintas generaciones de robots humanoides está relacionado con su capacidad para mantenerse en pie y desplazarse sin perder el equilibrio: “La capacidad de mantenerse en pie sin caerse es fundamental. Ese sistema ha crecido mucho en los últimos años”, explicó.
Esta capacidad resulta especialmente importante en actividades que requieren movimientos rápidos y precisos. En una competencia de fútbol robótico, por ejemplo, mantener la estabilidad permite realizar acciones como patear con mayor fuerza o cambiar de dirección. El especialista contó incluso una experiencia personal que da cuenta del avance alcanzado: “Estuve empujando un robot humanoide y no logré hacerlo caer”.
La estabilidad, además, no es una característica aislada. Según explicó, tiene impacto sobre múltiples funciones del robot y representa uno de los desafíos centrales para conseguir máquinas capaces de desenvolverse en ambientes reales.
Aunque las competencias permiten mostrar públicamente los avances tecnológicos, el desarrollo de robots con forma humana también plantea una pregunta sobre sus posibles usos.
Para Zabala, la elección de una estructura humanoide tiene diferentes motivos. Por un lado, existe un componente vinculado con la propia historia y el deseo humano de crear máquinas semejantes a los humanos. Pero, además, la forma humana permite investigar determinadas capacidades que después pueden trasladarse a otros dispositivos: “El humanoide es un robot que transmite una empatía mayor en el contacto con una persona”, explicó.
Sin embargo, eso no significa que la forma humana sea necesariamente la más eficiente para todas las tareas. De hecho, el especialista utilizó un ejemplo cotidiano para mostrarlo: para lavar ropa, un lavarropas puede ser mucho más eficiente que un robot que imite los movimientos de una persona: “Los humanoides nos van a permitir hacer ciertas tareas donde la estructura humana sea eficiente”, señaló.
Otra de las diferencias importantes en el desarrollo de los robots está entre resolver una tarea mediante un algoritmo y lograr que una máquina pueda ejecutarla físicamente.
El especialista explicó que resolver un cubo mágico mediante un software es, desde el punto de vista algorítmico, relativamente sencillo. El desafío mucho mayor aparece cuando el robot debe manipular físicamente el objeto. “El desafío es el movimiento de la mano”. “Ahí tenés la precisión manual y después está, fundamentalmente, el procesamiento lógico para llegar a armarlo”, explicó. La manipulación requiere que el robot pueda coordinar sensores, procesamiento de información y movimientos físicos con un nivel de precisión considerablemente mayor.
El crecimiento de los robots humanoides también se observa en las competencias internacionales, donde diferentes países buscan demostrar sus avances. Zabala considera que el impulso que China le está dando a este campo tiene, además de un componente de investigación, una dimensión vinculada con la carrera tecnológica entre países: “Yo creo que también está la competencia humanoide es un poco como fue la carrera por el espacio, estas cosas de mostrar quién está primero dentro de este desarrollo tecnológico, exhibirlo y mostrar su poder dentro de ese terreno”, sostuvo.
Al mismo tiempo, explicó que buena parte de las tecnologías desarrolladas para los robots humanoides tienen aplicaciones que exceden a estas máquinas. El procesamiento de imágenes y los sistemas de percepción que permiten que un robot se desenvuelva autónomamente en un entorno dinámico son, por ejemplo, tecnologías relacionadas con el funcionamiento de los vehículos autónomos.
La posibilidad de contar con robots humanoides en los hogares suele aparecer como uno de los escenarios más atractivos cuando se habla del futuro de la robótica. Sin embargo, Zabala pone en duda que necesariamente sea la estructura humanoide la que termine imponiéndose para todas las tareas domésticas: “¿todos vamos a tener robots en nuestras casas humanoides? Y yo no sé si vale la pena”, planteó.
El especialista recordó que ya existen numerosos dispositivos que cumplen funciones propias de un robot, aunque no tengan forma humana. La aspiradora autónoma es uno de los ejemplos más claros: puede desplazarse, realizar una tarea determinada y regresar automáticamente a su base.
En este sentido, la forma que adopte una máquina dependerá en buena medida de la tarea que deba realizar. Para desplazarse rápidamente sobre una superficie lisa, por ejemplo, las ruedas pueden resultar más eficientes. En cambio, caminar permite adaptarse a terrenos irregulares y subir escaleras: “Si vos tenés un humanoide que se va a desplazar en pisos llanos, o lisos, probablemente sea mucho más práctico que tenga ruedas y mantenga su equilibrio”, explicó.
Más allá de las capacidades de movimiento y procesamiento, existe un problema mucho más concreto: la autonomía energética. Los robots humanoides necesitan baterías para funcionar y, al igual que ocurre con otros dispositivos electrónicos, la duración de esas baterías condiciona su autonomía: “La duración de las baterías, así como la sufrimos en los celulares, será en todos los robots que tengan que ser autónomos”, señaló Zabala.
El desarrollo de baterías más eficientes será, por lo tanto, un factor determinante para ampliar las posibilidades de utilización de estas máquinas: “Necesitaríamos algo muchísimo más eficiente para poder mantener un funcionamiento autónomo durante más tiempo”, explicó.
Por el momento, aclaró, un robot de estas características no está preparado para funcionar durante jornadas extensas sin necesidad de recarga.
La conversación también llegó a uno de los interrogantes más instalados en el imaginario colectivo: si un robot equipado con inteligencia artificial podría tomar decisiones por fuera de las instrucciones que recibió o incluso “rebelarse”. “Yo soy un poco escéptico con respecto al tema de cuánto se han rebelado, qué cosas han vencido o han superado estas inteligencias artificiales. Me parece que es un poco de marketing y humo que una real potencia, o que nos van a aniquilar antes de que termine la década. A mí no me suena demasiado”, afirmó.
Mientras la robótica continúa avanzando y los robots humanoides incorporan nuevas capacidades, el especialista plantea así una mirada que combina el entusiasmo por la investigación con una perspectiva crítica sobre las expectativas que se generan alrededor de estas tecnologías.
La carrera por conseguir máquinas capaces de moverse, percibir y actuar de manera autónoma continúa. Y, aunque todavía existen desafíos importantes —desde la estabilidad y la manipulación hasta la autonomía energética—, el ritmo de los últimos años muestra que algunas de las capacidades que hasta hace poco parecían propias de la ciencia ficción ya forman parte de los laboratorios y las competencias internacionales.


